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Una semana negra para Kast: las encuestas confirman un gobierno en rápido deterioro

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Criteria redujo la aprobación presidencial al 30%, el nivel más bajo desde que José Antonio Kast llegó a La Moneda, y elevó su desaprobación al 58%. La encuesta cierra una semana marcada por la caída de la actividad económica, desempleo de 9,5%, pesimismo ciudadano, protestas, controversias por la visita de Javier Milei y una nueva intervención del embajador estadounidense Brandon Judd. Los episodios son distintos, pero comienzan a formar una misma imagen: un gobierno que pierde apoyo y cuya capacidad para conducir el país empieza a ser puesta en duda.

La semana que termina puede convertirse en un punto de inflexión para el gobierno de José Antonio Kast. No porque haya ocurrido una sola crisis capaz de modificar el escenario político, sino precisamente por lo contrario: durante pocos días se acumularon indicadores económicos negativos, nuevas caídas en las encuestas, controversias diplomáticas, movilizaciones callejeras y episodios que volvieron a abrir interrogantes sobre la conducción del Ejecutivo.

Este domingo, Agenda Criteria entregó el último dato de esa secuencia. La aprobación del Presidente cayó otros tres puntos y llegó al 30%, mientras la desaprobación aumentó tres puntos hasta 58%, ambos los peores registros de Kast desde que asumió el gobierno.

En marzo, Criteria registraba 46% de aprobación y 30% de desaprobación. En apenas cinco meses, Kast perdió 16 puntos de respaldo mientras su rechazo aumentó 28 puntos. La brecha entre aprobación y desaprobación alcanza ahora los 28 puntos.




No se trata únicamente de la popularidad presidencial. Criteria detecta un deterioro más profundo de la percepción del país: 52% considera que Chile está retrocediendo, siete puntos más que en la medición anterior; 36% cree que permanece igual y apenas 12% estima que está avanzando.

Es precisamente esta última cifra la que permite observar el problema desde otra perspectiva. La discusión ya no parece limitarse a cuánto gusta o disgusta Kast. Empieza a instalarse una evaluación sobre la capacidad de su gobierno para conducir el país.

Dos encuestas, una misma dirección

Criteria no aparece aislada.

Tres días antes, Plaza Pública Cadem había entregado otra medición especialmente adversa para La Moneda: 34% de aprobación y 61% de desaprobación. Pero nuevamente los datos más relevantes estaban fuera de la pregunta presidencial.

El 63% dijo que Chile va por mal camino, cinco puntos más que en la medición anterior. El 91% evaluó negativamente la situación del empleo —el peor registro desde mediados de 2020, durante la pandemia— y 82% calificó negativamente la capacidad económica de los consumidores para adquirir bienes y servicios, el peor resultado desde que Cadem comenzó esa medición en 2014.

Solo 10% declaró que sus ingresos le permiten vivir y ahorrar. El 52% llega justo a fin de mes y 36% simplemente no alcanza a cubrir sus gastos.

Hay diferencias metodológicas entre Criteria y Cadem y, por tanto, sus porcentajes no deben compararse mecánicamente. Pero ambas mediciones describen en estos días una misma dirección: cae el respaldo presidencial, aumenta la percepción negativa sobre el rumbo del país y se deterioran aceleradamente las expectativas económicas.

La economía dejó de ser una promesa

La semana había comenzado precisamente por allí.

El martes, el Banco Central informó que el Imacec de julio cayó 1,5% en doce meses y 1,7% respecto de junio en términos desestacionalizados. El Imacec no minero también retrocedió: 0,3% interanual y 0,5% respecto del mes anterior.

El dato adquirió inmediatamente una dimensión política porque el deterioro económico se produce después de meses en que el Gobierno situó la recuperación del crecimiento, la inversión y el empleo entre las principales justificaciones de su programa.

El mercado laboral tampoco ayuda. El desempleo alcanzó 9,5% en el trimestre mayo-julio, mientras la tasa combinada de desocupación y tiempo parcial involuntario llegó a 16%.

Pero Criteria aporta ahora un elemento todavía más complicado para La Moneda: la percepción de que el Gobierno carece de una hoja de ruta convincente.

