
A propósito de las nuevas bases del Fondo del Libro 2027
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Se han hecho públicas las bases del Fondo del Libro 2027 en la línea Fomento a la Creación, y la verdad es que, si en años anteriores contenían una cantidad no menor de absurdos, este año las torpezas notables sobrepasan cualquier criterio literario mediocremente normal.
Sumado a la manera antiliteraria de calificar los proyectos (la escala de puntajes e indicadores, etcétera), nos encontramos con el “Anexo N° 2. Documentos de postulación”, donde aparecen los documentos de carácter taxativo. Definidos en: “Cartas de compromiso de los integrantes del “equipo de trabajo” (si corresponde)”; “Carta de recomendación y apoyo al desarrollo Creativo” y “Registro de propiedad intelectual”.
Si revisan el contenido de estos enunciados se podrán encontrar, además de la redacción confusa y ambigua (ni hablar de la redacción), con un despropósito mayúsculo cuya intención al parecer es poner la mayor cantidad de trabas a los postulantes. Es evidente que las bases fueron redactadas, nuevamente, como viene ocurriendo hace años, por personas que de literatura no entienden nada. Quienes redactan las bases son el departamento jurídico y jefaturas como las de la secretaria ejecutiva y de fomento, y son los nueve consejeros quienes ratifican y validan dichas decisiones (tomadas a cuatro paredes por personajes ineptos en literatura, pero con sabrosos sueldos y BONOS).
Sobre los consejeros son válidas las preguntas: ¿De qué sirven los dos representantes de los escritores en el Consejo del Libro? ¿De qué han servido todos estos años? Para mí la respuesta es muy simple: No han servido de nada; solo han servido para legitimar un sistema dañino para la inmensa mayoría de los postulantes. Les aseguro que si se realizara una auditoría administrativa y contable al ministerio de Cultura se haría realidad la frase oída por Hamlet al guardia Marcelo.
Alejandro Lavquén





