Economía y Mercados en Marcha

Marcel responde a Quiroz y desarma el relato de la “caja vacía”

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La disputa por el estado de las finanzas públicas sumó un nuevo capítulo esta semana, luego de que el exministro de Hacienda Mario Marcel saliera a responder directamente a los cuestionamientos del actual titular de la cartera, Jorge Quiroz. El eje del conflicto no es menor: si Chile heredó una situación fiscal crítica o si, por el contrario, el diagnóstico del gobierno de José Antonio Kast exagera para justificar su agenda económica.

Ante la Comisión de Hacienda de la Cámara, Marcel fue categórico. El énfasis del Ejecutivo en el bajo nivel de “caja fiscal” —cifrada en US$46 millones a diciembre de 2025—, dijo, responde más a una construcción política que a un problema económico real. “La caja no le importa a nadie”, afirmó, en una frase que apunta directamente al corazón del relato oficialista.

Más allá del tono, el argumento del exministro es técnico. La caja fiscal, explicó, no es un indicador relevante para evaluar la salud financiera del Estado. Se trata simplemente del flujo de liquidez disponible en un momento determinado, una especie de “circulante” que se utiliza para pagar obligaciones inmediatas. Lo que realmente importa —subrayó— es el presupuesto y la capacidad de financiamiento del país.

En ese punto, Marcel introduce una distinción clave que tensiona el discurso del gobierno: no es lo mismo una situación fiscal estrecha que una crisis fiscal. Chile, sostiene, sigue teniendo acceso expedito al crédito internacional y no enfrenta restricciones estructurales para financiar su gasto. De hecho, recordó que cuando se alcanzó el nivel mínimo de caja en 2025, “no pasó nada”: el Estado siguió funcionando con normalidad, sin interrupciones ni efectos visibles.




El mensaje es claro: la narrativa de la “caja vacía” no se sostiene como diagnóstico económico. Más bien, sugiere Marcel, se trataría de un recurso discursivo para instalar la idea de urgencia y justificar decisiones posteriores, como recortes de gasto o reformas estructurales.

Esta lectura adquiere mayor relevancia en el contexto del actual debate sobre el Plan de Reconstrucción Nacional y la denominada “ley miscelánea”. Desde la oposición se ha acusado al gobierno de utilizar un escenario fiscal sobredimensionado para impulsar medidas como la rebaja de impuestos corporativos. En ese marco, el argumento de una caja fiscal “agotada” cumple un rol funcional: construir la idea de que no hay alternativas.

Sin embargo, la exposición de Marcel introduce matices que debilitan esa premisa. Si el problema no es de liquidez inmediata ni de acceso a financiamiento, entonces el margen de maniobra del Estado es mayor al que se ha planteado públicamente. Y eso abre preguntas incómodas: ¿es realmente inevitable ajustar el gasto? ¿Es imprescindible reducir impuestos en este contexto? ¿O se trata de decisiones políticas más que de restricciones objetivas?

El exministro también abordó otro punto sensible: la dificultad de ajustar el gasto público. Reconoció que el presupuesto actual es estrecho —con un crecimiento del gasto de apenas 1,7%—, pero advirtió que recortar no es un proceso simple ni lineal. “No es tan fácil ajustar”, señaló, destacando que siempre existen excepciones y presiones que forman parte de la gestión presupuestaria.

Este reconocimiento contrasta con la idea de ajustes rápidos y generalizados que ha sugerido el Ejecutivo. En la práctica, cualquier intento de reducción significativa del gasto implica costos políticos y sociales, especialmente en áreas sensibles. De ahí que la insistencia en un escenario de escasez extrema pueda ser interpretada como una forma de preparar el terreno para decisiones impopulares.

Marcel reforzó su argumento con un elemento político adicional: la experiencia reciente. Recordó que el gobierno de Gabriel Boric asumió en condiciones fiscales incluso más estrechas, y aun así logró gestionar la situación sin recurrir a narrativas alarmistas ni paralizar la acción del Estado. La comparación no es casual. Apunta a demostrar que la actual administración dispone de herramientas similares —o incluso mejores— para enfrentar el escenario.

En paralelo, el exministro defendió la gestión de mecanismos como el Mepco, destacando que el gasto asociado al alza internacional de los combustibles ha sido compensado con medidas equivalentes. Este punto refuerza la idea de que, pese a las presiones externas, el manejo fiscal ha mantenido cierto equilibrio.

En suma, la intervención de Marcel no solo responde a Quiroz, sino que reconfigura el debate. Al cuestionar la centralidad de la “caja fiscal”, desplaza la discusión desde un terreno aparentemente técnico hacia uno abiertamente político: el uso de ciertos indicadores para construir relatos que legitimen decisiones.

La disputa, entonces, va más allá de cifras puntuales. Se trata de cómo se interpreta la realidad fiscal y, sobre todo, de cómo esa interpretación condiciona el margen de acción del Estado. En ese escenario, la frase “la caja no le importa a nadie” no es solo una provocación. Es una advertencia sobre los riesgos de simplificar —o instrumentalizar— el debate económico.

Porque si el diagnóstico es equivocado, las soluciones también pueden serlo. Y en un contexto donde se discuten reformas de alto impacto, como cambios tributarios o ajustes al gasto, la precisión no es un lujo técnico: es una condición básica para la toma de decisiones responsables.



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