
¿Qué es lo nuevo en la Derecha republicana?
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Hay un concepto que nos gustaría destacar en esta columna: continuidad. Este concepto lo entendemos como una conexión coherente, una constancia, una permanencia relativamente invariable a lo largo del tiempo de una estructura social, sin transformaciones radicales o cualitativamente abruptas de los sistemas. Dicho sea de paso, esta situación no es necesariamente de equilibrio, es más bien una tensión que se sostiene y puede mantenerse en el tiempo sin llegar a producir grandes quiebres.
En ese sentido, y para relacionarlo con el tema que queremos trabajar en esta columna sobre la derecha chilena, desde nuestra perspectiva siempre hemos intentado evidenciar ciertas continuidades, sobre todo en el ámbito ideológico. Particularmente con lo que hemos denominado como ideología chicago-gremialista, una hibridación ideológica que es una mixtura tanto de elementos de la economía neoclásica con el corporativismo católico, así como de ciertos elementos nacionalistas de derecha (Bustamante Olguín, 2022).[i]
Todo esto se entronca con la necesaria crítica de la ideología, que tiene como propósito detectar o desarmar las falsas formas de razonar que tienen por objetivo el ocultamiento de la realidad. En este caso, esta ideología chicago-gremialista ha tenido una importancia fundamental en Chile durante los últimos 50 años y en esta columna intentamos combatir los razonamientos engañosos que emanan de dicha ideología cuyo fin es protegerse a sí misma de manera ciega y dogmática para no ser cuestionada. Y, por sobre todo, esta crítica de la ideología también sirve es útil como una herramienta para revisar, evaluar y controlar la propia labor de las ciencias sociales, que muchas veces también se ven “afectadas” por esta ideología chicago-gremialista.
La idea de la continuidad que queremos relevar, se expresa desde el origen del chicago-gremialismo durante la dictadura cívico-militar, particularmente durante la década de los 70, creemos que desde ese entonces hasta la actualidad se manifiesta esa continuidad.
Es posible pensar que en el decurso de la larga transición chilena ha habido cabida para gobiernos de centroizquierda, que manejaron muy bien el modelo neoliberal en Chile. En este contexto Intentaron darle un carácter más humano, como por ejemplo lo que planteaba aquel lema del presidente Ricardo Lagos: “Crecer con igualdad”, que en realidad terminó siendo, en la práctica, una alianza con los empresarios que permitió que estos últimos pudieran expandir sus negocios, a un costo muy alto, conviviendo con un alto nivel de desigualdad que nos sigue hasta el tiempo actual.
En la actualidad, con el gobierno de José Antonio Kast, el chicago-gremialismo se radicaliza, aunque es clave entender que la ideología chicago-gremialista es radical desde sus orígenes, las administraciones Concertacionistas pudieron matizar este componente radical, cuestión que también observamos en los dos gobiernos de Sebastián Piñera. Con la actual administración del partido republicano encabezada por Kast la ideología Chicago-gremialista aparece de una forma mucho más cruda, más radical, en una fase mucho más cercana, por ejemplo, a la del exministro del Trabajo José Piñera y al grupo de los Chicago Boys durante la dictadura. Políticamente, el Partido Republicano tiene esa particularidad: conserva ese chicago-gremialismo que viene desde la época de la dictadura.
A pesar de los matices que hay en la actualidad y de estas conexiones internacionales con Estados Unidos y con el Foro de Madrid, creemos que es muy importante también apuntar a los elementos endógenos y singulares de la derecha chilena, en particular de esta derecha Chicago-gremialista.
Esto es lo que, en algún momento, el filósofo Hugo Herrera planteaba, señalando que José Antonio Kast objetivaba perfectamente a la Unión Demócrata Independiente de los años 90, que se caracterizaba por esta defensa irrestricta del modelo económico de Pinochet, de la arquitectura político-institucional heredada de la dictadura y que descalificaba duramente a sus adversarios políticos, quienes eran vistos más bien como enemigos políticos, personas que había que erradicar (Bustamante Olguín, 2022). Y, por tanto, de ahí se desprendía la defensa irrestricta también de todos los violadores de los derechos humanos, empezando por el propio Pinochet.
En ese entonces eran los “comunistas”, concepto de amplia ambigüedad semántica que etiquetaba a todo aquello que estaba en contra de Pinochet. Hoy el abanico semántico de los calificados como “comunistas” incluye un amplio abanico en donde todo tipo de progresismo tiene cabida en el concepto, en redes sociales la lista es más ampliamente desvergonzada y asume epítetos tales como “zurdos”, concepto que es parte de las importaciones no tradicionales que muchos personeros del Partido Nacional Libertario han copiado del uso cotidiano que ha puesto en boga Javier Milei en Argentina.
El Partido Republicano que está en el gobierno es la UDI de los años 90, que defendía con crudeza, ya decíamos, el modelo económico de la dictadura.
Esta caracterización del tiempo actual que estamos realizando, por cierto, va a contrapelo de las conjeturas teóricas que realizan determinados especialistas sobre la derecha y la ultraderecha chilena, intentando relacionar esto con un ecosistema mundial en el cual las ultraderechas están avanzando a un ritmo rampante, en particular luego de la llegada al gobierno de Donald Trump, no desconocemos que este suceso ha sido un catalizador delas ultraderechas en el mundo, cuestión que el mismo Trump usa como parte de su egocentrada forma de ver el orden mundial, en donde se autoproclama como principal factor para decidir elecciones en distintas realidades nacionales donde han triunfado electoralmente proyectos de ultraderecha, incluido nuestro país.
