
Colombia entra en una segunda vuelta explosiva entre la izquierda de Cepeda y la ultraderecha de De la Espriella
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Colombia quedó este domingo al borde de una de las elecciones más polarizadas de su historia reciente tras los resultados de la primera vuelta presidencial, que dejaron enfrentados para el balotaje al candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella y al senador de izquierda Iván Cepeda.
Con más del 99% de las mesas escrutadas, De la Espriella obtuvo alrededor del 44% de los votos, mientras Cepeda alcanzó cerca del 41%, en una elección mucho más estrecha de lo previsto por varias encuestas.
El resultado confirmó el fuerte giro político que vive Colombia tras el gobierno de Gustavo Petro y mostró un país profundamente dividido entre dos proyectos completamente opuestos sobre seguridad, economía, reformas sociales y rol del Estado.
La sorpresa más importante de la jornada fue el desplome de la candidata uribista Paloma Valencia, quien apenas superó el 6% de los sufragios pese al respaldo del expresidente Álvaro Uribe y de importantes sectores de la derecha tradicional colombiana.
Tras conocerse los resultados, Valencia anunció rápidamente su apoyo a De la Espriella para la segunda vuelta, consolidando un bloque conservador que buscará capitalizar el desgaste acumulado por el gobierno progresista de Petro.
Iván Cepeda, en tanto, logró consolidar gran parte del voto de izquierda, progresista y reformista que respaldó las transformaciones impulsadas durante los últimos años. Históricamente ligado a la defensa de los derechos humanos, las víctimas del conflicto armado y los acuerdos de paz, Cepeda se presentó como el continuador político del ciclo abierto por Petro.
Del otro lado, Abelardo de la Espriella construyó su candidatura mediante un discurso de mano dura, reducción del gasto público, rebajas tributarias y confrontación directa contra la izquierda. Durante la campaña utilizó una retórica cercana a las nuevas derechas radicales que han emergido en distintos países de América Latina y Europa.
La elección dejó además otra señal relevante: el debilitamiento de los partidos tradicionales.
Mientras el progresismo logró mantener una base electoral importante, la derecha histórica vinculada al uribismo fue desplazada por una figura mucho más agresiva discursivamente y con un perfil claramente identificado con la nueva ultraderecha latinoamericana.
La participación electoral superó el 56%, reflejando el alto nivel de movilización política que marcó toda la campaña.
La jornada transcurrió sin incidentes graves pese a las advertencias previas sobre posibles episodios de violencia política y tensiones territoriales en algunas regiones del país.
Ahora todas las miradas se concentran en la segunda vuelta programada para el próximo 21 de junio.
La gran incógnita será si Iván Cepeda logra ampliar su apoyo hacia sectores moderados y centristas o si Abelardo de la Espriella consigue reunir detrás suyo a toda la derecha colombiana y transformarse en el principal beneficiario del desgaste económico y político que enfrenta el progresismo.
Más allá del resultado final, la elección deja una señal clara para América Latina: las disputas abiertas en torno a desigualdad, seguridad, reformas sociales, modelo económico y democracia continúan reorganizando profundamente los sistemas políticos de la región.
Colombia aparece hoy como uno de los escenarios más visibles de esa confrontación.
Y la segunda vuelta de junio podría transformarse en una de las definiciones políticas más importantes del continente durante 2026.
Fuentes: Reuters, El País, RTVE, El Confidencial, Registraduría Nacional de Colombia.