En crecimiento económico, 42% considera que el Ejecutivo está improvisando y solo 20% cree que existe un plan claro. Desde junio, la percepción de improvisación aumentó doce puntos y la de existencia de un plan cayó otros doce.

En empleo el juicio es todavía peor: 45% ve improvisación y apenas 17% identifica un plan claro. La primera cifra aumentó 15 puntos desde junio y la segunda cayó diez.

Aquí aparece posiblemente el dato político más importante de Criteria.

Un gobierno puede soportar durante algún tiempo cifras económicas adversas si consigue convencer a la población de que posee un plan para revertirlas. Lo que resulta bastante más peligroso es la combinación entre malos resultados y la percepción creciente de que no existe claridad respecto de cómo solucionarlos.

Milei y una semana que se desplazó hacia la batalla ideológica

En ese contexto económico se desarrolló el V Encuentro Regional del Foro Madrid en Santiago.

La visita del presidente argentino Javier Milei introdujo al centro de la política chilena un discurso de confrontación ideológica particularmente intenso. Milei reivindicó la experiencia económica chilena posterior al derrocamiento de Salvador Allende, atacó a la izquierda y presentó la política contemporánea como una “batalla cultural” de alcance global.

Kast participó activamente del encuentro y llamó a extender internacionalmente el avance de la derecha. Pero en su discurso de clausura pronunció una frase que, observada desde los acontecimientos de esta semana, adquiere un significado particular:

“El verdadero desafío es gobernar bien y cumplir aquellas cosas que planteamos”.

El Presidente agregó que los chilenos no lo habían elegido para “derrotar a la izquierda”, sino para enfrentar el crimen organizado, la pobreza, la corrupción y el desempleo.

Es precisamente allí donde aparece una de las contradicciones que enfrenta actualmente La Moneda.

Mientras una parte importante de la energía política del oficialismo se proyecta hacia una batalla cultural internacional contra la izquierda, las encuestas muestran que las preocupaciones ciudadanas se desplazan hacia asuntos mucho más concretos: empleo, ingresos, crecimiento y capacidad de llegar a fin de mes.

Criteria parece medir justamente esa distancia.

El problema del Estrecho

La visita de Milei tampoco estuvo exenta de costos.

La controversia por declaraciones argentinas sobre el Estrecho de Magallanes y la decisión de Kast de no exigir a Milei la firma de un documento que reafirmara formalmente que el estrecho pertenece exclusivamente a Chile produjo una ciudadanía prácticamente dividida.

Según Criteria, 43% está en desacuerdo con la decisión del Presidente y 41% la respalda.

No es una diferencia estadística enorme, pero sí muestra algo políticamente significativo: incluso una relación internacional presentada por el Gobierno como una alianza privilegiada con un mandatario ideológicamente cercano terminó generando un debate sobre soberanía nacional.

Judd y la extraña política exterior chilena

A ese episodio se agregó otro.

Durante Foro Madrid, el embajador estadounidense Brandon Judd afirmó que la denominada “Doctrina Donroe” impulsada por Donald Trump resulta particularmente fácil de implementar con Kast y sostuvo que Chile ya estaba avanzando en esa dirección.

El canciller Francisco Pérez Mackenna respondió posteriormente que no sabía qué significaban exactamente esas palabras y negó que Chile hubiera adherido a semejante doctrina.

El episodio sería menor si no fuera porque reproduce una situación anterior.

En agosto, Judd ya había revelado públicamente la firma del ministro Fernando Barros en la Declaración de las Américas contra los Carteles mientras dentro del propio Ejecutivo todavía existían distintas interpretaciones respecto del alcance de la participación chilena en el denominado Escudo de las Américas.

Ahora ocurre algo parecido: el representante de Washington anuncia prácticamente desde Santiago el grado de alineamiento de Chile con una doctrina estadounidense mientras la Cancillería chilena intenta posteriormente precisar que tal adhesión no existe.

Más allá de las intenciones de Judd, la repetición comienza a proyectar una imagen problemática: el embajador estadounidense parece disponer de mayor libertad para definir públicamente la relación bilateral que la que tiene el propio Gobierno para explicar su política exterior.

La calle también comenzó a moverse

Mientras Foro Madrid sesionaba, Santiago vivió además una jornada de movilizaciones.

