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Estados Unidos y Argentina lanzan un corredor estratégico entre los Andes y el Atlántico

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El proyecto busca conectar las zonas mineras del noroeste argentino y los recursos energéticos de Vaca Muerta con los puertos del Atlántico y los mercados occidentales. Washington ofrece financiamiento, tecnología e inversiones en ferrocarriles, puertos, energía, minerales críticos e infraestructura digital. El acuerdo aparece en momentos en que Estados Unidos refuerza su presencia económica y estratégica en América Latina.

Los gobiernos de Donald Trump y Javier Milei lanzaron en Nueva York el denominado Corredor Andes-Atlántico, una iniciativa destinada a modernizar la infraestructura argentina y conectar sus principales reservas de minerales y energía con los puertos del Atlántico y los mercados occidentales.

El acuerdo fue presentado por el canciller argentino Pablo Quirno y el subsecretario de Estado estadounidense Christopher Landau durante la Semana de Alto Nivel de la Asamblea General de Naciones Unidas. Según la declaración conjunta, ambos gobiernos pretenden convertir a Estados Unidos en un socio fundamental de Argentina en infraestructura e inversiones.

El proyecto contempla transporte, energía, minería e infraestructura digital y abre la posibilidad de movilizar hasta unos 7.000 millones de dólares en instrumentos financieros estadounidenses hacia 2027, aunque las cifras corresponden a propuestas y mecanismos de financiamiento todavía sujetos a distintas aprobaciones y no a una inversión única ya desembolsada.




El anuncio adquiere además una dimensión geopolítica. El propio comunicado vincula el corredor con la seguridad y prosperidad del hemisferio occidental y con el fortalecimiento de cadenas de suministro estratégicas.

De los Andes a los puertos del Atlántico

La idea básica consiste en conectar dos grandes áreas productivas argentinas con la costa atlántica.

Una es el noroeste, donde se encuentran importantes reservas de litio y otros minerales. La otra es Vaca Muerta, una de las mayores formaciones de hidrocarburos no convencionales del mundo.

Para trasladar esos recursos hacia los mercados internacionales se requieren ferrocarriles, puertos, vías navegables, gasoductos y oleoductos, además de infraestructura eléctrica y digital.

Estados Unidos ofrece capital, financiamiento, tecnología y participación de sus empresas para desarrollar esa red.

La declaración señala explícitamente que el corredor permitirá aumentar las exportaciones argentinas de minerales, petróleo y gas mediante inversiones estadounidenses o respaldadas por Estados Unidos.

No se trata, por tanto, simplemente de construir una carretera o una línea ferroviaria. El concepto de corredor integra recursos naturales, energía, transporte, comunicaciones y financiamiento.

Ferrocarriles, puertos y vías navegables

Uno de los primeros componentes es el transporte.

Washington y Buenos Aires identificarán proyectos prioritarios para rehabilitar y ampliar ferrocarriles, vías navegables y puertos. El acuerdo contempla expresamente oportunidades para que compañías estadounidenses participen en licitaciones o como subcontratistas.

Entre las posibilidades mencionadas por la prensa argentina aparecen el sistema ferroviario de cargas, la infraestructura asociada a la Hidrovía y conexiones destinadas a sacar la producción de Vaca Muerta hacia los puertos atlánticos. No todos esos proyectos se encuentran todavía adjudicados ni financiados.

La lógica es sencilla: Argentina posee recursos minerales y energéticos abundantes, pero una de sus principales limitaciones para expandir las exportaciones es precisamente la infraestructura necesaria para transportarlos.

Vaca Muerta y el gas argentino

La energía constituye probablemente el componente económicamente más importante.

El acuerdo establece que Estados Unidos ayudará al desarrollo comercial de Vaca Muerta mediante inversión, tecnología y herramientas financieras que incluyen préstamos directos, garantías y seguros destinados a movilizar capital, equipos y proveedores estadounidenses.

Una parte sustancial del financiamiento actualmente considerado está relacionada con Argentina LNG, el gran proyecto destinado a convertir el gas de Vaca Muerta en gas natural licuado para exportarlo por vía marítima.

El Export-Import Bank de Estados Unidos ha planteado un financiamiento potencial de hasta 6.000 millones de dólares para este proyecto, encabezado por YPF junto con la italiana ENI y XRG, de Emiratos Árabes Unidos.

El proyecto completo de Argentina LNG es mucho mayor y contempla inversiones de decenas de miles de millones de dólares durante sus diferentes etapas. El respaldo estadounidense anunciado corresponde solamente a una parte de ese desarrollo.

Los minerales críticos

El segundo gran objetivo estratégico son los minerales.

Estados Unidos y Argentina ya mantienen un marco de cooperación sobre minerales críticos. El nuevo corredor pretende utilizarlo para apoyar tanto la extracción como el procesamiento de esos recursos y diversificar las cadenas internacionales de suministro.

Argentina posee grandes reservas de litio y importantes proyectos de cobre, dos materiales esenciales para la electrificación, baterías, redes eléctricas y numerosas tecnologías industriales.

Es aquí donde el proyecto adquiere una dimensión que supera ampliamente la relación bilateral entre Milei y Trump.

Estados Unidos busca asegurar cadenas de suministro que reduzcan vulnerabilidades en sectores estratégicos y ampliar el acceso occidental a minerales esenciales para la industria y las nuevas tecnologías.

