
La guerra comercial vuelve a escalar: Trump prepara una nueva ofensiva arancelaria contra decenas de países
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La política comercial de Donald Trump vuelve a convertirse en uno de los principales factores de incertidumbre para la economía mundial. Apenas unos meses después de que la Corte Suprema de Estados Unidos limitara parte de su estrategia arancelaria, la Casa Blanca prepara una nueva batería de gravámenes que afectaría a unas 60 economías, reabriendo un conflicto comercial que parecía haber entrado en una fase de relativa contención.
La decisión no constituye un episodio aislado. Forma parte de una estrategia más amplia mediante la cual la administración Trump intenta reconstruir su política económica sobre un fuerte proteccionismo industrial, combinando argumentos de seguridad nacional, competencia geopolítica y reindustrialización de Estados Unidos.
Una nueva arquitectura para los aranceles
Según informó El País, el nuevo paquete contempla aranceles generales de entre 10% y 12,5% para decenas de países acusados por Washington de mantener prácticas comerciales consideradas desleales o insuficientes controles sobre el trabajo forzoso. Entre los potenciales afectados figuran China, México, varios países europeos y otras economías asiáticas.
La Casa Blanca busca además utilizar mecanismos jurídicos distintos a los que fueron parcialmente invalidados por los tribunales estadounidenses. En lugar de apoyarse exclusivamente en los poderes de emergencia utilizados anteriormente, la administración pretende recurrir a instrumentos tradicionales de la legislación comercial estadounidense, como la Sección 301 de la Ley de Comercio y el histórico artículo 338 de la Ley Smoot-Hawley, una norma prácticamente olvidada desde la década de 1930 y asociada a una de las etapas más proteccionistas de la historia económica de Estados Unidos.
El objetivo político es evidente: mantener la presión comercial incluso después del revés judicial sufrido por la Casa Blanca.
Brasil y Canadá: los primeros blancos
La nueva ofensiva ya comenzó a tomar forma durante las últimas semanas.
Washington impuso un arancel del 25% a diversos productos brasileños mientras amenaza con nuevas investigaciones comerciales que podrían elevar aún más esa carga tributaria. Brasil respondió anunciando un amplio programa de apoyo financiero para las empresas exportadoras afectadas y mantiene negociaciones con las autoridades estadounidenses para evitar una mayor escalada.
Canadá también enfrenta un deterioro acelerado de la relación bilateral. Trump anunció aranceles de hasta 50% sobre numerosos productos canadienses, decisión que incluso llevó al gobierno de Ottawa a cancelar una ceremonia conjunta con Estados Unidos para inaugurar el nuevo puente internacional Gordie Howe, un símbolo precisamente de la integración económica entre ambos países.
Más que comercio: una herramienta de política exterior
Aunque la Casa Blanca presenta estas medidas como una defensa de la industria estadounidense, el alcance de la estrategia va mucho más allá del comercio.
Los aranceles se están utilizando como instrumento de presión diplomática y geopolítica. Brasil ha sido objeto de sanciones mientras mantiene fuertes diferencias políticas con Washington; Canadá enfrenta presiones por diversas políticas comerciales; China continúa siendo el principal objetivo dentro de la competencia tecnológica global; y la Unión Europea permanece bajo constante amenaza de nuevas medidas.
La lógica es similar a la observada en otros ámbitos de la política exterior de Trump: convertir el acceso al mercado estadounidense en un mecanismo permanente de negociación política.
¿Funciona la estrategia?
Los resultados económicos siguen siendo objeto de debate.
Algunos indicadores muestran un aumento importante de la recaudación fiscal derivada de los aranceles y una reducción de determinadas importaciones provenientes de China. Sin embargo, diversos análisis sostienen que el impacto sobre la reindustrialización estadounidense continúa siendo limitado y que buena parte de los costos termina trasladándose a consumidores y empresas mediante mayores precios e incertidumbre para la inversión.
La propia administración ha debido modificar varias veces su estrategia debido a los cuestionamientos judiciales y a la complejidad de sostener un sistema arancelario tan amplio dentro de la legislación estadounidense.
Un mundo cada vez más fragmentado
La nueva ofensiva comercial confirma una tendencia más profunda que trasciende a Trump.
Durante décadas, la globalización descansó sobre la premisa de que el libre comercio era el principal motor del crecimiento mundial. Hoy esa lógica está siendo reemplazada por otra donde predominan la competencia estratégica, la seguridad económica y la relocalización de cadenas productivas.
Estados Unidos ya no discute únicamente déficits comerciales. Discute liderazgo tecnológico, control de minerales críticos, producción industrial, inteligencia artificial y autonomía estratégica frente a China.
En ese contexto, los aranceles dejan de ser un simple instrumento económico para transformarse en una pieza central de la nueva competencia entre potencias.
Para economías abiertas como Chile, altamente dependientes del comercio internacional y de la estabilidad de los mercados globales, esta nueva etapa implica un escenario considerablemente más incierto. La eventual desaceleración del comercio mundial, junto con mayores tensiones entre Estados Unidos, China y otros grandes bloques económicos, puede afectar tanto las exportaciones como los precios internacionales de materias primas y las decisiones de inversión.
La guerra comercial, lejos de haber terminado, parece ingresar ahora en una fase más sofisticada, jurídicamente más elaborada y políticamente más agresiva. Y todo indica que volverá a convertirse en uno de los principales ejes de la economía mundial durante los próximos meses.
Félix Montano
Fuentes: El País, Reuters, The Guardian y Financial Times