Estudiantes convocados por la ACES marcharon contra las políticas educacionales y de seguridad del Gobierno y contra la realización del encuentro internacional de la derecha. La manifestación derivó en enfrentamientos con Carabineros y dejó al menos cuatro detenidos. También hubo convocatorias en otras ciudades del país.

Durante la tarde se realizaron nuevas manifestaciones contra Foro Madrid, con participación de estudiantes, trabajadores y organizaciones sociales.

No estamos todavía ante un movimiento social de dimensiones comparables con otros ciclos de protesta vividos por Chile y sería apresurado presentarlo de esa manera.

Pero tampoco parece razonable ignorarlo.

Porque las protestas aparecen simultáneamente con el deterioro económico y la caída de la evaluación presidencial. La calle y las encuestas son fenómenos distintos, pero durante esta semana comenzaron a emitir señales en una dirección semejante.

¿Del mal gobierno al “desgobierno”?

En redes sociales y sectores opositores comienza a circular una expresión destinada a sintetizar esta acumulación de episodios: “desgobierno”.

Es todavía una consigna política, no una categoría que pueda asumirse como descripción objetiva de la situación del país.

Sin embargo, resulta interesante preguntarse por qué comienza a encontrar terreno.

Criteria ofrece una pista mucho más precisa que cualquier eslogan: 42% considera que el Gobierno improvisa en crecimiento y 45% piensa lo mismo respecto del empleo.

La diferencia es importante.

Una cosa es rechazar ideológicamente a un gobierno. Otra es comenzar a dudar de su capacidad de gobernar.

La primera puede formar parte de la polarización política normal. La segunda puede convertirse en un problema estructural para cualquier administración.

El contraste con la cobertura mediática

Hay además un elemento que merece atención.

Este deterioro no se está produciendo bajo un escenario de hostilidad generalizada de los grandes medios hacia La Moneda. Por el contrario, buena parte de la cobertura de diarios y televisión ha mantenido hasta ahora un tono predominantemente institucional, concentrado en cada episodio por separado y bastante más cauteloso al momento de relacionarlos como síntomas de un mismo proceso político.

Eso no significa que los medios hayan ocultado las malas cifras: el Imacec, las encuestas, las controversias con Argentina y las declaraciones de Judd han sido informadas.

El punto es otro.

La fragmentación de las noticias puede ocultar la tendencia que aparece cuando esas noticias se observan juntas.

Un día es el Imacec. Otro, Cadem. Después Milei. Luego Judd. Más tarde las protestas. Finalmente Criteria.

Tomados individualmente son acontecimientos diferentes.

Observados como secuencia, describen una semana extraordinariamente adversa para un gobierno que todavía no cumple seis meses.

Cuando gobernar reemplaza a la campaña

Kast parece haber identificado al menos una parte del problema cuando dijo ante Foro Madrid que “el verdadero desafío es gobernar bien”.

Porque esa puede ser precisamente la transición que comienza a exigirle una parte creciente de la ciudadanía.

Las batallas culturales, los encuentros internacionales de la derecha, la confrontación con la izquierda y las grandes reformas ideológicas pueden movilizar al electorado propio. Pero después de ganar una elección llega inevitablemente otra prueba: crecimiento, empleo, salarios, seguridad, estabilidad institucional y capacidad para conducir el Estado.

Criteria muestra que el respaldo a Kast se concentra crecientemente en su propio sector y que, al mismo tiempo, una mayoría comienza a percibir que el país retrocede.

Cadem había mostrado tres días antes que 63% cree que Chile va por mal camino. Criteria dice ahora que 52% considera que el país retrocede.

Son preguntas diferentes y cifras que no pueden compararse directamente. Pero apuntan hacia una misma percepción.

Y acaso ese sea el verdadero saldo político de esta semana.

No que haya nacido repentinamente un “desgobierno”, como comienza a decirse en las redes, sino algo bastante más concreto y potencialmente más peligroso para La Moneda: la percepción de que el Gobierno pierde el control de su propia agenda mientras los problemas cotidianos que prometió resolver se agravan.

Cuando dos encuestas diferentes empiezan a registrar simultáneamente caída presidencial, pesimismo económico y dudas sobre la capacidad del Ejecutivo, ya no se está frente a un mal día comunicacional.

Se empieza a dibujar una tendencia.

 

Simón del Valle

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