
La extrema derecha rompe una barrera en Alemania: AfD arrasa en Sajonia-Anhalt y apunta al poder
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Alternativa para Alemania obtuvo alrededor del 44% de los votos, más del doble que hace cinco años, mientras la CDU del canciller Friedrich Merz sufrió un derrumbe histórico. La inmigración, el deterioro económico y el desencanto con los partidos tradicionales alimentaron un resultado que trasciende ampliamente las fronteras de este estado oriental. AfD aún puede quedar fuera del gobierno, pero una barrera política ya ha sido rota: una formación oficialmente clasificada como extremista ha conseguido el respaldo de casi la mitad del electorado.
Alemania despertará este lunes ante un escenario político que hasta hace pocos años parecía difícilmente imaginable. Alternativa para Alemania (AfD), la formación de extrema derecha surgida apenas en 2013, obtuvo alrededor del 44% de los votos en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, más que duplicando el 20,8% conseguido en 2021 y consiguiendo el mejor resultado de su historia en una elección regional.
La dimensión de la victoria se aprecia mejor observando el derrumbe de su principal adversario. La Unión Demócrata Cristiana (CDU), que gobierna Sajonia-Anhalt desde 2002 y había alcanzado el 37,1% hace cinco años, cayó a alrededor del 18%. AfD y CDU prácticamente intercambiaron sus posiciones electorales.
La participación, cercana al 77%, añade otro elemento significativo. No se trata de una victoria obtenida mediante la movilización de una minoría radical frente a una mayoría indiferente. Los electores acudieron masivamente a las urnas y más de cuatro de cada diez escogieron a AfD.
Su candidato regional, Ulrich Siegmund, calificó el resultado como histórico y lo proyectó inmediatamente hacia las elecciones federales de 2029. Para la dirección del partido, Sajonia-Anhalt no representa un punto de llegada sino un primer paso hacia el poder nacional.
La inmigración en el centro
La magnitud del resultado no puede comprenderse sin abordar uno de los asuntos que AfD ha logrado colocar en el centro del debate político alemán: la inmigración.
El partido concurrió a estas elecciones con un programa abiertamente antiinmigración, que contempla endurecer las deportaciones, revisar las políticas de integración y reducir beneficios destinados a determinados grupos de refugiados. La llamada «remigración», un concepto utilizado por sectores de la extrema derecha europea para promover el retorno o expulsión de extranjeros, forma parte desde hace tiempo del universo político de AfD.
La cuestión tiene una dimensión adicional porque la organización de AfD en Sajonia-Anhalt no es simplemente considerada conservadora o populista por sus adversarios. Los servicios de inteligencia interior del estado la clasifican como una organización de extrema derecha confirmada.
Su programa regional va bastante más lejos que la política migratoria. Contempla una transformación cultural e institucional que alcanzaría la educación, los medios públicos, las políticas contra el racismo y las expresiones de diversidad sexual en las escuelas.
Sin embargo, la cuestión migratoria ofrece una paradoja particularmente reveladora.
Sajonia-Anhalt forma parte de la Alemania oriental que ha sufrido durante décadas despoblación, envejecimiento y emigración de trabajadores jóvenes. Sectores fundamentales de su economía y servicios públicos dependen crecientemente de trabajadores extranjeros. En el sistema sanitario, por ejemplo, médicos y personal procedentes del exterior permiten mantener servicios que enfrentan una creciente escasez de profesionales.
Es decir, una región que demográficamente necesita inmigrantes ha entregado alrededor del 44% de sus votos a un partido cuya propuesta política promete restringir fuertemente esa inmigración.
La aparente contradicción permite comprender que la cuestión migratoria ha dejado de funcionar exclusivamente como respuesta a la cantidad real de extranjeros presentes en un territorio. Se ha convertido también en una representación de otras inseguridades: pérdida de estatus social, deterioro económico, temor al descenso de los niveles de vida, debilitamiento de los servicios públicos y sensación de pérdida de control sobre las transformaciones culturales.
