Columnistas

Situación de calle

Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 59 segundos

Como el lenguaje evoluciona a diario, a alguien se le ocurrió motejar a los mendigos y vagabundos en una nueva categoría. Ahora, no lo son. Cambiaron a individuos que viven en la calle, dominados por el romanticismo o la religiosidad. Un nuevo significado y así explicar la desgracia, con el objeto de hacerla más humana. Que los andrajos, purulencias y la miseria, sean asuntos del pasado. La peste apesta aquí y en las calles de cualquiera ciudad.

Todo este necesario preámbulo se realiza con el propósito de recuperar el lenguaje apropiado, si se habla de miseria y no referirse a ella, utilizando indirectas y eufemismos a destajo, para ocultarla. Emparentada con la ignorancia, en nuestro país hay alrededor de 400 mil analfabetos. Cifra escandalosa, la cual se oculta. Entonces se habla de situación de calle, por donde transitan quienes saben leer y escribir, junto a quienes se conforman con observar las letras de diarios, revistas o de un libro de cuentos.

A las oligarquías nacionales les seduce esta situación de calle. Las impulsan y les suministran formas, como si fuese un traje a la medida. Nada al azar, donde se juega con cartas marcadas. Así, a los dueños de la riqueza, les permite mantener la hegemonía, el poder absoluto sobre la sociedad y engañarla a diario. De pronto, alguien se rebela y lanza la admonición, tantas veces socorrida, en medio de la desesperanza: “El pueblo unido, jamás será vencido”. Es la oligarquía que desde siempre permanece unida. A rajatabla. Jamás ha dejado de gobernar nuestro país, aunque en épocas aíslas se pretendió, sin éxito, romper el vasallaje. Se frustró. ¿Y cuáles fueron los resultados? La dictadura de Augusto Pinochet Ugarte, lacayo de la oligarquía y las “democracias” protegidas, para hacer frente al comunismo.

En medio de este guirigay, existe el borrego, individuo que comulga a diario con las promesas de la elite y cree que ella, por arte de magia y birlibirloque, resolverá la miseria. Historia de nunca acabar, aunque la mona se vista de seda y al cielo lleguen creyentes e impíos a vivir la eternidad. Por cuanto se sabe, a través de la liturgia, ni en el cielo ni en el infierno se pagan las contribuciones. Qué alivio. Nada se sabe si en ambos sitios existe el secreto bancario, pero sí que es una realidad, la exención del pago de la calefacción en el infierno. Aunque semejante noticia resulta un hecho alentador, el cielo es el lugar ideal para vivir lejos de las guerras. Pese a estar distante de él, Chile continúa siendo un país amigable, sencillo, donde la oligarquía roba a destajo sus recursos. Conoce el oficio y lo practica a diario. Paciencia, dirá usted, mientras la mendicidad continúa su periplo de gloria, aunque la llamen de otra manera.




Por algo, surgió en boca de una senadora, descendiente de inmigrantes pobres, venidos desde Europa, el término patipelado, para referirse a aquella persona del medio pelo. Arribista en lo social que, carece de recursos económicos. Algo así como un tirillento, el cual sabe disimular su miseria.

Entre eufemismos, unidos al lenguaje críptico, se deslizan las mentiras. Entonces, los vagabundos, no lo son. Más bien se trata de personas amantes de la libertad; pensadores, aburridos de vivir en la sociedad, empeñados en descubrir la razón de la existencia humana. El lenguaje sirve para un barrido y un fregado en una sociedad atrapada por las mentiras. Por ende, toda reconstrucción es bienvenida, en un país que vive de perplejidades, impulsado por la farándula. En todo, hay un énfasis de construir las pirámides al revés.

 

Walter Garib

 

 

 

 



Walter Garib

Escritor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *