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La negación del pueblo judío y palestino

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El brutal ataque de Hamas hace unos días y la feroz respuesta del Estado de Israel contra los habitantes de la Franja de Gaza, no solo se debe condenar enérgicamente, sino también verlo como parte de un proceso histórico de negación del pueblo judío y palestino que ha traído como consecuencia un fanatismo ideológico extremo, que ha hecho que se usen nociones como defensa y resistencia para justificar las peores aberraciones contra miles de seres humanos.

 

Lo planteo por la lamentable reacción tanto de sectores de derecha como de izquierda en el mundo, que en vez de exigir el fin de la violencia ahora mismo, intentan imponer una mirada de muerte que no le interesa en lo más mínimo el respeto de los derechos humanos y la búsqueda de puentes entre ambas partes que permitan la ansiada paz en aquel territorio en disputa.

 

Es así como por un lado está quienes defienden la idea de que los judíos tienen el derecho de defenderse de cualquier manera, ante la agresión externa, sin tomar en consideración el carácter colonial del Estado de Israel históricamente, que ha violado por décadas el derecho internacional, a través de una ocupación ilegal de tierras palestina y de generar un sistema racista de apartheid, que niega la humanidad de los palestinos, recordando experiencias repudiables e inaceptables realizadas en países como Alemania y Sudáfrica.

 

Pero por otro lado, está quienes relativizan la masacre de un grupo criminal como Hamas contra  civiles, con una idea de resistencia que tiene como base la negación del pueblo judío también, no importándole el sufrimiento de seres humanos ni mucho menos la posibilidad de construir acuerdos que permita que judíos y palestinos puedan convivir pacíficamente.

 

De ahí que como hijo y descendiente de judíos me da mucha vergüenza leer a personas de distintos lados del mundo que celebran u omitan, tanto las acciones criminales del Estado de Israel como lo realizado por Hamas, ya que siento que denigran a dos pueblos que tienen el derecho a existir y a vivir sin miedo y de manera pacífica.

 

Con esto no trato en ningún momento de tener una postura neutral del conflicto, sino muy por el contrario, denunciar a quienes prefieren usar la guerra y el genocidio, en vez de la política para resolver un escenario que se ve cada vez más lejano de tener una salida, al estar dominado por sectores fanáticos nacionalistas y religiosos israelíes y palestinos, que se alimentan y se fortalecen con la guerra y la muerte de seres humanos.

 

Dicho esto, no se puede permitir más que se use la idea de defensa para justificar el colonialismo israelí, la islamofobia y la negación del pueblo palestino, pero tampoco usar la crítica al sionismo para justificar la negación al pueblo judío, como se ve en reiteradas ocasiones de parte de sectores que pareciera que disfrutaran rechazar la dignidad del otro, en vez de buscar una salida diferente y sostenible.

 

En ese sentido, es una brutalidad lo que está haciendo la ultraderecha israelí, al no dar pie atrás con su política colonialista de asentamiento en Cisjordania, así como la respuesta criminal de Hamas, con ayuda del Estado de Irán, que destruye la esperanza de dos pueblos que tienen muchas más cosas que los unen a que los dividen.

 

Para qué hablar del infierno que viven los palestinos en Gaza, completamente aislados y dentro de un gran campo de concentración abierto, teniendo que lidiar con los bombardeos del Estado de Israel y las persecuciones de Hamas, que les da igual matar judíos o palestinos, con tan de seguir con sus propósitos ideológicos, que solo benefician a un pequeño grupo en el poder.

 

Ante esto, el apoyo internacional debe estar enfocado en fortalecer a los sectores más moderados en Israel y Palestina, de manera de sacar a todos los colonos israelíes en Cisjordania y poner fin a la limpieza étnica existente, para lograr volver a la partición original de 1948, con fronteras seguras pero también de reconocimiento del otro como un igual.

 

Solo así Netanyahu y la ultraderecha israelí perderán fuerza, al igual que Hamas, fortaleciendo de ese modo sectores progresistas israelís, como también a Fatah y a la Autoridad Nacional Palestina, que siguen muy debilitados y deben tener un rol clave para un nuevo camino por la paz y contra cualquier tipo de negacionismo.

 

Sin embargo, para lograr aquello, se tiene que primero reformar y democratizar el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, para que de una vez por todas se eliminen los vetos de las grandes potencias patriarcales, como Estados Unidos, Rusia y China, y así pierdan el poder de hacer lo que se les da la gana con el derecho internacional y lo que pasa en el planeta.

 

Por Andrés Kogan Valderrama

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Las opiniones vertidas en esta sección son responsabilidad del autor y no representan necesariamente el pensamiento del diario El Clarín

 



Sociólogo Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable Realizando Diplomatura en Masculinidades y Cambio Social Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea Con cursos de Doctorado en Estudios Sociales de América Latina Profesional de la Municipalidad de Ñuñoa

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  1. La sociabilidad y solidaridad de los seres humanos en el siglo XXI, parecieran ser actitudes de sobrevivencia particular oportunistas y no características genéticas como fue con los humanos primitivos. Hay riquezas para todos, pero NO SE PERMITE SU DISTRIBUCIÓN. La evolución tecnológica impresionante no ha servido para acercarse a igualar los estratos sociales. Las permanentes guerras «por un puñado de tierra» y la extraordinaria acción de corregir el andar de un meteorito, hablan de hazañas dispares incomprensibles de nuestra historia. Demasiados muertos inútiles en Palestina e Israel. La ONU no puede.
    Los imperios no tienen sensibilidad social. Quien nos ayuda? A quien recurrimos?

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