
Estados Unidos presiona a la ONU contra Cuba
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El 30 de junio, el ministro cubano del exterior, Bruno Rodríguez, anunció que su gobierno ha enviado una solicitud formal a Naciones Unidas para que tome cartas sobre la creciente agresión estadunidense hacia Cuba, y sobre la catastrófica crisis humana que ha desatado. Este 7 de julio está programada una votación en la Asamblea General para abrir un debate sobre la campaña de “máxima presión” del gobierno de Donald Trump, informó Rodríguez a reporteros en una conferencia de prensa en La Habana… si es que las “medidas coercitivas” no logran bloquear la iniciativa. “El aparato del Departamento de Estado”, sostuvo el ministro, “intenta impedir que la Asamblea General aborde ese tema de interés global urgente, utilizando presión, mentiras y amenazas” dirigidas a los estados miembros.
Eso, de hecho, es exactamente lo que el Departamento de Estado intenta hacer. En un revelador cable diplomático de “acción requerida” –titulado “Comprometer a estados miembros de la ONU en un debate público de la Asamblea General sobre Cuba”–, el secretario Mario Rubio ha instruido a las embajadas estadunidenses a presionar a sus naciones huéspedes para “afirmar nuestra objeción” a la votación en la ONU y oponerse a un debate en la Asamblea General con respecto a los actuales esfuerzos de su país por sofocar a la economía cubana. Si el debate se lleva a cabo, pese a las objeciones de Washington, “Estados Unidos está alentando a los estados miembros fuertemente alineados a que hagan declaraciones reprobatorias hacia Cuba por su dedicación a una teoría económica totalmente desacreditada, crasa incompetencia y corrupción masiva”. A los estados no alineados, les exige “abstenerse de emitir cualquier declaración” en la ONU. Y para los países que tradicionalmente han apoyado a Cuba, existe una clara advertencia: “Estados Unidos estará escuchando con mucha atención sus declaraciones en el debate y desalentará el uso de temas que pudieran crear fricción en nuestras relaciones bilaterales”.
Clasificado “SBU” –siglas en inglés de “delicado, pero no clasificado”–, el documento fue obtenido por el reportero de investigación Ken Klippenstein y entregado a The Nation. Contiene “temas de conversación” del Departamento de Estado, separados en categorías de países. Se aconseja a todos los países oponerse a la votación del 7 de julio sobre la base de que la “resolución anual sobre el ‘embargo económico’ de Cuba… ya ofrece al régimen una avenida anual para vender su propaganda y evitar la rendición de cuentas”, y de que un debate ahora sería un “desperdicio” de tiempo y recursos. Los embajadores estadunidenses dirán a los gobiernos huéspedes de naciones favorables a Washington que deben condenar a Cuba por violaciones a los derechos humanos y por apoyar el terrorismo internacional. Si el debate se realiza, gobiernos como el de México, que tradicionalmente han votado contra el bloqueo estadunidense –al igual que la vasta mayoría de las naciones del globo–, recibirán la advertencia de que deben ser “extremadamente cautelosos en la redacción de cualquier declaración que presenten, para evitar desviar la culpa de las fallas del propio régimen cubano”.
Culpar a Cuba por la creciente crisis humana a medida que el gobierno de Trump desata una guerra económica abierta contra ella –bloqueo petrolero, sanciones contra empresas extranjeras que operan en la isla, amenazas contra naciones que intentan ofrecerle apoyo humanitario– se ha convertido en un pasatiempo favorito en Washington. El cable de Rubio continúa ese esfuerzo orwelliano. “El régimen cubano no tiene una economía real”, afirma, y atribuye el estado ruinoso de la economía a mala administración, incompetencia y corrupción, en vez de a los esfuerzos punitivos y sistemáticos de Estados Unidos por ahogar toda actividad económica en la isla.
Aún más dudosa es la afirmación del cable de que “Estados Unidos se interesa profundamente en el pueblo cubano, que es la razón por la que hemos ofrecido ayuda humanitaria por 100 millones de dólares”. (El cable culpa del retraso en la entrega de esa ayuda al gobierno cubano, el cual aceptó la oferta desde que se presentó, hace más de un mes.) Hace una semana, Estados Unidos mostró cuánto le interesa el pueblo cubano al votar (junto con Israel) contra un programa del Fondo Mundial de Alimentos por 116 millones de dólares para hacer frente a lo que el fondo llama “las crecientes dificultades para la seguridad alimentaria y la nutrición de muchas familias cubanas”. Veintisiete naciones votaron en favor de esa ayuda de emergencia a la isla.
Sin duda, el gobierno cubano ha hecho un manejo erróneo de la economía en años pasados; apenas ahora, bajo la extrema presión estadunidense, ha anunciado amplias medidas económicas para habilitar al sector privado y a la inversión extranjera como motores de desarrollo económico para el futuro. Pero esas reformas no tienen ninguna oportunidad de ser implementadas con éxito en tanto las severas sanciones estadunidenses se mantengan. La comunidad internacional tiene plena conciencia de que el gobierno de Trump empuja metódicamente a la nación isleña hacia un completo colapso socioeconómico, como parte de la estrategia para obligar a los líderes cubanos a doblar la rodilla y capitular a sus demandas.
Naciones Unidas tiene una vigorosa y profunda historia de oponerse al bloqueo comercial cubano hacia Cuba; la Asamblea General ha votado en 31 ocasiones continuas, de manera abrumadora, por condenar las restricciones comerciales y exigir su levantamiento. Pero, ahora que gran parte del planeta enfrenta la caprichosa amenaza de una agresión estadunidense, la ONU apenas está encontrando su voz para oponerse al extenso sufrimiento que la política de privación y sumisión de Trump ha acarreado al pueblo cubano. “Paquetes de sanciones tan severos, que afectan a sectores enteros de una economía y producen efectos extensos, indiscriminados y rigurosos a las poblaciones, son incompatibles con principios básicos del derecho internacional de los derechos humanos”, sostuvo el mes pasado el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk. “Mueren niños porque los médicos carecen de acceso a provisiones médicas y medicamentos esenciales. Eso es inaceptable”.
“Cuba no es una amenaza”, expresó el ministro del exterior Rodríguez en una conferencia de prensa la semana pasada. “El bloqueo lo es. Es un crimen de lesa humanidad que ocurre justo ahora”. Debatir sobre esos crímenes, y actuar para detenerlos, es exactamente para lo que la Organización de Naciones Unidas fue establecida.
Peter Kornbluh
Traducción: Jorge Anaya





