El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó este domingo una dura advertencia a Irán: si no reabre el estratégico estrecho de Ormuz antes del martes, su gobierno atacará directamente la infraestructura energética del país.
Aviones estadunidenses bombardearon ayer la central nuclear iraní de Bushehr, al tiempo que Israel atacó una planta petroquímicas de Juzestán, en una jornada bélica que se saldó con al menos seis personas asesinadas y 170 heridas, mientras la guerra se acerca a su sexta semana.
De acuerdo con estas fuentes, el avión de ataque A-10 Warthog cayó cerca del estrecho de Ormuz casi al mismo tiempo que un caza F-15E fue derribado sobre territorio iraní. Las autoridades han entregado pocos detalles sobre las causas del accidente y no han precisado si hubo fallas técnicas o acción enemiga.
El presidente reiteró su postura dura, asegurando que su administración seguirá atacando “extremadamente fuerte” a Irán durante ese período. Incluso afirmó que el objetivo es llevar al país adversario “a la Edad de Piedra”.
En las últimas dos semanas, decenas de miles de personas han salido a las calles en Italia, Francia y España para protestar contra la escalada bélica en Oriente Medio y el uso de bases militares en suelo europeo como plataforma logística de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. Las movilizaciones, convocadas por organizaciones pacifistas, sindicatos,
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aplazó ayer, ahora 10 días, su ultimátum para atacar las instalaciones energéticas de Irán y aseguró que lo hacía a petición de la república islámica en el marco de las negociaciones de paz, aunque Teherán ha desmentido de forma reiterada que haya conversaciones. Previamente, el republicano amenazó a Teherán de que tome “en
A pesar de negar cuantas veces esta guerra, lo claro es que una victoria estadounidense está fuera de alcance. Cualquier "victoria" militar real requeriría una invasión terrestre a gran escala y la estabilización del régimen Iraní, un objetivo que la administración Trump no tiene ni el mandato interno para perseguir ni la coalición de aliados para apoyar.
Hay momentos en la política internacional en que el lenguaje deja de describir la realidad y comienza a transformarla. El ultimátum de 48 horas de Donald Trump a Irán —una amenaza directa de destruir su infraestructura energética si no reabre completamente el Estrecho de Ormuz— pertenece a esa categoría. No es simplemente una advertencia más en una guerra ya en curso. Es
El reciente ataque al yacimiento de gas South Pars —compartido por Irán y Qatar— marca un punto de inflexión en el conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos. Lo que comenzó como una confrontación de carácter militar y estratégico ha escalado hacia una dimensión mucho más amplia: la guerra energética.