AfD ha conseguido articular buena parte de esas frustraciones dentro de un relato sencillo: mientras los ciudadanos alemanes sufren crecientes dificultades, el Estado destina recursos y protección a quienes llegan desde el exterior.
La crisis de Alemania oriental
Hay además una historia que comenzó mucho antes de esta elección.
Más de tres décadas después de la reunificación, las diferencias económicas, salariales, demográficas y culturales entre el este y el oeste alemán no han desaparecido. AfD ha encontrado precisamente en los estados que formaron parte de la República Democrática Alemana su principal territorio electoral.
Sajonia-Anhalt reúne varias de esas tensiones. Tiene una población envejecida, zonas rurales en retroceso demográfico y sectores industriales sometidos a importantes transformaciones.
A ello se suma una economía alemana que durante los últimos años perdió buena parte de la seguridad que durante décadas había caracterizado al modelo exportador del país. El encarecimiento de la energía, los problemas industriales, las dificultades del sector automotor y la percepción de deterioro de la infraestructura y de los servicios públicos han erosionado la confianza en los partidos tradicionales.
AfD ha combinado ese malestar económico con inmigración, nacionalismo, rechazo a las políticas climáticas, oposición al apoyo militar a Ucrania y una posición favorable al restablecimiento de relaciones con Rusia.
Esa combinación resulta particularmente eficaz en el este alemán.
De Merkel a Merz
El resultado también abre una discusión sobre la estrategia seguida durante la última década por la derecha tradicional.
La crisis migratoria de 2015 marcó un punto de inflexión. La decisión de Angela Merkel de recibir a centenares de miles de refugiados procedentes principalmente de Siria y otros países en conflicto abrió una fractura política que AfD explotó sistemáticamente.
La CDU fue endureciendo progresivamente su posición.
Con Friedrich Merz ese desplazamiento se hizo mucho más evidente. El actual canciller convirtió el control migratorio en una cuestión central de su discurso y su gobierno adoptó posiciones considerablemente más restrictivas que las sostenidas durante la época de Merkel.
La apuesta tenía una lógica electoral: recuperar a quienes habían abandonado la CDU para votar por AfD.
Sajonia-Anhalt plantea ahora una pregunta incómoda.
¿Competir con la extrema derecha adoptando parte de su lenguaje y de su agenda reduce su espacio político o termina legitimándolo?
La experiencia alemana parece, al menos hasta ahora, inclinarse hacia la segunda posibilidad. Merz prometió años atrás reducir drásticamente el apoyo electoral a AfD. El partido, por el contrario, ha seguido creciendo. Un análisis publicado por The Guardian antes de estas elecciones advertía precisamente que el desplazamiento de la CDU hacia la derecha, especialmente en inmigración, no había debilitado a AfD y podía haber contribuido a validar el terreno político elegido por la extrema derecha.
Cuando la inmigración se convierte en la explicación central de los problemas nacionales, el elector puede terminar prefiriendo a quien ha sostenido esa explicación desde el comienzo.
Un voto contra Merz
Pero reducir el resultado a inmigración sería igualmente insuficiente.
Sajonia-Anhalt ha emitido también un severo voto de castigo contra el gobierno federal y contra el propio Friedrich Merz.
La coalición encabezada por la CDU atraviesa dificultades para impulsar sus reformas y el canciller presenta niveles extraordinariamente bajos de popularidad. Reuters señalaba ya antes de las elecciones que una victoria de AfD aumentaría considerablemente la presión sobre su liderazgo.
La derrota del domingo supera incluso las expectativas más pesimistas.
La CDU perdió aproximadamente la mitad de su electorado regional en cinco años. SPD y Verdes tampoco consiguieron capitalizar ese desplome. La crisis, por tanto, no afecta únicamente a la derecha tradicional: alcanza al conjunto del centro político alemán.
Aquí aparece uno de los cambios más profundos revelados por estas elecciones.
AfD ya no puede describirse solamente como un partido de protesta.
