Hay silencios que delatan. Y hay declaraciones que, aunque pretendan ser advertencias, solo exhiben el miedo de quienes ven desmoronarse el país que ayudaron a construir.

En un hecho tan evidente como preocupante, el gran empresariado chileno ha dejado de actuar entre bastidores para pasar directamente al primer plano de la política. Esta semana, la irrupción pública de Juan Sutil como integrante del comando de la candidata Evelyn Matthei, junto con las explosivas declaraciones del empresario Nicolás Ibáñez —quien desde Londres condicionó

En plena temporada electoral, cuando las encuestas muestran un reordenamiento acelerado del mapa político chileno, el empresario Nicolás Ibáñez Scott irrumpe desde Londres —donde reside desde 2023— con un mensaje tan claro como amenazante: sin unidad de la derecha, no habrá financiamiento para el "circo electoral".

La irrupción de Johannes Kaiser como candidato presidencial del Partido Nacional Libertario no fue una sorpresa, sino un meme hecho carne: un hombre que canta la tercera estrofa del himno nacional como si fuera un remix de los '80 y que llama a Jeannette Jara "Bachelet con esteroides". La pregunta no es qué dijo Kaiser, sino qué hacer con él.

Jeannette Jara no es una salvadora. Es, en el mejor de los casos, una bisagra en la historia. La democracia chilena tendrá que decidir si esa bisagra abre la puerta al cambio social o si, una vez más, se cierra sobre las manos de quienes se atrevieron a soñar.

Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 35 segundosHay quienes tropiezan con la historia. Johannes Kaiser no. Él la abraza, la lustra y la exhibe como un trofeo. En la entrevista con Tomás Mosciatti, el candidato libertario no solo defendió el golpe de 1973: reivindicó sus métodos, justificó las torturas y anunció, sin temblor en la […]

El arrollador triunfo de Jara revela el agotamiento de una política que administró sin transformar. Su desafío no es solo convocar al progresismo, sino convertir dignidad en poder real sin repetir las frustraciones del pasado.

El triunfo de Jeannette Jara no solo redibuja el mapa político chileno: lo incendia con dignidad popular y deja a la vieja moderación buscando manuales que ya nadie lee.

La izquierda chilena ya no está sorprendida, simplemente convencida. Jeannette Jara acaba de demostrar –otra vez– que su irrupción en la conversación pública no fue un acto de prestidigitación, sino el fruto lógico de años de tozudez social empujando hacia el centro. No hay “sorpresa” cuando la lógica de fondo es más fuerte que la pantalla mediática.

El 29 de junio no se define solo una primaria. Se mide la temperatura de una izquierda que por años habló bajito para no asustar. Si Jara gana, no será una victoria del PC. Será una derrota para quienes confundieron gobernabilidad con resignación.





