
Entretelones Vaticanos: la Encíclica y la batalla de los algoritmos
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León XIV publicó el 25 de mayo la primera encíclica de la historia dedicada a la inteligencia artificial. Advierte que la IA no puede quedar en manos de unos pocos, y que amenaza con reducir al ser humano a dato, función o mercancía. En efecto, informes de prensa señalan que empresarios declaran sin tapujos que el costo de la IA se financia con despidos de trabajadores en la industria.
Lo que muy pocos conectaron: Peter Thiel estuvo en Santiago dos semanas antes
En mayo de 2026, Peter Thiel, considerado como un poderoso adversario por sectores intelectuales del Vaticano — cofundador de PayPal y Palantir, uno de los arquitectos ideológicos de la nueva derecha tecnológica global — visitó Santiago en reuniones discretas con figuras de la ultraderecha chilena. Se confirmó un encuentro de cerca de dos horas con Johannes Kaiser, líder del Partido Nacional Libertario, excandidato presidencial y figura conocida por su discurso antifeminista y su oposición a los derechos civiles. Kaiser reveló que Thiel manifestó interés en invertir en minería en Chile y Argentina, y que describió a Europa como «prácticamente no salvable.» También se reunió con José Piñera, el mago de las AFP y exministro de Pinochet. Una reunión con el presidente Kast fue oficiosamente confirmada pero nunca reconocida por La Moneda.
La visita no es un episodio aislado. Thiel tiene residencia en Buenos Aires, mantiene vínculos con el entorno de Milei y teje en América del Sur la misma red ultra que construyó en Estados Unidos — donde fue el principal financista de la carrera política de J.D. Vance, hoy vicepresidente de Trump. Y, además, tiene una cuenta pendiente con el Vaticano…
De dónde viene todo esto
La Iglesia lleva 135 años interviniendo en los grandes quiebres tecnológicos del capitalismo moderno. La Rerum novarum de 1891 fue su respuesta a la Revolución Industrial y a la miseria obrera que generó. Desde entonces, cada transformación mayor produjo una encíclica: el fascismo, la Guerra Fría, la globalización, el deterioro ecológico. La inteligencia artificial era la pieza que faltaba. Y el hombre que encarna mejor que nadie la visión contraria a la del Vaticano ya había pasado por Roma — con malos resultados.
Por qué importa
León XIV presentó su primera encíclica, Magnifica Humanitas, un documento de 110 páginas dedicado a los efectos de la inteligencia artificial sobre la dignidad humana. El primer papa estadounidense de la historia advierte que la IA no puede considerarse moralmente neutra y reclama «desarmarla» para evitar que domine al ser humano. La encíclica llama a la comunidad eclesial y civil a poner en el centro la dignidad de la persona, para que el progreso técnico no reduzca al ser humano a función, dato o prestación. Es la primera vez que un papa presenta personalmente una encíclica ante el mundo — señal de la prioridad que León XIV le asigna al tema.
El núcleo del argumento
El centro de la crítica es la concentración de poder en el sector privado y la dinámica capitalista. El documento advierte que en la era digital los principios clásicos de la doctrina social —bien común, igualdad, dignidad, solidaridad— son necesarios para evitar nuevos monopolios de datos y algoritmos que excluyan a los más frágiles. La encíclica no condena la tecnología. El documento plantea que la IA no debe verse como una amenaza ni como un mal en sí mismo, aunque tampoco es neutral: refleja los intereses y decisiones de quienes la crean, financian, regulan y utilizan. El último capítulo alerta sobre la «cultura del poder» que normaliza la guerra y la aplicación de la IA en sistemas de armas, y propone relanzar «la civilización del amor»: no como una utopía ingenua, sino como un proyecto exigente que consiste en traducir la caridad en estructuras de justicia.