La declaración bilateral habla precisamente de fortalecer las cadenas de suministro críticas del hemisferio occidental.

También infraestructura digital

Hay un cuarto componente menos visible pero igualmente significativo.

El Corredor Andes-Atlántico incorpora infraestructura digital y establece que los proyectos deben desarrollarse sobre una base de “tecnología confiable”, destinada, según el documento, a garantizar eficiencia y ciberseguridad.

Las áreas consideradas incluyen telecomunicaciones, fibra óptica, conectividad, cables submarinos y sistemas tecnológicos relacionados con la infraestructura y el comercio.

La expresión “tecnología confiable” tiene especial importancia porque forma parte del lenguaje que Washington viene utilizando en su política internacional sobre infraestructura digital.

El acuerdo no establece una prohibición general contra empresas chinas. De hecho, el canciller Quirno ha negado que exista una cláusula destinada a excluir a China.

Pero el énfasis estadounidense en cadenas de suministro seguras y tecnología confiable debe entenderse en un escenario internacional marcado por la competencia con Beijing por infraestructura, telecomunicaciones, recursos minerales y mercados.

¿Quién paga?

El modelo tampoco consiste simplemente en que el Tesoro estadounidense entregue miles de millones de dólares al Gobierno argentino.

Washington pretende utilizar distintas instituciones financieras públicas para reducir riesgos y facilitar inversiones.

Entre ellas aparecen el Export-Import Bank de Estados Unidos (EXIM), la Development Finance Corporation (DFC) y la U.S. Trade and Development Agency (USTDA). Esos instrumentos pueden proporcionar préstamos, garantías, seguros, asistencia técnica y otras formas de apoyo capaces de movilizar posteriormente capital privado.

Argentina, por su parte, se compromete a mantener condiciones favorables para esas inversiones mediante marcos regulatorios transparentes y previsibles y protecciones jurídicas para los inversionistas.

El esquema tiene también un beneficio explícito para Washington.

Las empresas estadounidenses podrán competir por contratos, proporcionar tecnología, equipamiento y servicios y participar en proyectos financiados o respaldados por instituciones estadounidenses.

El propio Quirno ha explicado que EXIM financia fundamentalmente a proveedores estadounidenses para que puedan participar en los proyectos argentinos.

Un corredor hacia “los mercados occidentales”

Hay una expresión particularmente reveladora en la declaración conjunta.

El objetivo es conectar los sectores económicos estratégicos argentinos no solamente con los puertos del Atlántico, sino con los “mercados occidentales”.

El concepto coloca el proyecto dentro de una estrategia internacional más amplia.

Estados Unidos está impulsando corredores económicos en distintas regiones del mundo para asegurar infraestructura y cadenas de suministro consideradas estratégicas. El proyecto argentino se inserta en esa tendencia y pretende aumentar la participación estadounidense en un país donde China se ha convertido durante las últimas décadas en un importante socio comercial, financiero y de infraestructura.

Eso no significa que Argentina haya roto sus relaciones económicas con Beijing ni que el acuerdo establezca semejante obligación.

Pero sí muestra una competencia cada vez más visible por el control y financiamiento de la infraestructura que permitirá explotar y transportar los recursos estratégicos latinoamericanos durante las próximas décadas.

El contexto del Escudo de las Américas

El anuncio argentino se produce prácticamente al mismo tiempo que la creación del Escudo de las Américas, la iniciativa impulsada por Trump a la que Chile acaba de incorporarse junto a otros gobiernos de la región.

Son instrumentos distintos y no corresponde confundirlos.

El Corredor Andes-Atlántico es un acuerdo bilateral entre Argentina y Estados Unidos orientado fundamentalmente a infraestructura e inversión.

El Escudo constituye un mecanismo político de coordinación entre varios gobiernos del continente.

Pero resulta difícil no advertir algunas coincidencias.

En ambos aparecen conceptos como minerales críticos, cadenas de suministro confiables, infraestructura digital, inversión estadounidense y seguridad hemisférica.

El Escudo agrega además cooperación contra el crimen organizado y coordinación diplomática y multilateral.

Vistos en conjunto, los anuncios realizados esta semana en Nueva York permiten observar una política estadounidense hacia América Latina que no se limita a la seguridad.

Incluye recursos naturales, energía, infraestructura, tecnología, inversiones y cadenas de suministro.

Argentina como pieza estratégica

Para Milei, el acuerdo representa la posibilidad de conseguir el capital necesario para desarrollar recursos que Argentina posee en abundancia pero cuya explotación exige enormes inversiones.

Para Estados Unidos, ofrece acceso económico y empresarial a algunos de los sectores más estratégicos de la economía argentina.

Los intereses no son necesariamente idénticos, pero pueden coincidir.

Argentina necesita inversiones.

Estados Unidos necesita energía, minerales, cadenas de suministro seguras y una mayor presencia económica en América Latina.

El Corredor Andes-Atlántico intenta conectar ambas necesidades.

Por eso el verdadero corredor que Washington y Buenos Aires acaban de anunciar no une solamente los Andes con el océano.

También conecta minerales, petróleo, gas, infraestructura y tecnología latinoamericanos con una estrategia estadounidense que vuelve a colocar al hemisferio occidental en el centro de sus prioridades internacionales.

 

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