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La educación como negocio: el proyecto de Kast y la reproducción de la desigualdad

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Hablar del programa educativo de José Antonio Kast no es solo debatir sobre políticas públicas, sino sobre el tipo de sociedad que se quiere construir. Su propuesta en educación no es neutral ni busca las mejoras técnicas, sino que es profundamente ideológica y responde a los intereses de la clase dominante, reforzando un modelo que históricamente ha excluido a los sectores populares y a la clase trabajadora.

El proyecto educativo de Kast se basa fundamentalmente en el principio de *la libertad de enseñanza*, apunta a “recuperar la educación chilena, restaurar el orden en las aulas y devolver a las familias el derecho a elegir” un concepto que, en la práctica, solo ha servido para profundizar cada vez más la mercantilización de la educación. Bajo este principio, la educación deja de ser un derecho social y se transforma en un bien de consumo, donde la calidad y las oportunidades dependen del bolsillo de las familias. Y esto no es otra cosa que la subordinación de la educación a la lógica del mercado capitalista y en el actual patrón de acumulación neoliberal.

En este modelo, la escuela y la universidad no cumplen un rol emancipador, sino uno funcional al sistema: reproducir las desigualdades de clase existentes. Los hijos e hijas de la clase trabajadora acceden mayoritariamente a instituciones precarizadas, mientras las élites aseguran su reproducción social mediante una educación privada de excelencia. Luego, el sistema tiene el descaro de hablar de “mérito” y “esfuerzo individual”, ocultando las profundas desigualdades materiales de origen.

El programa de Kast no propone transformar esta realidad, sino consolidarla. No cuestiona el mercado en la educación, la segregación ni el endeudamiento estudiantil; por el contrario, refuerza la idea de que la competencia entre establecimientos es deseable. Desde nuestra posición de clase, sabemos que la competencia no genera igualdad, sino que profundiza la concentración de recursos y poder. En educación, esto se traduce en más exclusión y menos justicia social.




Otro aspecto preocupante es el énfasis conservador y autoritario de su propuesta. El ataque a enfoques críticos, como la educación sexual integral o las perspectivas de género, no es casual. Limitar estos contenidos significa limitar la capacidad de las y los estudiantes para comprender las relaciones de poder que atraviesan nuestra sociedad de clase. Una educación sin pensamiento crítico es una educación al servicio del orden establecido.

Kast propone una formación orientada principalmente a la empleabilidad y la productividad. Desde nuestra mirada, esto reduce a las y los estudiantes a mera fuerza de trabajo al servicio del capital. La educación deja de ser un espacio para el desarrollo integral del ser humano y se convierte en una fábrica de mano de obra disciplinada, adaptable y acrítica. Es la educación como instrumento de alienación, no de liberación.

Como organización estudiantil clasista y popular, creemos que la educación debe cumplir un rol completamente distinto. Debe ser una herramienta para comprender el mundo y transformarlo, para desarrollar conciencia de clase, organización colectiva y pensamiento crítico. Una educación emancipadora no puede existir en un sistema que prioriza la ganancia privada por sobre las necesidades sociales.

 

El programa educativo de Kast representa una amenaza para quienes soñamos con una educación pública, democrática y al servicio de la clase trabajadora y el pueblo. No es solo un retroceso, es la profundización de un modelo impulsado por décadas por los distintos sectores políticos del aparato estatal y que en la práctica demuestra cada año su insuficiencia en materia educativa, pero que bien sabemos que las cuentas son contrarias si hablamos en materia de negocio.

Frente a esto, nuestra tarea como estudiantes organizados es clara: defender la educación como derecho popular y como espacio de lucha contra la desigualdad y la dominación de clase.

Porque la educación no debe formar obedientes, sino sujetos críticos. No debe servir al mercado, sino a la clase trabajadora y al pueblo

 

Estudiantes de la Causa Popular (ECP)

 

 



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