Política Global

La salida de Starmer abre una nueva etapa para el Reino Unido

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Sir Keir Starmer anunció su dimisión como líder del gobierno británico, poniendo fin a un período breve pero turbulento al frente del Reino Unido. Mientras el Partido Laborista inicia el proceso para elegir a su sucesor, todas las miradas se dirigen hacia Andy Burnham, alcalde de Gran Manchester y figura que aparece como el principal favorito para asumir el liderazgo.

Si no surgen otros candidatos de peso, Burnham podría convertirse en primer ministro hacia mediados de julio. De concretarse, sería el séptimo jefe de gobierno británico en apenas diez años, una rotación inusual para una de las democracias más antiguas de Europa y una señal de la persistente inestabilidad política que atraviesa el país.

¿Qué representa Burnham?

Durante los últimos años Burnham se ha proyectado como una figura más cercana al ala socialdemócrata tradicional del laborismo que la representada por Starmer. Entre sus propuestas ha planteado aumentar la construcción de viviendas sociales, aliviar la carga tributaria de los sectores de menores ingresos y reforzar la intervención pública en áreas consideradas estratégicas.

También ha defendido un mayor control estatal sobre los servicios básicos privatizados, especialmente el agua, cuya gestión ha sido objeto de crecientes críticas debido al deterioro de la infraestructura, el aumento de tarifas y los problemas medioambientales.




Sin embargo, varias de las posiciones que lo diferenciaban del actual gobierno parecen haberse moderado. Aunque anteriormente se mostró partidario de una reintegración más estrecha con la Unión Europea, hoy limita sus planteamientos a fortalecer los vínculos económicos y comerciales con el continente.

En materia de defensa, Burnham ha terminado acercándose a las posiciones de Starmer, respaldando un aumento del gasto militar en un contexto marcado por las tensiones internacionales y los compromisos asumidos por Londres en el marco de la OTAN.

Tampoco se esperan cambios significativos en política migratoria. Tras años de endurecimiento de las normas sobre inmigración y asilo, todo indica que un eventual gobierno encabezado por Burnham mantendría buena parte de la línea seguida por Starmer, aunque posiblemente con un tono menos confrontacional.

Un líder nuevo, los mismos problemas

La salida de Starmer ha sido recibida con alivio por amplios sectores de la población. Después de meses de caída en las encuestas, conflictos internos y dificultades para responder a la crisis económica y social, una parte importante del electorado parece dispuesta a conceder a Burnham un período de gracia.

Pero el nuevo líder heredará un escenario extremadamente complejo.

El Reino Unido continúa enfrentando una profunda crisis del costo de la vida. Los precios de la vivienda y los arriendos siguen aumentando, los servicios públicos muestran signos de deterioro y el sistema nacional de salud continúa sometido a fuertes presiones después de años de recortes y privatizaciones parciales.

La situación también se refleja en el mundo laboral. Aunque los principales dirigentes sindicales han mantenido su respaldo al gobierno laborista, el apoyo entre las bases se ha debilitado considerablemente.

Encuestas recientes muestran que una parte significativa de los afiliados sindicales se inclina hoy por Reform UK, el partido liderado por Nigel Farage, fenómeno que evidencia el creciente desencanto de sectores populares que históricamente constituyeron el núcleo electoral del laborismo.

El avance de la ultraderecha

La expansión de Reform UK constituye probablemente el desafío político más inmediato para cualquier futuro gobierno laborista.

Farage y otros dirigentes de la derecha radical han construido su discurso atribuyendo a la inmigración buena parte de los problemas económicos y sociales que enfrenta el país. El argumento encuentra eco en comunidades golpeadas por la precarización laboral, la escasez de viviendas y el deterioro de los servicios públicos.

Paralelamente, los sucesivos gobiernos británicos han endurecido progresivamente las normas migratorias y de asilo. La obtención de residencia permanente se ha vuelto cada vez más difícil y el tiempo exigido para acceder a determinados derechos ha aumentado considerablemente.

Este clima ha contribuido al fortalecimiento de grupos de extrema derecha y al aumento de episodios de violencia racial y xenófoba en distintas ciudades británicas.

Durante las últimas semanas se han registrado disturbios y ataques contra inmigrantes y minorías étnicas en diversas localidades del país. Hace apenas unos días, desconocidos incendiaron la vivienda de un imán en Edimburgo mientras se encontraban en ella su esposa, cuatro hijos y un sobrino. El episodio recibió escasa cobertura en buena parte de la prensa nacional.

La cuestión económica

Las limitaciones económicas serán posiblemente el principal obstáculo para Burnham.

El Estado británico continúa arrastrando elevados niveles de endeudamiento y existe un amplio consenso dentro de la dirigencia laborista respecto de evitar incrementos significativos del déficit fiscal. Esto reduce considerablemente el margen para aumentar el gasto social o reconstruir servicios públicos deteriorados.

Al mismo tiempo, tanto Starmer como Burnham han defendido mayores inversiones en defensa, lo que plantea interrogantes sobre la disponibilidad de recursos para otras áreas prioritarias.

La contradicción resulta especialmente visible en un país donde cerca de un millón de jóvenes no estudian, no trabajan y no participan en programas de formación, mientras las oportunidades laborales continúan reduciéndose.

Numerosos especialistas sostienen que inversiones equivalentes en salud, cuidados, educación y asistencia social generarían más empleo que el gasto militar. Sin embargo, esa discusión ha permanecido en un segundo plano durante las últimas décadas.

Más que una crisis de liderazgo

La caída de Starmer difícilmente puede interpretarse únicamente como el fracaso de un dirigente político.

El Reino Unido atraviesa una crisis más profunda, marcada por años de bajo crecimiento económico, deterioro de los servicios públicos, dificultades para acceder a la vivienda y una creciente desconfianza hacia las instituciones tradicionales.

La eventual llegada de Andy Burnham podría ofrecer un breve respiro al laborismo. Sin embargo, si no logra responder a los problemas estructurales que afectan a millones de británicos, el descontento social seguirá alimentando el crecimiento de fuerzas populistas y de extrema derecha.

Más que el fin de un liderazgo, la salida de Starmer parece ser un nuevo capítulo de una crisis política que el Reino Unido aún está lejos de resolver.

 

Abelardo Clariana-Piga

Corresponsal en Reino Unido



Corresponsal en Reino Unido

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