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Kast enfrenta su primer desgaste acelerado: cae en las encuestas y crece la duda sobre sus promesas

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A poco más de 60 días de haber llegado a La Moneda, el Presidente comienza a perder apoyo mientras aumenta la percepción de improvisación y distancia con las preocupaciones ciudadanas. Aunque mantiene atributos de liderazgo y capacidad de trabajo, las encuestas muestran un creciente escepticismo sobre la viabilidad de sus promesas económicas y de seguridad. El proyecto estrella del gobierno también enfrenta cuestionamientos por beneficiar principalmente a los sectores de mayores ingresos.

Apenas han transcurrido poco más de 60 días desde que José Antonio Kast asumió la Presidencia y el desgaste político ya comenzó a hacerse evidente. La última encuesta Criteria confirma una tendencia que en La Moneda observan con preocupación: la aprobación presidencial volvió a caer y se instaló una percepción creciente de incertidumbre respecto de la capacidad del gobierno para cumplir sus promesas.

Según el sondeo difundido este domingo, la aprobación del mandatario descendió dos puntos y quedó en 36%, mientras que la desaprobación se mantiene en 51%. Más significativo aún es el aumento de quienes no saben si respaldar o rechazar la gestión del Ejecutivo: un 13% declara hoy incertidumbre frente al rumbo del gobierno. Ese dato revela algo más profundo que una fluctuación coyuntural. Habla de un electorado que comienza a desilusionarse rápidamente de las expectativas construidas durante la campaña presidencial.

Porque si algo caracterizó la candidatura de Kast fue precisamente la promesa de resultados rápidos. Seguridad, crecimiento económico, orden institucional y reducción de la incertidumbre fueron presentados como objetivos alcanzables en el corto plazo. Sin embargo, la realidad del ejercicio del poder ha comenzado a mostrar límites políticos, económicos y administrativos que el oficialismo parece haber subestimado.




En apenas dos meses, el gobierno ya enfrenta problemas comunicacionales, tensiones internas y crecientes dificultades para sostener el relato de eficacia que impulsó su llegada a La Moneda. Y eso comienza a reflejarse directamente en la opinión pública.

El deterioro no es total. Kast todavía mantiene fortalezas importantes en atributos personales. Un 56% lo considera trabajador, un 53% cree que es directo y “va de frente”, mientras un 50% lo define como competente. Son cifras que muestran que una parte importante de la ciudadanía sigue valorando su liderazgo y determinación.

Pero al mismo tiempo emergen debilidades que golpean especialmente a un gobierno que prometió cercanía con las preocupaciones cotidianas de las personas. Apenas un 34% cree que Kast es cercano a la gente y solo un 37% considera que es sensible frente a los problemas de la ciudadanía. En política, esas percepciones importan tanto como los resultados concretos. Y cuando las expectativas materiales no mejoran rápidamente, la distancia emocional entre gobierno y ciudadanía se vuelve más visible.

La situación se vuelve todavía más compleja al revisar la evaluación de las políticas emblemáticas del Ejecutivo. El proyecto de «Reconstrucción y Desarrollo Económico» —presentado por el oficialismo como el motor de la recuperación— obtiene un apoyo relativamente bajo: solo un 37% lo respalda. Aunque la cifra subió un punto respecto de la medición anterior, también aumentó el número de personas que no tienen una opinión favorable sobre la iniciativa. Un 30% directamente se declara en contra.

Pero quizás el dato políticamente más delicado es otro: un 46% cree que el proyecto beneficia principalmente a grandes empresas y sectores de mayores ingresos. Solo un 35% considera que apunta efectivamente a generar empleo y mejorar las condiciones económicas de la población en general. En otras palabras, comienza a instalarse la percepción de que el gobierno favorece prioritariamente a sectores empresariales antes que a las familias comunes.

Ese elemento resulta particularmente sensible para una administración que llegó prometiendo crecimiento económico con impacto directo en la vida cotidiana. Aunque todavía un 54% cree que el gobierno es capaz de hacer crecer la economía y un 50% considera que puede entregar estabilidad al país, la tendencia general empieza a deteriorarse.

La evaluación sobre el manejo de las emergencias también refleja esa ambivalencia. Mientras un 37% cree que el gobierno ha actuado correctamente, un 40% considera que el camino tomado ha sido equivocado. No se trata de un rechazo categórico, pero sí de una señal de desgaste prematuro para un gobierno que apenas comienza.

En paralelo, el gabinete empieza a mostrar sus primeros costos políticos. La vocera Mara Senidi aparece como la ministra peor evaluada, con apenas 35% de respaldo. Le siguen la ministra de Energía, Ximena Rincón, y el titular de Hacienda, Jorge Quiroz. Las cifras sugieren que la instalación del equipo ministerial no ha logrado consolidar una imagen de cohesión ni de conducción clara.

Todo esto ocurre en un contexto político particularmente exigente. La ciudadanía chilena se ha vuelto mucho menos tolerante frente a las promesas incumplidas y mucho más rápida para castigar errores de gestión. Kast llegó al poder ofreciendo precisamente aquello que hoy empieza a ponerse en duda: capacidad de ejecución, claridad de rumbo y soluciones concretas.

Por eso, el principal problema para La Moneda no es únicamente la caída en las encuestas. Lo más complejo es que comienza a instalarse una sensación de desencanto temprano. La percepción de que muchas de las promesas de campaña simplemente no podrán cumplirse ya empezó a abrirse espacio en la opinión pública.

Y cuando esa duda aparece tan temprano en un gobierno, revertirla suele ser mucho más difícil que ganar una elección



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