
Perú entra en terreno incierto: Sánchez propone recuento total y Fujimori lo rechaza mientras miles de votos siguen en disputa
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La elección presidencial peruana se adentra en una fase crítica. Con menos de mil votos de diferencia entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, ambos comandos libran una batalla jurídica por cientos de miles de sufragios observados. La propuesta de un recuento general fue rechazada por la candidata derechista, mientras la proclamación oficial del próximo presidente podría tardar semanas.
La crisis de confianza que acompaña a las elecciones presidenciales peruanas sumó un nuevo capítulo este viernes, luego de que el candidato de izquierda Roberto Sánchez propusiera a su contendora, Keiko Fujimori, solicitar conjuntamente un recuento exhaustivo de los votos emitidos en el balotaje del pasado 7 de junio.
La iniciativa fue presentada en un momento particularmente delicado del escrutinio. Según los resultados oficiales difundidos por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Fujimori mantiene una ventaja mínima sobre Sánchez, equivalente a apenas unas centésimas porcentuales y menos de mil votos sobre un universo cercano a los 18 millones de sufragios válidamente emitidos.
“Le propongo que conjuntamente solicitemos una revisión exhaustiva”, señaló Sánchez, argumentando la necesidad de fortalecer la transparencia y despejar cualquier duda sobre el resultado final.
La respuesta del fujimorismo fue inmediata. Luis Galarreta, candidato a la primera vicepresidencia de Fuerza Popular, rechazó la propuesta señalando que el mejor compromiso con la transparencia consiste en respetar las reglas vigentes y las decisiones de los organismos electorales.
La negativa refleja una diferencia estratégica evidente. Mientras el comando de Sánchez busca ampliar la revisión de los votos, el entorno de Fujimori considera que el proceso institucional ya contempla los mecanismos suficientes para resolver las controversias.
El destino de la elección está en las actas observadas
Más allá de la disputa política, el verdadero desenlace de la elección parece depender ahora de un complejo proceso jurídico.
Más de 1.600 mesas de votación, equivalentes a cerca de 400 mil votos, permanecen bajo revisión de los jurados electorales especiales debido a observaciones, errores formales o impugnaciones presentadas por los partidos. Cada una de esas actas puede ser validada, corregida o anulada, y las decisiones pueden ser apeladas ante el Jurado Nacional de Elecciones.
La situación es tan estrecha que cualquier modificación relativamente pequeña podría alterar el resultado final.
A ello se suma el peso del voto de los peruanos residentes en el extranjero. Las cifras preliminares muestran que Fujimori ha obtenido un respaldo ampliamente mayoritario entre los migrantes, especialmente en Estados Unidos, Europa y Asia, lo que le permitió revertir la ventaja que Sánchez mantenía dentro del territorio peruano.
Los datos disponibles indican que, considerando únicamente los votos emitidos dentro del país, Sánchez conserva una ligera ventaja. Sin embargo, el sufragio exterior ha inclinado la balanza en favor de Fujimori.
Impugnaciones cruzadas
La tensión no se limita al conteo.
Ambos partidos han iniciado una ofensiva para impugnar actas favorables al adversario. Fuerza Popular busca anular votos procedentes principalmente de zonas rurales donde Sánchez obtuvo amplios apoyos, mientras Juntos por el Perú ha presentado recursos contra mesas del extranjero y cuestionado especialmente el procedimiento utilizado en Argentina.
La estrategia enfrenta obstáculos económicos y administrativos. Sánchez denunció que las tasas exigidas para tramitar las nulidades son extremadamente elevadas y aseguró que su partido necesita reunir recursos equivalentes a cerca de un millón de dólares para sostener todas las apelaciones presentadas.
Parte de esas solicitudes ya comenzaron a ser rechazadas por razones formales, incluyendo la falta de pago de los costos procesales exigidos por la legislación electoral peruana.
Un país dividido
La elección de 2026 se ha transformado en una de las más estrechas de la historia reciente del Perú.
El enfrentamiento entre Keiko Fujimori, heredera política del fujimorismo, y Roberto Sánchez, referente de la izquierda vinculada al expresidente Pedro Castillo, expresa la profunda polarización que atraviesa al país.
Durante la campaña ambos candidatos concentraron el voto de sectores sociales muy distintos. Fujimori dominó en las grandes ciudades, entre empresarios y en buena parte del electorado migrante. Sánchez logró sus mejores resultados en regiones rurales, comunidades andinas y sectores populares golpeados por la pobreza y la desigualdad.
La estrechez del resultado añade un desafío adicional al próximo gobierno: cualquiera sea el vencedor, llegará al Palacio de Gobierno con un mandato extremadamente frágil y con una sociedad dividida prácticamente en mitades.
Una definición que puede tardar semanas
La incertidumbre podría prolongarse bastante más de lo esperado.
Las autoridades electorales han advertido que la revisión de actas observadas y la resolución de apelaciones puede extenderse durante varias semanas antes de que exista una proclamación definitiva. Algunas estimaciones sitúan la definición oficial incluso a mediados de julio.
Mientras tanto, Perú continúa suspendido en un conteo voto a voto que mantiene en vilo al país.
A cinco días de la segunda vuelta, la presidencia sigue abierta. La diferencia entre ambos candidatos es tan reducida que cada acta observada, cada apelación y cada voto proveniente del exterior podría terminar definiendo quién gobernará una nación que ya acumula una década marcada por la inestabilidad política y la crisis institucional.
Reuters, Prensa Latina, El País (España), Associated Press, ONPE, Jurado Nacional de Elecciones de Perú





