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El “punto de inflexión” que no llegó: Banco Central contradice el optimismo de Hacienda y reduce el crecimiento a casi cero

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El IPoM de septiembre redujo drásticamente la proyección de crecimiento para 2026 y anticipó una caída de la inversión. Las nuevas estimaciones contrastan con el discurso de reactivación que Hacienda ha sostenido durante los últimos meses. El Banco Central reconoce factores externos y problemas heredados, pero también constata un debilitamiento de la demanda interna, el consumo, el empleo y las expectativas.

La economía chilena cerrará 2026 prácticamente estancada. Esa es la principal conclusión que deja el Informe de Política Monetaria (IPoM) de septiembre presentado este miércoles por el Banco Central, que redujo su proyección de crecimiento para este año desde un rango de 1%-1,75% estimado en junio a apenas 0,25%-0,75%.

La corrección es considerable y confirma que los malos indicadores conocidos durante los últimos meses no corresponden simplemente a accidentes estadísticos o a un mes particularmente negativo. El Banco Central afirma ahora que “la economía local se ha debilitado en el transcurso del año” y reconoce que, desde el segundo trimestre, a los problemas de oferta se agregó una desaceleración de la demanda interna, tanto pública como privada.

La nueva fotografía económica plantea, además, una incómoda contradicción con el diagnóstico que el Ministerio de Hacienda ha venido transmitiendo.




Hasta ahora, Hacienda trabajaba con una estimación de crecimiento de 1,8% para 2026. El ministro Jorge Quiroz ya había admitido, después de conocerse la fuerte contracción del Imacec de julio, que esa cifra tendría que ser revisada. Sin embargo, el ajuste realizado por el Banco Central es mucho más profundo: incluso el límite superior de su nuevo rango, 0,75%, queda más de un punto porcentual por debajo de la proyección oficial.

El “punto de inflexión”

La contradicción no se limita a las cifras.

Durante los últimos meses, Hacienda había sostenido que la economía comenzaba a mostrar señales de recuperación. Quiroz llegó a identificar junio como un “punto de inflexión” y, tras conocerse los malos resultados posteriores, defendió esa apreciación argumentando que las expectativas y perspectivas de inversión habían comenzado a mejorar.

Los datos siguientes no confirmaron ese diagnóstico.

El PIB se contrajo 0,2% interanual durante el segundo trimestre y el Imacec de julio cayó 1,5% respecto del mismo mes del año anterior. El desempleo alcanzó 9,5% y las encuestas de percepción económica han registrado un marcado deterioro de las expectativas de los hogares.

Ahora es el propio Banco Central el que amplía la perspectiva. Su IPoM señala que el crecimiento del consumo y de la inversión ha perdido fuerza y que la confianza de empresas y consumidores cayó significativamente desde fines del primer trimestre.

No se trata, por tanto, solamente de discutir si un determinado mes fue bueno o malo. El Banco está revisando hacia abajo el desempeño esperado para todo el año.

Hacienda pidió mirar con “telescopio”

Después del negativo Imacec de julio, Quiroz recurrió a una metáfora para relativizar la importancia de las cifras coyunturales.

“No es bueno mirar las cifras que ocurrieron con un microscopio, sino que mejor miremos las cosas con telescopio”, señaló.

El nuevo IPoM constituye, precisamente, una mirada con telescopio.

El informe incorpora actividad, inversión, consumo, empleo, inflación, expectativas y condiciones externas y concluye que el crecimiento de 2026 será sustancialmente menor al previsto apenas tres meses atrás.

La diferencia entre ambos diagnósticos resulta particularmente evidente en la inversión.

Hacienda ha destacado reiteradamente el aumento de proyectos aprobados, las mejores expectativas empresariales y una cartera creciente de iniciativas como señales de que la inversión está comenzando a reaccionar. Quiroz sostuvo recientemente que lo observado en materia de expectativas e inversiones había ido “al alza”.

El Banco Central introduce una distinción fundamental entre las inversiones anunciadas o proyectadas y aquellas que efectivamente se materializan en la economía.

