Son tantos los votos nulos o en blanco que ahora se manifiestan que, en justicia, debiera leerse en ellos un rechazo perentorio al desempeño de nuestros políticos y representantes a nivel nacional, regional y comuna
La derecha chilena parece estar atrapada en una paradoja: aunque las condiciones para un discurso populista radical antimigrante existen en cierto grado, la historia y la estructura sociopolítica de Chile han creado un entorno resistente a ese tipo de retórica.
El Pueblo de Chile, que desde el 18-O ha irrumpido de nuevo masivamente en política con creciente indignación, tiene hoy la fuerza requerida para lograrlo. Es dos veces más numeroso del que conformaban entonces sus padres y abuelos. Es urbano, joven, paritario en género, razonablemente sano y calificado, y con medios para informarse y comunicarse que no tienen precedente.
Esto no ha sido un simple juego. Fue la intención aviesa de engañar a la opinión pública que contó con todo el apoyo del Servicio Electoral y del silencio cómplice de otras instituciones encargadas de defender el interés nacional. Fue un fraude electoral urdido desde las esferas del poder, en el que han participado altas autoridades del país.
El ejemplo, y los dos casos de agresiones y violación de militantes de izquierda, sirven para tomar conciencia de las tensiones a que está sometido el movimiento feminista. La derecha, no olvidemos, aprovecha cualquier resquicio para denostar las políticas de igualdad y negar la violencia de género.
Estamos mal preparados para hacer preguntas o para responderlas porque desde niños nos han adiestrado a que es mejor quedarse callado porque las preguntas difíciles siempre traen problemas. Este es uno de los lastres que arrastramos de los paradigmas educacionales de los siglos XIX y XX.
Cabe preguntarse, incluso, si el Partido Socialista está o no en un camino de inexorable extinción, especialmente si termina de abandonar el proyecto político histórico de transformación de la sociedad que encarnó el allendismo. De confirmarse esta senda, como todo fenómeno histórico, sería necesariamente lento y gradual.
Ahora todo el mundo se preocupa del caso Monsalve, en lugar de preocuparse o al menos ocuparse de los resultados de las elecciones municipales ¿Es más importante hablar y escribir sobre el señor Manuel Monsalve que tratar de entender por qué la izquierda perdió la Municipalidad de Santiago?
La paja en el ojo ajeno y la viga en propio, es lo más común en estos moralistas de la derecha. Pero como son abusivos desde siempre, entonces la Ley del embudo es su lógica de supremacistas históricos: la parte ancha de la ley para nosotros y la parte más estrecha para los demás.
La resistencia, la autogestión, la soberanía alimentaria, energética y económica, pueden ser pasos hacia la emancipación de la periferia. Pero eso requiere algo más que buenas intenciones. Requiere voluntad política, organización social, y sobre todo, una visión clara de un futuro en el que la periferia no esté condenada a ser siempre la que paga los platos rotos.