El sistema capitalista ha demostrado una extraordinaria capacidad para generar riqueza, pero también una igual de notable para concentrarla. Sus pilares —el individualismo y la competencia— fueron exacerbados como motores de progreso y libertad.
Llevó su consecuencia desde los peligros más extremos, hasta los actos más elementales de la vida cotidiana. A un extremo en que mártir y profeta se conjugaron en una síntesis que no parece de este mundo. Hizo caso omiso de las formalidades y se burló de las etiquetas y los protocolos.
En su gobierno, Rodrigo Chaves se ha enfrentado a jueces, magistrados, tribunal electoral, sindicatos, periodistas y organizaciones sociales. Su accionar se ha centrado en desprestigiar, presionar y amenazar a todo opositor, cebándose con los medios de comunicación, tildando de “prensa canalla” a quienes denuncian sus excesos.
En este nuevo viciado episodio empresarial, prevaleció el análisis técnico y legal del ente fiscalizador, organismo que, como lo estamos proponiendo permanentemente en nuestras publicaciones, debería tener mayores recursos y atribuciones para enfrentar con oportunidad y celeridad las malas prácticas que habitualmente se cometen.
Lo que predomina en electorado, nuevamente, es un sentimiento de severa desconfianza respecto de la política, después de que el último gobernante frustrara la esperanza de millones de jóvenes de izquierda para terminar comprobando que no hubo diferencia entre la gestión de Boric y la de sus antecesores de la post dictadura.
La continuidad de este programa es indispensable porque crece cada vez más la población que lo requiere. Además su realización posibilita realizar un aprendizaje institucional para la institución que lo realiza y para los profesionales involucrados, cuestión necesaria dado el profundo cambio demográfico
Es la voz de un mensajero que conoció la clave de lo bello y la hizo arma tibia y compañera. Y que sirvió ante el miedo, el espanto y la alegría. Alivió ante el desencanto y afinó la puntería. Y estuvo en el amor desplegado en caricias, besos y cuerpos en actitud de entrega.
Hace seis años se demostró que la carcoma de la corrupción tenía al sistema al borde del precipicio. Que la institucionalidad que da sustento a la superestructura del Estado no valía más que la rabia contenida de millones. Diputados y senadores eran sujetos repulsados por la población. Las fuerzas policiales abandonaban sus cuarteles, se declaraba la guerra a un enemigo