Más que un “equipo de gobierno”, lo que emerge es un núcleo de poder orientado a consolidar un nuevo ciclo conservador en Chile, con profundas implicancias para la democracia, los derechos sociales y la relación entre Estado y ciudadanía.
Lo que está en juego no es solo la política exterior, sino el lugar de Chile en el mundo. Entre una América Latina articulada en torno a la cooperación y otra fragmentada bajo la lógica del miedo, el control y la subordinación, el nuevo gobierno ya parece haber tomado partido. Y lo más preocupante es que, por ahora, lo ha hecho sin encontrar mayores resistencias desde el
La pregunta que queda abierta no es qué hará Kast, sino qué hará la sociedad chilena frente a esta nueva normalidad. Porque si el sistema ya hizo su parte, la historia reciente demuestra que los conflictos no desaparecen: se acumulan. Y cuando no encuentran cauce político, reaparecen de formas inesperadas.
A pocos meses de asumir la Presidencia, José Antonio Kast enfrenta su primera gran controversia programática: el anuncio de un recorte fiscal de US$6.000 millones en solo 18 meses, impulsado por su equipo económico como parte de un paquete de rebajas tributarias y “ordenamiento” del gasto público.
El viaje del presidente electo, José Antonio Kast, a Ecuador para reunirse con su par Daniel Noboa no fue un gesto protocolar ni una visita de cortesía. Fue una señal política nítida: la instalación deliberada de una agenda regional de ultraderecha, cuyo eje central es la migración entendida como amenaza y no como fenómeno social, económico y humanitario.
Ha pasado una semana desde la segunda vuelta presidencial del domingo 14 de diciembre y el país comienza, lentamente, a dimensionar el alcance político del triunfo de José Antonio Kast.
El reciente triunfo de José Antonio Kast, representante de la ultraderecha chilena y heredero político del pinochetismo, ha abierto un nuevo ciclo político marcado por la incertidumbre y la amenaza de retrocesos en derechos sociales, ambientales y democráticos.
Lo que Chile necesita ahora es una profunda renovación intelectual de sus fuerzas progresistas, un doloroso reconocimiento de sus deficiencias y fracturas.
En mi consideración analítica, la principal dificultad que enfrenta José Antonio Kast radica en el diagnóstico inicial desde el cual pretenden proyectar una eventual acción de gobierno. Dicho diagnóstico, a la luz de los indicadores empíricos disponibles, resulta manifiestamente desacertado.