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Las historias que cargan: mujeres en la primera línea de Gaza

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En Gaza, donde la vida cotidiana se ha convertido en una sucesión de pérdidas, desplazamientos y reconstrucciones interminables, la respuesta humanitaria tiene un rostro que rara vez aparece en titulares: el de las mujeres que sostienen comunidades enteras mientras ellas mismas intentan sobrevivir. Nour, Samah y Rafa son tres de esas mujeres. Sus historias revelan una verdad esencial: detrás de cada carpa levantada, cada familia atendida y cada sitio de desplazamiento reorganizado, hay trabajadoras humanitarias que cargan con sus propias heridas mientras ayudan a sanar las de los demás.

En un territorio donde cientos de trabajadores humanitarios han sido asesinados en los últimos años, su labor no es solo un acto profesional: es un acto de resistencia.

Escuchar para actuar: la humanidad como punto de partida

Toda acción humanitaria comienza con una historia. Con alguien dispuesto a escuchar. El mundo suele ver el resultado: una familia que recibe asistencia, un refugio reparado, un sitio de desplazamiento que mejora sus servicios. Lo que casi nunca se ve es el proceso: las conversaciones, las visitas, las horas de caminar entre tiendas, la paciencia de escuchar el dolor ajeno mientras se intenta contener el propio.

En Gaza, muchas de estas trabajadoras viven exactamente las mismas crisis que las familias a las que apoyan. No llegan desde fuera: están dentro, atrapadas en la misma tormenta. Y aun así, cada día vuelven a presentarse.




Nour: documentar la dignidad en medio del duelo

Nour es fotógrafa y trabajadora comunitaria. Antes fue abogada, luego voluntaria, después coordinadora de campo. Su trayectoria refleja una evolución marcada por la necesidad de estar cerca de las personas, de comprender sus historias y de transformarlas en acción.

Su trabajo está atravesado por una pérdida irreparable: su prometido fue asesinado en marzo de 2025. Apenas pudo tomarse unos días de duelo. Volver al trabajo fue doloroso, pero también una forma de sostenerse. Cada vez que ayudaba a alguien, sentía que lo hacía en su memoria.

La fotografía se convirtió en su herramienta para asegurar que las experiencias de las familias no quedaran invisibles. Para ella, documentar no es solo registrar: es garantizar que la dignidad sobreviva incluso en los momentos más difíciles.

“Quiero que el mundo vea lo que estas familias están viviendo”, dice. Su cámara es un puente entre el sufrimiento y la visibilidad.

Samah: amplificar voces en un territorio que intenta silenciarlas

Samah trabaja como coordinadora de refugios. Su labor consiste en visitar familias desplazadas una y otra vez, escuchar sus preocupaciones, identificar necesidades y conectarles con los servicios disponibles. Es el vínculo entre las mujeres desplazadas y la ayuda que puede marcar la diferencia entre sobrevivir y caer en el olvido.

Después de más de una década en el sector humanitario, Samah sabe que escuchar es un acto político. Cada visita es un recordatorio de que la crisis no es abstracta: tiene nombres, rostros, historias repetidas de pérdida.

Cada noche vuelve a casa con el corazón pesado. Pensó que con el tiempo se acostumbraría, pero la realidad es otra: “Ver el sufrimiento de la gente es algo a lo que nunca te acostumbras.”

Su experiencia como gestora de proyectos y defensora de protección le permite asegurar que las preocupaciones de las mujeres no queden relegadas. En un contexto donde las voces femeninas suelen ser ignoradas, Samah las amplifica.

Rafa: reconstruir mientras se reconstruye a sí misma

Rafa, de 25 años, es ingeniera de formación. Hoy trabaja como coordinadora de sitios de desplazamiento. Su labor consiste en identificar necesidades, supervisar mejoras y garantizar que los espacios donde viven miles de familias sean más seguros y habitables.

Ella misma vive desplazada. Su familia está en Gaza City; ella, en Deir al‑Balah. La distancia es corta, pero el costo del transporte la mantiene lejos de quienes ama. Extraña a sus amigos, a su familia, a la vida que tenía antes.

Su experiencia personal le permite conectar con mujeres que cargan solas con el peso de sus hogares. Muchas se sienten más cómodas acudiendo a ella, porque reconocen en Rafa una historia que se parece a la suya.

“Vivir el desplazamiento me ha enseñado a ser agradecida. Ver las luchas de otras personas me hace valorar las bendiciones que tengo.”

La respuesta humanitaria como red de mujeres

Desde octubre de 2023, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y sus socios locales han proporcionado más de 1,3 millones de asistencias en Gaza: apoyo en refugios, gestión de sitios, suministros esenciales. Pero estas cifras solo cuentan una parte de la historia.

La otra parte son las personas que hacen posible esa respuesta. Personas que también necesitan protección, seguridad y apoyo. Personas que trabajan en condiciones extremas, bajo bombardeos, desplazamientos y pérdidas personales.

Nour, Samah y Rafa representan a cientos de mujeres que sostienen la respuesta humanitaria desde dentro. Sus historias revelan que la ayuda no es solo logística: es profundamente humana.

La humanidad como resistencia

En Gaza, donde la destrucción es cotidiana y la esperanza parece frágil, estas mujeres encarnan una forma de resistencia que no aparece en los informes militares ni en los análisis geopolíticos. Resisten escuchando. Resisten documentando. Resisten acompañando. Resisten reconstruyendo.

La historia de la respuesta humanitaria en Gaza no puede contarse sin ellas. Son la prueba de que, incluso en los contextos más devastados, la humanidad persiste.

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Elena Rusca

Periodista, corresponsal en Ginebra

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