
Trump, el «Gran Hombre» que se rinde ante Irán y humilla a Meloni
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El presidente Trump concedió una entrevista a Axios este 18 de junio donde declaró que no ha descubierto «ningún límite» a su poder desde que entró en guerra con Irán. Un libro revela que se ve a sí mismo como el hombre más poderoso de la historia, por encima de Atila, Gengis Kan, Napoleón, Stalin, Mao y Hitler. «No tenían aviones, ¿verdad?», argumentó, midiendo su grandeza con la métrica de la aviación comercial. Lo más revelador, escriben los autores, fue «el evidente placer que sentía en compañía de Mao, Hitler y Stalin». El propio Trump publicó el documento en Truth Social, cuyo autor no era un historiador, sino el caddie de un golfista.
Todo esto suena muy imponente, hasta que uno se asoma al contenido del «acuerdo» con Irán que tanto celebra. Trump empezó la guerra exigiendo «rendición incondicional» y «cambio de régimen», y terminó firmando un memorando de entendimiento que devuelve a Irán miles de millones en petróleo y hasta 300.000 millones en ayuda. El régimen de los ayatolás sigue en pie, el programa nuclear no ha sido desmantelado y el estrecho de Ormuz, simplemente, vuelve a la normalidad de antes de la guerra. Es decir, pagó una guerra de cuatro meses para conseguir exactamente lo mismo que tenía antes de empezarla.
Pero Trump, fiel a su estilo, insiste en que el memorando «probablemente es una rendición incondicional» y que ha logrado un «cambio de régimen» porque ahora el líder es el hijo del anterior. «Son personas diferentes», argumentó, como si cambiar el retrato de la pared fuera equivalente a derrocar un gobierno. Incluso los halcones republicanos, esos a los que «ya no respeta», están furiosos por un acuerdo que da a Irán más de lo que Obama consiguió en 2015. El único logro tangible: reabrir el estrecho de Ormuz para que no se desplome la economía mundial y evitar ser recordado como el próximo Herbert Hoover.
Por si fuera poco, Trump decidió añadir a su colección de aliados humillados a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. En una entrevista con la televisión italiana La7, aseguró que Meloni le «rogó» que se hiciera una foto con él en el G7 y que accedió porque le dio «pena». Meloni respondió con una contundencia inusual: «Las declaraciones de Donald Trump son completamente inventadas. Estoy atónita». «Ni Italia ni yo rogamos», sentenció, en un momento que ya ha provocado una crisis diplomática con la cancelación de la visita del ministro de Exteriores italiano a Washington.
La ironía es que Meloni fue la única líder europea que asistió a la investidura de Trump en 2025 y se presentaba como su principal puente con Europa. Pero la guerra contra Irán enfrió la relación, y ahora Trump la retrata como una suplicante en el sofá de la Cumbre del G7. La primera ministra, desolada, señaló que es «deplorable» que Trump no muestre la misma determinación con los enemigos de Occidente que con sus propios aliados. Su mensaje fue claro: la dignidad de Italia no está en venta, ni siquiera a cambio de una foto con el hombre más poderoso de la historia.
Lo cierto es que el «hombre sin límites» ha terminado firmando un acuerdo que es todo menos la victoria total que prometió, y humillando a la única aliada europea que le quedaba. Quizás Atila, Gengis Kan o Napoleón también tenían sus propios caddies particulares para redactar sus biografías. Pero al menos ellos, cuando perdían una guerra, no se inventaban que la habían ganado llamando «rendición» a su propia derrota.
Leopoldo Lavín Mujica