Quiénes rodearon la encíclica — y qué dice eso
Por primera vez en la historia reciente de la Iglesia, un investigador de inteligencia artificial se sentó junto a un papa para presentar un texto del Magisterio. El elenco que León XIV convocó para el acto del 25 de mayo es un mapa intelectual del documento — y en el Vaticano, esas listas nunca son accidentales. Los cardenales Víctor Manuel Fernández y Michael Czerny representan, respectivamente, el polo doctrinal y el polo social de la reflexión católica. Fernández, argentino, es el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y guardián de la ortodoxia teológica. Czerny, jesuita checo-canadiense, prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, viene de décadas de trabajo en derechos humanos y migraciones. Su presencia conjunta indica que el documento buscó equilibrar dogma y compromiso social — las dos tensiones históricas de la doctrina social de la Iglesia.
La voz del Sur global y la tradición política británica
Leocadie Lushombo, teóloga congoleña de la Jesuit School of Theology de Santa Clara, introduce la perspectiva del Sur global: un recordatorio de que el impacto de la IA recaerá con mayor dureza sobre quienes tienen menos poder para determinar sus formas.
Anna Rowlands, teóloga política de la Universidad de Durham, aporta la tradición británica del pensamiento social católico y un fuerte compromiso con los temas de migración. Su inclusión indica que el documento no quiso limitarse al eje Roma-Washington.
El caso Olah: la figura más significativa
Christopher Olah, cofundador de Anthropic y líder de la IA, lidera la investigación sobre interpretabilidad: el esfuerzo por hacer transparentes los procesos internos de los sistemas de IA. Su trabajo se centra en cómo garantizar que una IA no actúe en contra de los intereses de los humanos a quienes debe servir. Su invitación indicó que León XIV no quería contentarse con pronunciamientos morales generales: la Iglesia quería profundizar en los aspectos técnicos del debate, comprender cómo se entrenan los modelos, cómo se generan sus sesgos y qué mecanismos permiten o impiden un control humano efectivo.
En el acto, Olah reconoció sin rodeos que «todos los laboratorios de IA de vanguardia operan dentro de un conjunto de incentivos que a veces pueden entrar en conflicto con hacer lo correcto», y defendió la necesidad de un diálogo con las religiones y las humanidades.
Los asesores…
Pero presentar no es redactar. El Vaticano no ha revelado quiénes trabajaron en la escritura misma del texto — práctica habitual en la Santa Sede. La lista del 25 de mayo es la de los presentadores, no necesariamente la de los autores. La pregunta sobre cuánto influyó Anthropic (quien ha polemizado con El Pentágono) en el contenido — y no solo en el acto — sigue abierta.
La tensión política de fondo
La presencia de Olah en el Vaticano tensionó la relación con la administración Trump, que prohibió el uso de tecnología de Anthropic en agencias federales tras la negativa de la empresa a ceder su IA para uso militar. El primer papa americano y el primer mandatario americano llevan semanas en ruta de colisión.
En este contexto Thiel viajó a Roma en marzo pasado para dar conferencias argumentando que la regulación ética de la IA es una «estructura satánica» que frena el progreso — la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino, alma mater del propio León XIV, le canceló el evento y debió refugiarse en una ubicación secreta de la ciudad. Semanas después estaba en Santiago reunido con Kaiser.
La arquitectura institucional que sigue
El día después de la firma de la encíclica, el Vaticano instituyó una Comisión sobre Inteligencia Artificial que reúne a siete instituciones: el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el Dicasterio para la Cultura y la Educación, el Dicasterio para la Comunicación, la Pontificia Academia para la Vida y las Pontificias Academias de las Ciencias y de las Ciencias Sociales, bajo coordinación rotatoria anual que comienza con Czerny. Esa composición es en sí misma un mapa: muestra cómo el Vaticano entiende hoy el problema. La pregunta real es si una institución de dos mil años tiene la velocidad institucional para influir en una tecnología que cambia en semanas. La Comisión existe. Los principios están fijados. Y mientras el Vaticano construye doctrina, Thiel construye redes de ultraderecha — en Buenos Aires, en Santiago, en los márgenes de una derecha global que no espera permiso de nadie para avanzar.
Leopoldo Lavín Mujica