A pesar de esta aceleración de las ultraderechas, sin lugar a dudas, en el caso chileno hay que destacar el elemento particular, autóctono, de esta síntesis, que sin duda ha sido exitosa y que hoy se muestra en su fase más original. Se trata de la inexistencia de un contrapeso político a las iniciativas del gobierno de Kast.
La oposición no ha sido capaz de resistir la fuerza que tiene hoy la ultraderecha gobernante, el mejor ejemplo de ello es el ministro Jorge Quiroz, con un peso político extraordinario, que ha podido sacar adelante su ley miscelánea, que estaba a punto de ser aprobada sin mayor contrapeso. Un ministro que está sacando adelante un plan para favorecer al gran empresariado, que es, de alguna forma, también ideológicamente chicago-gremialista.
Porque el chicago-gremialismo no solamente ha tenido expresión y desarrollo en sus dos partidos tradicionales, que son la Unión Demócrata Independiente y Renovación Nacional, sino además en el Partido Republicano en la actualidad y, en cierta medida, en el Partido Nacional Libertario. A esto hay que sumar el peso y la influencia de los medios de comunicación masivos, que son propiedad del gran empresariado afín a sensibilidades de derecha y que, en la práctica política, funcionan como partidos políticos de la derecha.
Y además están los gremios empresariales, muy importantes en esa defensa irrestricta de ese modelo, con la complicidad —volvemos a reiterar— de la centroizquierda chilena.
Y, finalmente, ¿qué queremos decir con todo esto? Que, a pesar de todos estos períodos históricos edulcorados de los gobiernos de la Concertación y del último gobierno de Gabriel Boric, la derecha Chicago-gremialista ha sabido defenderse, ha sabido mantener la hegemonía y ha hecho un trabajo también paulatino orientado hacia la batalla cultural, hacia ganar el sentido común de la gente. Gran parte de la explicación del cómo llega al poder Kast es un trabajo político muy efectivo que consiste en intentar refundar el país en términos culturales, porque económicamente no hay nada que refundar: se ha mantenido el modelo más o menos igual, con ciertos matices, pero es una economía capitalista, dependiente y jerárquica.
Y —qué duda cabe— han triunfado. Porque lo que está hoy en día haciendo el Partido Republicano es más bien radicalizar una economía neoliberal que siempre ha sido radical en Chile, pero que ahora también tiene esta otra variable, que es la batalla cultural.
En esta batalla cultural hay sectores empobrecidos que se sienten interpelados por el discurso republicano que promete crecimiento económico y ejecutar con mano dura la expulsión de los inmigrantes ejecutando con éxito la idea de ver en el inmigrante es un enemigo, esto es patente en los sectores populares, en donde no ha habido una integración real, y es donde mayoritariamente están presentes los inmigrantes en comunas densamente pobladas y deterioradas en su desarrollo urbano y social. Nunca hubo una política de integración más allá de la que genera, entre comillas, espontáneamente el mercado, y eso fue aprovechado políticamente por la ultraderecha republicana. Estas son dimensiones que se omiten en los análisis que se hacen con respecto al Partido Republicano.
Por último, las izquierdas van a tener que trabajar muy duro para poder revertir esta situación. Porque, al parecer, hay izquierdas que están más comprometidas con los símbolos de la izquierda; el horizonte de sentido donde los trabajadores, la clase obrera, los pobladores históricos de nostalgia más que un foco de la acción política y leitmotiv de la propuesta de futuro, de la propuesta del país que queremos.
El discurso de las izquierdas tiene poca repercusión en el ciudadano común, la grandilocuencia y los enfáticos llamados a poner contrapeso a la avanzada ultraderechista no han logrado permear en la sociedad. El bienestar de los ciudadanos y la importancia del Estado como garante de derechos no logra concitar el favor de los ciudadanos en las épocas electorales, se imponen los miedos frente a la esperanza, la agresión al diálogo, en este contexto pensar el Chile que viene requiere de mayor audacia en la izquierda para hacer frente al poder las derechas que han sacado rédito del hacer política aborreciendo a la misma política y a los políticos, derecha que ha sabido identificar la mala política con letanías anti derechos sociales, económicos y culturales. Porque, finalmente, el trabajo cotidiano que se haga en los sectores populares es lo que realmente importa. Y no esperemos tampoco hacerle reverencia a las grandes personalidades de izquierda que hablan de cosas grandilocuentes y de cuestiones teóricas que, en realidad, a la gente común no le importan. Lo que importa es que esas personas tengan bienestar y puedan pasar por esta tierra de manera feliz.
Fabián Bustamante Olguín. Doctor en Sociología, Universidad Alberto Hurtado. Académico Asistente del Departamento de Teología, Universidad Católica del Norte, Coquimbo.
Javier Romero Ocampo. Profesor de Historia y Geografía, sociólogo y psicólogo. Doctor en Estudios Americanos, especialidad pensamiento y cultura.
[i]Bustamante Olguín, F. G. (2022). La hibridación ideológica discursiva de la derecha chicago gremialista en Chile entre 1973 y 2020 (Tesis doctoral, Universidad Alberto Hurtado). Repositorio Institucional UAH. https://www.academia.edu/164808849/LA_HIBRIDACI%C3%93N_IDEOL%C3%93GICA_DISCURSIVA_DE_LA_DERECHA_CHICAGO_GREMIALISTA_EN_CHILE_ENTRE_1973_Y_2020





