Economía y Mercados en Marcha

La inversión extranjera directa en Chile

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La inversión extranjera directa, IED –  en las estadísticas del Fondo Monetario Internacional y de los diferentes organismos económicos de América Latina y el Caribe, ALC,  – se define como aquella inversión que conduce a que el inversionista extranjero posea, de forma directa o indirecta, al menos el 10% del poder de voto o de las acciones ordinarias de una empresa local en un país receptor.

Se distingue así de las inversiones de cartera que son más bien de carácter especulativo, de corto plazo y que no conducen a tener más del 10 % de la empresa receptora.

Según los datos últimos dados a conocer por la Cepal, en el año 2025 la IED que tuvo lugar en ALC ascendió a 122.444 millones de dólares. Brasil fue el principal receptor de esa IED captando el 40% de la misma, México fue segundo con un 22.3 % de dicha IED y Chile ocupó el tercer lugar, con un 7.3 %.

La IED recibida por Chile en el año mencionado fue de 14.152 millones de dólares, lo cual representa una cantidad un 13 % mayor que la recibida en 2024. Todo ello puede interpretarse como una situación positiva para nuestro país.




Cabe analizar, además de la cifra total de recepción de IED, los orígenes de la misma. En ese campo hay que mencionar que, en el caso chileno, el 60% de ella provino de la reinversión de utilidades, es decir de las ganancias que las empresas extranjeras generaron en el país pero que no se repatriaron a la casa matriz, sino que se quedaron en la economía local para financiar operaciones vigentes. No se trata, por lo tanto, de la llegada de capital nuevo, sino de la reinversión en Chile de un capital que se obtuvo o se constituyó en este mismo país. En todo caso, como este monto de ganancias pertenece a la empresa extranjera inversora, ella puede hacer lo que quiera con esas ganancias – llevárselas a otro país, por ejemplo, o remesar esas ganancias a la casa matriz, todo lo cual le está permitido por la legislación vigente y por los TLC firmados con el país de origen de esa IED – pero decide dejarla en Chile con lo cual se amplía el monto de lo invertido y el campo de los negocios de dicha empresa en este país receptor.

Solo el 11.7 % de la IED recibida está constituida por nuevos aportes de capital y el 3 % son préstamos que se han recibido básicamente de la casa matriz de la empresa inversora, que no pasan como aporte de capital sino como un préstamo que debe ser pagado en las condiciones que se establezcan.

Como la IED recibida por Chile está aumentando y el país ocupa el tercer lugar en ALC en lo que respecta a dicha recepción, es dable pensar que la apertura de Chile a la inversión extranjera no está en crisis, sino que está en un momento positivo, y que está mejor que casi todos los países de la región. Lo superan Brasil y México, que tienen tasas de impuestos corporativos efectivos iguales o superiores al 30%. No parece, por lo tanto, que la tasa de impuestos corporativos sean la variable determinante de las decisiones de los inversionistas extranjeros en materia de inversiones en otro país. Las variables relevantes parecen ser, entre otras, el tamaño de cada economía, es decir de su mercado interno, el imperio de la ley en cada país, el grado de apertura al comercio exterior, dado en alta medida por los TLC firmados con el resto del mundo, la estabilidad política, la infraestructura física y comunicacional existente, el grado de calificación de la mano de obra local, etc.

La recepción de capitales extranjeros es una cuestión positiva política y económicamente para los países en desarrollo, siempre que se trate de decisiones no forzadas ni presionadas, sino expresión de las decisiones soberanas de cada país y se respeten las leyes laborales, sindicales, tributarias y medioambientales. Debe, por lo tanto, profundizarse la recepción de inversión extranjera directa en nuestro país, tanto como sea posible, presidida incluso por una política de estado mayoritaria y consensuada pero, lo que no tiene sentido, es hacer genuflexiones y regalías gratuitas al capital extranjero.

 

Sergio Arancibia

 

 

 

 

 



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Sergio Arancibia

Economista

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