Los estragos sufridos por el Covid-19 son muy distintos en Europa del Norte si se compara con la del Sur. El virus es clasista y racista: en los casos de Italia, España y Francia, por ejemplo, los índices de mortalidad se han elevado al máximo, por el contrario, Alemania, Dinamarca y Noruega… podría decirse que han superado esta primera ola de la pandemia.

Es más fácil enterrar a los ciudadanos que abrir las ciudades a una pseudo normalidad. Los países del sur de Europa han comprendido que la apertura debe ser lenta y escalonada, pues el virus está siempre presente hasta tanto no se descubre la vacuna, o bien, un medicamente eficaz para tratarlo.

Está claro que debemos convivir con este virus por varios años más, y lo único que podemos hacer dice relación con tratar de aminorar su contagio y, por ende, sus consecuencias. Para que la mayoría de ciudadanos logre la inmunidad contra este pernicioso virus se hace necesario que, al menos, el 60% de la población haya contraído la enfermedad.

Alemania, por ejemplo, levantó la cuarentena, pero aún mantiene estrictas medidas de prevención. Es un mito creer que los alemanes sean más disciplinados que los europeos del Sur, pues el éxito de ese país en el tratamiento de la enfermedad reside en la alta calidad de su sistema de salud, como también a la muy pedagógica conducción de la Canciller, Ángela Merkel.

Noruega, que aplicó la cuarentena, ha tenido mejores resultados que Suecia, que se negó a decretarla, (confiada en la disciplina y responsabilidad de su gente).

Los países de Europa del Este, (Eslovenia, Polonia, Hungría…), han enfrentado en buena forma la pandemia, demostrando disciplina y, sobre todo, por el poder autoritario de sus gobiernos, que les permite controlar a su población. En el caso de Hungría, que pasó del comunismo a la ultraderecha, tiene una dictadura, (pretende llamarse democrática) que, ni siquiera, ha recibido la condena del mundo capitalista.

Italia terminó el 3 de mayo último con la cuarentena, pero en forma escalonada, sin embargo, persisten los prejuicios y el miedo respecto a los viajes de los lombardos a la Italia del Sur. España está comenzando a abrir paso después del largo período de cuarentena, que alcanzó una cifra de más de 20.000 muertos.

El Presidente francés, Emmanuel Macron, se vio obligado a determinar una fecha de fin de la cuarentena, debido a la necesidad de encontrar una salida del túnel en que se encontraba, estableciendo el 11 de mayo, (mañana lunes), como día de apertura de algunas actividades, entre ellas, los centros maternales y las escuelas primarias, (la apertura de liceos y universidades se pospone para el mes de julio), el transporte público, bajo la condición de mantener el distanciamiento de un metro entre un pasajero y otro, el desplazamiento limitado de los ciudadanos, (sólo a 100 kilómetros de distancia de su lugar de habitación). Por otra parte, los restaurantes y cafés, posiblemente abran en verano, con mesas en las veredas.

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El PBI francés depende, en gran parte, del turismo y de las industrias de transporte aéreo, que hoy son las más afectadas a causa de la pandemia. Durante mucho tiempo los franceses se verán obligados a privilegiar el transporte rápido, (TGV), para su desplazamiento al interior del país, pues el viaje en avión se haalla postergado. Uno de los efectos importantes en el campo del transporte es el uso de la bicicleta, en consecuencia, el gobierno francés se ha visto forzado a la construcción de ciclovías, paralelas a las Líneas del Metro. (Recuerdo que en durante la Segunda Guerra Mundial, Chile, que era un país neutral, mi madre me transportaba en el canastillo de su bicicleta, que llevaba una gran bandera británica, pues era fanática de los aliados).

Para efectos del fin del confinamiento, el gobierno de Macron dividió los distintos departamentos franceses según su peligrosidad de contagio: los de color verde tienen mayor apertura en sus actividades; los de color rojo, fundamentalmente, el territorio de Isla de Francia, donde se encuentra París, la ciudad más contagiada de Francia.

De prolongarse la pandemia es posible que se produzcan algunos cambios geográficos, por ejemplo, el abandono de las grandes ciudades privilegiando las intermedias, que tienen menos problemas de transporte, de contaminación y de posible propagación de los virus.

Aún no está dicha la última palabra, pues la Fiebre Española, por ejemplo, ha demostrado que no es descartable el arribo de una segunda ola, quizás más mortífera que la primera.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas

10/05/2020

 

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