
Ya no se le puede confiar a las cúpulas la organización de una amplia movilización social que detenga el desarrollo de la ideología ultraderechista e impida sus despropósitos en el poder. Ya sería hora que la clase política dejara de atesorar cargos y prebendas para su propio usufructo y se proponga la consolidación de un proyecto histórico nacional y popular, como














