
Cuba asediada: ¡Comandante en Jefe, ordene!
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A usted pudiera no gustarle el socialismo cubano. Y creer en Cristo y no en Fidel. Pudiera ser legítimamente partidario del libre mercado y del capitalismo. Y quizás para usted el Ché Guevara no era más que un aventurero. Y en el uso legítimo de sus convicciones, sus posiciones serían respetables.
Puede ser que le cargue la rumba y el ron solo por ser cubanos.
Pero si usted además de creer como cree, es una persona humana razonablemente respetuosa de las diferencias, de las opciones legitimas de los seres humanos, respetuoso de los niños y de la vida, tendría que sentirse afectada por que lo que pende sobre Cuba por parte del imperialismo más peligroso y enemigo de los pueblos: la amenaza de ser atacada, bombardeada, destruida, secuestrados su dirigentes, mancillado su derecho a existir y asesinados su habitantes.
La decisión de Trump y su equipo de genocidas no tiene que ver con el riesgo que supuestamente es Cuba con relación a Estados Unidos. La economía de Estados Unidos es trescientes veces más grande que la cubana, la población norteamericana es de casi trescientos millones mientras que la cubana es de diez. Las fuerzas armadas de Estados Unidos son infinitamente más poderosas que las de la isla.
¿Dónde reside entonces el peligro en un enemigo infinitamente menor en envergadura que la potencia del norte?
En que Cuba es un ejemplo de humanidad y USA es el enemigo de esta. Y, aunque no es el paraíso, tampoco es el infierno, es solo un pueblo pacífico y solidario que busca su propia historia y que merece respeto y solidaridad.
Cuba es un mal ejemplo si se mira desde el punto de vista del egoismo. Si se observa desde la mirada de quienes de los niños hacen negocio, Cuba es un peligro. Si se considera desde los criterios de quienes lucran con las enfermedades evitables que diezman la población de niños en países de los que nadie se preocupa, entonces Cuba es un peligro. Si se mide por la contribución a salvar vidas en los más remotos rincones olvidados por el capitalismo y sus oropeles, entonces Cuba es un peligro.
Cuba y sus principios de solidaridad que no da lo que sobra si no de lo que se tiene y muchas veces escasea, su idea fundante del internacionalismo proletario como la fraternidad entre los pueblos, su convicción profunda y genuina de sentir los dolores de todos los pueblos que sufren, por cierto que la hacen un ejemplo que debe ser borrado para que no afecte el negocio de los que lucran con los dramas humanos.
De Cuba se ha dicho de todo.
Se la ha acusado de infinidad de todo cuanto puede caber en la imaginación del imperio para justificar su atrocidades de las cuales el bloqueo que sufre la isla y que lleva más de sesenta años, ha sido de tal extremo execrable y condenable, que por decenios prácticamente todos los países de mundo han llamado a ponerle término.
Y aún así, sometida a las estrecheces y dificultades que ningún país del mundo aguantaría, el aguerrido pueblo de Fidel se ha dado a la tarea de sobrevivir levantando muy alto su honor y decoro.
Que Cuba sobreviva es el último refugio y esperanza de los pueblos.
Cuba es un mal ejemplo porque fue capaz de labrar su independencia al costo de su sangre y la claridad de sus líderes.
Fue el pueblo cubano que primero se deshizo de una dictadura criminal y corrupta y luego fue capaz de propinar la primera derrota del imperio en tierras latinoamericana. Y ha sido capaz de impregnar con su ejemplo a generaciones de seres humanos.
Bloqueada desde los primeros tiempos de su revolución, Cuba ha debido caminar por propio pie y pensar por propia cabeza. Y eso es inaceptable para el imperio.
Y de ese proceso inédito surgió quizás el político más importante del siglo veinte, Fidel Castro.
No se pude separar la historia de Cuba de la vida y obra del Comandante en Jefe de los pobres y humildes del mundo. Centenares de veces se intentó su asesinato y, como él mismo dijo, no pudieron. Cuando sintió cumplida su misión, Fidel murió cuando le dio la gana.
Por decenios, su porte y aspecto de guerrillero de la noble causa de la libertad de los sojuzgados pueblos de América Latina, inspiró los procesos de liberación nacional y de la independencia de los países sometidos por el imperio y sus satélites europeos.
La configuración actual de África y su proceso acelerado de descolonización que ha abandonado a las metrópolis europeas, saqueadoras y genocidas, tiene mucho que ver con el aporte que Cuba desinteresadamente hizo y hace a esos procesos de liberación. Y en la guerra de Angola que por estos días cumple cincuenta años, Cuba solo pidió volver a casa con sus muertos.
Hoy el planeta entero se debate en una dicotomía terrible: barbarie o humanidad.
Y si bien hay señales de que esa contradicción está en proceso de resolverse, no será un proceso fácil.
Los enemigos de la humanidad, aquellos que propician la barbarie, se aprestan a jugar sus últimos zarpazos amenazando al mundo con el holocausto al ver que un nuevo orden se avizora y que ya genera sus primeros avances.
Por eso el imperio ha agudizado su sitio a Cuba. Argumentado falacias y groseras imputaciones, los aleteos que anuncian su decadencia se tornan más peligrosos aún ante la necesidad de mostrarse como los que todavía determinan lo que se hace y lo que no en el planeta.
Pero ya es tarde.
Por el bien de la humanidad y de los cubanos, sus niños su viejos, mujeres y hombres, esperemos que el imperio piense un par de veces su ofensiva criminal contra la isla. Y que tome en serio la decisión que alguna vez hizo saber Fidel: “Nacimos en un país libre que nos legaron nuestros padres, y primero se hundirá la isla en el mar antes que consintamos en ser esclavos de nadie».
Ricardo Candia Cares