Cuando una fuerza política consigue alrededor del 44% en una elección de alta participación, existe detrás de ella un electorado consolidado que no se limita a expresar enfado circunstancial. Una parte creciente de los votantes parece identificarse positivamente con sus propuestas.
El «cortafuegos»
La paradoja es que AfD puede ganar ampliamente las elecciones y permanecer fuera del gobierno.
Desde hace años los principales partidos alemanes mantienen la llamada Brandmauer —el «cortafuegos»—, un acuerdo político destinado a impedir coaliciones o acuerdos estructurales con la extrema derecha.
CDU, SPD, Verdes y Die Linke han mantenido hasta ahora su negativa a gobernar con AfD. La distribución definitiva de los escaños determinará si resulta posible formar una mayoría alternativa.
Pero el cortafuegos enfrenta ahora una prueba inédita.
Fue concebido cuando AfD representaba una fracción minoritaria del electorado. Mantenerlo cuando el partido obtiene más del 40% obliga a construir coaliciones cada vez más amplias y políticamente contradictorias.
Esto puede producir un efecto perverso. Al reunir a conservadores, socialdemócratas, verdes e incluso sectores de la izquierda exclusivamente para impedir el acceso de AfD al poder, la extrema derecha puede reforzar su relato según el cual existe un bloque de partidos tradicionales que se protege a sí mismo frente a la voluntad popular.
El dilema no significa que el cordón sanitario deba desaparecer. Significa algo más complejo: el aislamiento institucional no puede sustituir a una estrategia política capaz de derrotar electoralmente a la extrema derecha.
Temor entre inmigrantes y minorías
El triunfo ha provocado especial inquietud entre inmigrantes, organizaciones judías, iglesias y asociaciones civiles.
Durante los días anteriores a la votación, trabajadores extranjeros, refugiados y estudiantes internacionales residentes en Sajonia-Anhalt expresaron temor por las consecuencias que tendría un gobierno de AfD. Algunas organizaciones han advertido que el deterioro del clima social puede provocar la salida precisamente de trabajadores cualificados que la región necesita.
La contradicción vuelve entonces a aparecer.
Una política destinada a reducir la presencia extranjera podría agravar los problemas demográficos y laborales que alimentan el propio descontento sobre el cual crece AfD.
Pero la reacción más profunda tiene que ver con la historia alemana.
Desde la derrota del nazismo en 1945, ninguna fuerza de extrema derecha había estado en condiciones de gobernar un estado alemán. Que una organización oficialmente considerada extremista pueda acercarse ahora a esa posibilidad tiene inevitablemente una significación que trasciende una elección regional.
Una señal para Europa
Sajonia-Anhalt tampoco constituye un fenómeno aislado.
La derecha radical y nacionalista participa o ha participado del poder en distintos países europeos y condiciona crecientemente las agendas de los partidos conservadores tradicionales. Alemania parecía disponer de defensas históricas e institucionales especialmente fuertes frente a ese proceso.
La elección de este domingo demuestra que esas defensas no son suficientes.
AfD puede todavía quedar fuera del gobierno regional. El cortafuegos puede sobrevivir. Los demás partidos pueden construir una mayoría parlamentaria para impedir que Ulrich Siegmund se convierta en jefe del gobierno de Sajonia-Anhalt.
Pero algo más importante ya ocurrió.
El muro electoral se rompió.
Una fuerza de extrema derecha ha conseguido convencer a más de cuatro de cada diez electores de un estado alemán de que representa una alternativa de gobierno. Lo ha hecho transformando el malestar económico, la inseguridad social, la inmigración y el rechazo a las élites políticas en una propuesta nacionalista y autoritaria de cambio.
Por eso Sajonia-Anhalt interesa mucho más allá de sus dos millones de habitantes.
La pregunta ya no es solamente cuánto puede crecer AfD.
Después del resultado de este domingo, Alemania comienza a enfrentarse a otra mucho más inquietante: qué ocurrirá si aquello que acaba de suceder en Sajonia-Anhalt deja de ser una excepción oriental y comienza a anticipar el futuro político del país.
Fuentes: Reuters, The Guardian, Tagesschau.
