Si usted a menudo dice obscenidades, sufre de coprolalia. Se trata de una patología de moda en nuestro tiempo de elecciones, cuando el lenguaje cotidiano, carece de las palabras adecuadas, dirigidas a zaherir.
A pocos meses de un cambio de gobierno ya no tienen posibilidad las expresiones vanguardistas de atacar la lacra de la inseguridad resolviendo la injusticia, mitigando la pobreza y la flagrante inequidad social y cultural.
El debate presidencial dejó más ruido que certezas. Si bien los medios de derecha intentaron instalar la idea de que Evelyn Matthei había tenido un buen desempeño, las encuestas muestran un escenario distinto: no hubo un ganador claro, y el mapa electoral sigue en gran medida inalterado.
La pregunta que cursa es si el PC va a seguir soportando el ninguneo de quienes no tienen moral para nada y si podría soportar un gobierno de una de sus camaradas que los relegue al closet para que molesten lo menos posible. Es cierto que el PC corre un riesgo.
La sombra de un proyecto político truncado por un golpe de Estado pasó de ser una esperanza a convertirse en un pasado incómodo para las generaciones representantes de la nueva izquierda, el progresismo o la socialdemocracia en Chile.
La reciente reunión de la Organización de Cooperación de Shangai (OCS) ha representado un paso decisivo e inexorable a la asunción de China como potencia mundial dominante.
El Gobierno confirmó este sábado la llegada a Chile de un primer grupo de 68 refugiados palestinos provenientes de la Franja de Gaza, de los cuales 36 son niños, niñas y adolescentes.
El candidato independiente no ganará la elección. Pero su irrupción en el debate dejó en claro que existe un público dispuesto a escuchar algo distinto, que agradece la nobleza frente al ruido y la coherencia frente al populismo