Columnistas

La remontada épica de Lula contra el clan Bolsonaro y el algoritmo de Meta/Zuckerberg

Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 23 segundos

El domingo 25 de octubre de 2026, Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), derrotó en segunda vuelta al senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), por 51,79 % contra 48,21 %. Tres semanas antes, el heredero del clan, hijo del expresidente condenado por golpismo, le llevaba 2,2 millones de votos. Desde 1989 nadie había revertido un balotaje en Brasil. A los 81 años, Lula inicia su cuarto mandato.

Vista desde el continente, la victoria es un suspiro de alivio. Desde 2023, la derecha trumpista ha conquistado nueve gobiernos latinoamericanos, de Milei en Argentina a Kast en Chile y De la Espriella en Colombia. Brasil era la pieza que le faltaba al tablero. No cayó.

Conviene recordar con qué armas se libra esa ofensiva. En agosto fue detenido en Bolivia el estratega argentino Fernando Cerimedo, cercano a Milei y a Jair Bolsonaro. En La Paz aparecieron cuentas secretas y una granja de bots al servicio de campañas en varios países. La ultraderecha no es un estado de ánimo: es una red con dinero, técnica y prácticas mafiosas.

¿Cómo se revirtió el resultado en Brasil? Con los votos de quienes no votaban. La abstención cayó de 21,08 % a 19,2 %, la mayor baja entre dos vueltas de su historia. Tres millones más de brasileños/as acudieron a las urnas, sobre todo en el Nordeste y en los municipios pobres. Lula radicalizó su discurso hacia los sectores populares, los jóvenes y los abstencionistas.




El “ejército” del general Janones entró en acción al día siguiente de la primera vuelta. André Janones, antiguo cobrador de autobús y diputado de la Red Sostenibilidad (Rede), aliada del PT, reactivó el 5 de octubre un canal de WhatsApp que tenía 50.000 inscritos. Tres semanas después reunía a casi 11 millones de “soldados” con “misiones” diarias. El Tribunal Superior Electoral (TSE) lo suspendió dos veces a pedido de Bolsonaro hijo, y dos veces volvió. Contra las granjas de bots, millones de cuentas reales.

La lección vale para todas las izquierdas: se puede derrotar a la ultraderecha en su terreno, el algoritmo de Meta, la empresa de Zuckerberg señalada incluso por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por favorecer a Flávio Bolsonaro. Janones enseñó a dominarlo: compartir antes de mirar, no responder jamás al adversario y publicar todos en el mismo minuto para provocar una avalancha. Y recuperar los símbolos secuestrados, de la bandera a la camiseta de la selección.

El último debate, el viernes 23 de octubre, lo condensó todo. Bolsonaro hijo se burló de los “nueve dedos” del presidente. Lula respondió que perdió el dedo a los 17 años, en un turno de noche en la fábrica, y que Bolsonaro Jr. solo había parasitado de político en la oficina de su padre. Pablo Stefanoni lo resumió en El País: Lula convirtió el agravio personal en agravio social. La cuestión de clase volvió al centro de la campaña.

La táctica más sencilla, sin embargo, es también la más antigua: la agitación leninista —“no votamos para elegir un presidente, sino para que la ultraderecha no nos arrebate nuestros derechos conquistados”. Hablar cara a cara en los barrios, las iglesias, las fábricas, las oficinas y las aulas. Así nació el PT en 1980, con el nuevo sindicalismo del ABC paulista y las comunidades eclesiales de base. Y así se hizo la “Operación Remontada”: millones convenciendo y argumentando sobre el peligro social que representa la ultraderecha a parientes, vecinos y colegas de trabajo.

Pero un canal no es una organización. Fue vertical, una voz y millones de ejecutores, y posiblemente se disolverá con la campaña, aunque Janones pidió a sus seguidores mantener la movilización con la consigna de que “la guerra no acabó”. Tampoco el PT produjo la remontada: la militancia llena de pasión por mantener conquistas superó a su dirección. Lula gobernará con un Congreso de derecha, un Centrão que cobra cada voto y mercados que ya castigaron su victoria.

Detener a las ultraderechas exige una organización estable, motivada y apasionada por la igualdad, presente allí donde la gente vive y trabaja. Y un programa explicado sin descanso que defienda los intereses de las clases populares y genere conciencia: salarios, jornada, transporte, educación, salud, pensiones, vivienda e impuestos a las grandes fortunas. El sociólogo franco-quebequense Pierre Mouterde acierta al decir que la ultraderecha no es una fatalidad. Pero tampoco se la vence por accidente.

 

Leopoldo Lavín Mujica

 

Autor



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Proceso en España a los crímenes de la dictadura

 Proceso judicial y antecedentes del caso Pinochet

Historia y litigio por la confiscación de El Clarín

 Entrevistas, escritos y discursos de Salvador Allende

 Fondos recuperados del caso Riggs destinados a víctimas de la dictadura

El Clarín de Chile · Aviso legal Privacidad Política de cookies
Danzai Software