En junio esperaba que la formación bruta de capital fijo creciera 2,2% durante 2026. Ahora estima que caerá 0,3%.

Pasar en tres meses desde una expansión superior al 2% a una contracción constituye una de las revisiones más significativas contenidas en el nuevo IPoM.

Dicho de otra manera: Hacienda habla principalmente de la inversión que viene; el Banco Central está registrando la inversión que todavía no llegó.

Consumo, empleo y demanda interna

La debilidad tampoco está circunscrita a la inversión.

El Banco redujo la expansión esperada del consumo privado desde 2,2% a 1,7% y señala expresamente que durante el segundo trimestre comenzó a observarse una desaceleración de la demanda interna.

El deterioro del mercado laboral forma parte de ese cuadro. La tasa de desempleo llegó a 9,5%, su nivel más alto en cinco años, mientras la debilidad del empleo repercute directamente sobre los ingresos, el consumo y las expectativas de los hogares.

A ello se suma un nuevo problema. La inflación anual volvió a superar el 4% en agosto, después de un IPC mensual de 0,6%, restringiendo el margen del Banco Central para acelerar una reducción de las tasas de interés que pudiera estimular la actividad.

La combinación es incómoda: crecimiento cercano a cero, inversión en retroceso, desempleo elevado y una inflación que vuelve a superar el rango de tolerancia alrededor de la meta del Banco Central.

No todo puede atribuirse al Gobierno

El IPoM, sin embargo, no permite una lectura simplista según la cual los problemas actuales serían consecuencia exclusiva de los seis primeros meses del gobierno de José Antonio Kast.

El Banco identifica factores internacionales y anteriores a la actual administración. El conflicto en Medio Oriente y el aumento del precio de los combustibles han afectado el ingreso disponible y la inflación. También han incidido factores climáticos, una menor producción minera y problemas de oferta.

En el mercado laboral existen, además, desequilibrios que vienen acumulándose desde años anteriores.

Pero tampoco resulta suficiente atribuir el deterioro exclusivamente a la guerra, al precio del petróleo, al clima o a la herencia recibida.

El diagnóstico del Banco Central incorpora explícitamente factores internos: debilitamiento de la demanda pública y privada, menor dinamismo del consumo y la inversión, deterioro laboral y caída de las confianzas.

Es precisamente esa combinación la que ha llevado al instituto emisor a realizar una corrección mucho mayor que la anticipada incluso por varios economistas privados.

Una reactivación aplazada

Hay, sin embargo, un elemento del IPoM que favorece el argumento del Gobierno y que no debería omitirse.

El Banco Central continúa esperando una recuperación significativa a partir de 2027. Mantiene para ese año un crecimiento de entre 2% y 3% y eleva su rango para 2028 a 2,25%-3,25%.

Además, estima que la Ley de Reconstrucción impulsada por el Gobierno podría aportar alrededor de medio punto porcentual anual al crecimiento de 2027 y 2028, fundamentalmente mediante una recuperación de la inversión privada. Los altos precios del cobre y una cartera creciente de grandes proyectos también respaldan esa expectativa.

La diferencia fundamental es temporal.

El Gobierno ha presentado las mejores expectativas de inversión como señales de una recuperación que ya estaría comenzando. Los datos del Banco Central muestran que esa recuperación todavía no está presente en la economía de 2026.

Incluso el propio instituto emisor advierte que no puede descartarse que la actual debilidad sea más persistente de lo previsto.

Por eso, más que cerrar la discusión sobre la política económica del Gobierno, el IPoM desplaza la prueba hacia adelante. La apuesta oficial es que las reformas, la inversión y las mejores expectativas producirán un crecimiento considerablemente mayor desde 2027.

Eso todavía pertenece al terreno de las proyecciones.

Lo que pertenece al terreno de los datos es menos auspicioso: seis meses después de iniciado el nuevo Gobierno, la economía crece muy por debajo de lo esperado, el desempleo se mantiene elevado, el consumo pierde fuerza y la inversión que debía encabezar la reactivación terminaría 2026 en terreno negativo.

El “punto de inflexión” anunciado por Hacienda, por ahora, sigue sin aparecer.

 

Félix Montano

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