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Perú decide entre dos caminos: balotaje enfrenta a Keiko Fujimori y Roberto Sánchez en una elección abierta e incierta

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Más de 27 millones de peruanos fueron convocados este domingo a las urnas para elegir al próximo presidente del país. La disputa entre la derechista Keiko Fujimori y el candidato de izquierda Roberto Sánchez llega a su definición en medio de una profunda crisis de representación, con encuestas que anticipan un resultado estrecho y difícil de proyectar.

Perú vive este domingo una de las jornadas electorales más importantes de las últimas décadas. Tras años de inestabilidad política, crisis institucional y desgaste de las élites gobernantes, el país deberá optar entre dos proyectos políticos contrapuestos en una segunda vuelta presidencial marcada por la incertidumbre.

Por un lado, Keiko Fujimori busca llegar por cuarta vez a la presidencia. La líder de Fuerza Popular representa la continuidad del modelo económico neoliberal instaurado en los años noventa y una agenda centrada en la seguridad, el control del orden público y el fortalecimiento de la inversión privada.

Frente a ella aparece Roberto Sánchez, dirigente de izquierda y exministro, quien ha construido una candidatura apoyada por organizaciones sociales, sindicales y sectores progresistas. Su programa propone reformas estructurales, una mayor intervención del Estado en áreas estratégicas de la economía y la apertura de un proceso constituyente para reemplazar la Constitución heredada del período fujimorista.




Más allá de los candidatos, la elección refleja una disputa sobre el rumbo político del país después de una década marcada por la inestabilidad. Desde 2018, Perú ha tenido una sucesión de presidentes, destituciones, investigaciones por corrupción y conflictos permanentes entre el Ejecutivo y el Congreso. La crisis alcanzó uno de sus momentos más agudos con la destitución de Pedro Castillo en 2022 y las protestas que sacudieron al país en los años siguientes.

El peso del fujimorismo

Como ha ocurrido en anteriores elecciones, el apellido Fujimori vuelve a ocupar el centro del debate político peruano.

Para sus partidarios, Keiko Fujimori representa experiencia, gobernabilidad y capacidad para enfrentar la creciente inseguridad ciudadana. Para sus detractores, encarna la continuidad de una tradición política asociada al autoritarismo, la corrupción y las violaciones a los derechos humanos cometidas durante el gobierno de Alberto Fujimori.

Sin embargo, a diferencia de procesos anteriores, diversos analistas coinciden en que el denominado antifujimorismo parece haber perdido parte de la fuerza que mostró en las elecciones de 2011, 2016 y 2021.

La preocupación por la delincuencia, el estancamiento económico y la frustración con la clase política tradicional han modificado las prioridades de una parte importante del electorado, especialmente en los sectores urbanos.

La apuesta de la izquierda

Roberto Sánchez llega al balotaje como una figura menos conocida internacionalmente, pero con capacidad para canalizar el malestar acumulado en amplios sectores populares.

Su campaña ha insistido en la necesidad de reconstruir el papel del Estado, revisar la distribución de la riqueza generada por la minería y ampliar los derechos sociales en salud, educación y pensiones.

También ha planteado la necesidad de una nueva Constitución, una propuesta que conecta con demandas surgidas durante los años de movilización social, pero que genera resistencia en sectores empresariales y conservadores.

La candidatura de Sánchez ha intentado además captar parte del electorado que respaldó anteriormente a Pedro Castillo, aunque sin reproducir exactamente el mismo discurso ni la misma estrategia política.

Una elección voto a voto

Las encuestas difundidas antes de la prohibición legal para publicar sondeos mostraban una competencia extremadamente estrecha.

Algunas mediciones otorgaban una ventaja mínima a Fujimori, mientras otras registraban un empate técnico. La elevada cantidad de votantes indecisos y la histórica volatilidad del electorado peruano han llevado a los analistas a evitar pronósticos concluyentes.

Los primeros sondeos a boca de urna conocidos durante la jornada tampoco permiten anticipar un ganador claro, por lo que el escrutinio oficial podría extender la incertidumbre durante varias horas.

Una señal para América Latina

El resultado de Perú será observado con atención en toda la región.

La eventual victoria de Fujimori sería interpretada como un fortalecimiento de las fuerzas conservadoras en América Latina, en un contexto de avances de sectores de derecha en distintos países del continente.

Por el contrario, un triunfo de Sánchez sería leído como una recuperación de espacios para proyectos progresistas y reformistas que buscan cuestionar las políticas neoliberales predominantes en la región.

Por ahora, ninguna de esas hipótesis puede darse por segura.

Al cierre de esta edición, Perú seguía votando y la elección permanecía abierta. En un país acostumbrado a las sorpresas políticas, el desenlace todavía está por escribirse.

Fuentes: ONPE, Jurado Nacional de Elecciones, El País, France 24, Deutsche Welle.



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