Economía y Mercados en Marcha

Las cifras de la crisis laboral

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En aras de entender claramente el carácter y la profundidad de la crisis laboral – de la cual se habla crecientemente en la política nacional –  queremos aportar algunas cifras, correspondientes al trimestre marzo- mayo del presente año, que permiten ilustrar y  cuantificar ese fenómeno.

Hay que partir, en primer lugar, por mencionar que la población en edad de trabajar que existe en el país, es decir, los que tiene 15 años o más, suman 16 millones 651mil personas. Esa suma se divide en dos grupos: por un lado, los que están dentro de la fuerza de trabajo y los que están fuera de la fuerza de trabajo.

Los que están dentro de la fuerza de trabajo suman 10 millones 397 mil personas. Este grupo está compuesto, a su vez, por dos nuevas categorías:  los que están trabajando y los que están desocupados. Los primeros, lo que están trabajando suman 9 millones 416 mil personas. Los que están desocupados alcanzan hoy en día a los 981 mil habitantes del país.

Quedan, por lo tanto, fuera de la fuerza de trabajo, 6 millones 254 mil personas mayores de 15 años o más.  Se podría asumir, como hipótesis, que se trata fundamentalmente de estudiantes, enfermos, jubilados y adultos mayores. También se ubican en esta categoría las mujeres que desempeñan funciones no remuneradas en el seno del hogar, y los ni ni, que son los jóvenes entre 15 y 25 años, que no trabajan ni estudian.




Hay una categoría cuantitativamente importante – 930 mil personas mayores 15 años – que no están trabajando ni estudiando y que no buscan trabajo en forma activa – en muchos casos porque se aburrieron de buscar trabajo de manera infructuosa –pero que manifiestan que están dispuestos a trabajar si las condiciones económicas del país se lo permitieran. Esta categoría está presente en las estadísticas nacionales bajo el nombre de “inactivos potencialmente activo”. Pero mientras no lo busquen activamente se ubican fuera de la fuerza de trabajo

Los que están trabajando incluyen a todas las personas que desarrollan alguna actividad remunerada por lo menos durante una hora a la semana. Repetimos:  basta trabajar una hora a la semana para ser considerado como trabajador – no como desocupado – en las estadísticas nacionales.

Los que están desocupados se dividen, a su vez, en dos grupos: los cesantes, que son lo que estaban trabajando y dejaron de estarlo, y buscan trabajo activamente. El segundo grupo son los que buscan trabajo por primera vez. Los cesantes suman en marzo-mayo del presente año 879 mil personas y los que buscan trabajo por primera vez son 102 mil personas. Ambos grupos suman 981 mil personas, tal como ya se dijo en líneas anteriores. Ellos representan hoy en día el 9.4% de la fuerza de trabajo. Esa es la cifra que más corrientemente se menciona cuando se habla de la crisis laboral del país.

Finalmente, en esta breve incursión por el mercado laboral – hay que mencionar a los trabajadores informales, que son aquellos que trabajan sin acceso a los sistemas de salud ni previsión. Las últimas cifras calculan que ellos representan el 27 % de la fuerza de trabajo, – 2 millones 540 mil personas – las cuales forman parte de la masa trabajadores activos del país.

La tasa y la masa de los desocupados suele presentarse como la máxima expresión de los problemas laborales del país.  Sin embargo, si se suman los 981 mil desocupados, más los 930 mil inactivos potencialmente activos, más una parte importante de los informales, por lo menos un millón, y se le agregan aquellos trabajadores que laboran una hora o dos a la semana, y que están más cerca de la desocupación que del trabajo formal y permanente, se llega a una cifra aproximada de por lo menos de 4 millones de personas, cuatro de cada diez componente de la fuerza de trabajo.  Se trata de hombres y mujeres que se encuentran aportando nada o muy poco a la producción nacional, y que podrían hacer aportes positivos si la sociedad generara mecanismos como para ello.  Esta masa de compatriotas arrastra una existencia cercana a la pobreza o a la pobreza extrema, viven sin grandes expectativas y con alta precariedad y arrastran un sentimiento de minusvalía que deteriora el alma nacional. Esa es la crisis laboral global a la cual hay que prestarle atención.

 

 

Sergio Arancibia

 

 



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