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La historia no se borra

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Los cientos de detenidos que hubo este 11 de septiembre a través del territorio nacional dan cuenta de las diversas actividades conmemorativas en que participó el pueblo que no olvida, que tiene presente y no deja de deplorar la horrorosa tragedia ocurrida en Chile hace 53 años, que otros prefieren pasar por alto creyendo que con negacionismo pueden borrar la historia.

                El pueblo salió a las calles en ciudades y localidades en recuerdo de las víctimas, honrando sus modestas vidas y para exigir que esta brutal experiencia que significó un golpe de Estado y una prolongada dictadura no vuelvan a repetirse nunca más.

                Mayoritariamente la ciudadanía conmemoró esta fecha desgraciada, porque marcó al país para siempre: destruyó miles y miles de vidas, trajo dolor a muchas familias y le significó a Chile perder su democracia, que ha costado grandes esfuerzos por recuperar o que ha sido restituida parcialmente.

                A partir del 11 de septiembre de 1973 y durante 17 años el Estado fue usado como arma contra los propios chilenos. Desde el bombardeo a La Moneda con el objetivo de asesinar al presidente constitucional, Salvador Allende, Chile fue un caos que los siguientes gobiernos civiles han tratado de superar no siempre con éxito.




                Esta fecha es sinónimo de muerte, persecución, torturas, exilio y separación forzada de tantas familias. A la vez permanece abierta la profunda herida que es el caso de más de un millar de detenidos desaparecidos, sobre los cuales recién el gobierno anterior puso en marcha un plan nacional de búsqueda.

                El nunca más que exige el pueblo tiene que ver con la conciencia histórica de la nación. Existe un monopolio de las armas por parte del Estado que no puede significar el atropello de la dignidad de aquellos que no disponen de recursos económicos o no son partidarios de un régimen reaccionario y carente de sensibilidad social.

                Las Fuerzas Armadas subversivas que llevaron a cabo esta catástrofe fueron inducidas por la oligarquía chilena y el imperio norteamericano, que traduce el terrorismo internacional. Son los responsables de este drama que no se olvida, porque cambió fundamentalmente las expectativas de las clases populares.

                La excusa por haber actuado con tanto odio fue la grave crisis que enfrentaba el país. Esa crisis era provocada por el desabastecimiento de productos y servicios vitales, lo cual era ocasionada en forma intencional, en tanto el hecho de que el gobierno estuviera expropiando bienes y propiedades de los ricos tenía la finalidad de otorgar mejores condiciones de igualdad a la comunidad nacional.

                Tampoco los defensores del pinochetismo quieren reconocer los mayores recursos del país por la nacionalización del cobre, el sueldo de Chile, la medida más relevante de la historia económica chilena. En el gobierno de Allende la delincuencia no alcanzaba las terribles cifras de hoy, porque había trabajo para todos y una preocupación primordial por los problemas sociales de la gente.

                El hecho de que el actual gobierno no haya conmemorado los 53 años del golpe militar-empresarial no es mirar hacia adelante. Es solo renunciar a la responsabilidad estatal de reflexionar sobre la historia de Chile, sus avances y retrocesos, sus alegrías y sus dolores.

                Nuevamente este 11 de septiembre ha llamado a los chilenos a tener presente lo que ocurre cuando se quiebra la democracia, se clausuran las instituciones y se violan los derechos humanos. En sus afanes negacionistas hay algunos que irresponsablemente quieren olvidar o dar vuelta la página.

                La Conferencia Episcopal emitió un mensaje en que reconoce que en este aniversario continúan produciéndose divisiones y opciones encontradas. Asimismo, formuló un llamado para “buscar la verdad sin odios, justicia sin venganzas, futuro sin exclusiones y perdón sin olvido”.

                El expresidente Boric en esta fecha protagonizó un emotivo encuentro con las hijas de Allende, tras lo cual manifestó: “no necesitamos ceremonias oficiales para recordar la historia. La historia no se borra, está en nuestros corazones”.

Hugo Alcayaga Brisso

Valparaíso

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