Política

La ineptitud de Piñera será la puntada final al neoliberalismo feudal chileno

Es un comentario en todas en las reuniones familiares y en las oficinas a lo largo de Chile. Los tics del presidente de la República, acrecentados durante el funeral de su tío cura muerto por Covid19, se han transformado en un elemento que preocupa, no sólo a la población, sino que también en los círculos del poder político.

Cada día nos preguntamos si el presidente Piñera está enfermo mentalmente, si está desvariando. Hay varias pistas que nos hacen dudar de que pueda seguir gobernando. Las pruebas de su incapacidad en la toma de decisiones se ven corroboradas en las respuestas de su gobierno frente a la pandemia.

Por ejemplo, todo sus acciones han sido una ruina: tardía respuesta ante al virus, la nueva A-normalidad, cuarentenas dinámicas, mentiras sobre datos de muertos, cajitas felices, ingreso familiar paupérrimo, autoritarismo legislativo, foto en plaza dignidad, rechazo a post natal de emergencia, que se diga que el dinero del seguro de cesantía es del empresario, negativa de utilizar el dinero de los cotizantes de las AFP, etc, etc.
No hay duda que el cortocircuito en la sinapsis de Piñera viene de octubre del año pasado. En ese mes y los siguientes su respuesta fue nula ante los nuevos desafíos -salvo la represión- que los jóvenes pedían al salir a la calle . Sus peticiones no eran nada del otro mundo: mejorar la salud pública, educación de calidad, y cambiar el sistema económico y constitucional legado por la dictadura de Pinochet. Todos sabemos que esta fue una elaborada maquinaria de explotación que dura 30 años y que ha convertido a los chilenos en esclavos de cuatro grupos económicos.

Ante la presión ciudadana y ser puesto contra la pared, el “narciso” llamó a un plebiscito para aprobar una nueva Constitución. Muchos de los dirigentes de la derecha estuvieron de acuerdo pero ahora le tienen miedo al voto ciudadano, y quieren desestimarlo poniendo de muro de contención al coronavirus. Pero las condiciones para el cambio de paradigma van viento en popa y es imposible volver atrás porque la gente quiere dignidad, y no acepta más la ignonimia de la clase dominante.

 

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Sebastián, el Loco

En estos momentos, mientras Chile se llena de ollas comunes en las poblaciones más humildes, y las dirigentas son acosadas por parte de Carabineros de civil, o en el sur se detiene a Mapuches que venden en las calles de Temuco, Piñera no cumple ninguna norma de cuarentena, ni es sancionado y su errática actitud, lleva a los ciudadanos a pensar que realmente su estado de salud mental es preocupante. En España solía ponérseles sobrenombres a los Reyes; a Piñera podríamos ponerle uno propio: Sebastián, el loco.

Recordemos el espectáculo que dio el ‘líder supremo’ en el funeral. Visualícenlo en sus mentes por un momento.Es una escena de ‘El Resplandor’, o más bien una escena surrealista de Monty Python. Todo muy irracional, miradas a la cámara con ojos insanos, abrir el féretro, varios tics por segundo.

Esto demuestra que el especulador no sólo desatiende el conjunto de normas que ha impuesto a los chilenos para llevar el confinamiento a buen puerto. Es peor, ya no es creíble y su poder se ha vuelto ínfimo. ¿como podemos ganar como país la batalla al virus si los que dirigen el gobierno son infractores constante de las leyes y se han convertido en el profesor de religión, nadie les tiene respeto?

 

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Asimismo somos testigos, desde hace varios meses atrás, que Piñera tiene bastantes cambios de humor y una profunda actitud narcisista, indolente, da entrevistas a medios internacionales que no las entiende nadie, y son contraproducentes incluso para sus propias filas de acólitos.

Sebastián, el loco, está llevando a la patria a una crisis social, económica y de salud de proporciones bíblicas: más de 6 mil muertos, millones de contagiados, crisis económica severa, Fogapes para empresas que los bancos no quieren soltar al mercado, desempleo de dos dígitos, hambre, corrupción de su gobierno en adquisiciones de elementos sanitarios, especulación en servicios mínimos, y más cosas por venir: el producto bruto caerá en un 20% o más.

Ante los resultados negativos del gobierno frente a la pandemia muchos piensan que Chile va directamente a una implosión social. Pero si lo pensamos bien, es un cambio de paradigma, que muestra que el ciclo neoliberal está agotado. Es un aviso a la elite política y económica. Van a perder sus privilegios y el dinero del pueblo que se roban vía las AFP. El acuerdo entre cuatro paredes en 1989 de “en la medida de lo posible” ya no puede mantener la dictadura de lo privado ni seguir estrujando a los ciudadanos.

La elite de derecha y el red set, que fundaron este sistema neoliberal, no tiene excusas para seguir defendiendo el modelo. Eso sí, las muertes del Covid19 escondidas por Piñera y su gobierno, bajo el manto de Mañalich, no pueden quedar impunes.

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Es una oportunidad para revolucionar la estructuras de Chile. La solidaridad, fraternidad e igualdad, seguridad social, y el estado de bienestar deben ser el objetivo a conseguir para vivir en paz bajo una nueva Constitución. Debemos pensar en aplicar una economía colaborativa, regionalistas, competitiva, sin monopolios, con los recursos naturales en poder de Estado, que sea fiscalizador, fuerte ante el mercado salvaje.

Que no te mientan, ten cuidado. El sistema dirigido por el dinero como en USA no es una panacea, es una aberración. Es ver el panorama a que son sometidos millones de norteamericanos sin casas, con alquiler altísimos que les obliga a vivir en la calle, salud privada que les endeuda por años o mueres sin atención, corrupción empresarial, y especulación a raudales.

Por eso, es la oportunidad para refundar la República. La ineptitud de ‘Mister tics’ es la oportunidad para generar los cambios urgentes que necesita el país, y terminar con las estructuras facistas generadas desde la muerte y el dolor.

Eso sí, primero hay que comprobar el estado mental de Piñera. El líder debe ser visto por médicos y psiquiatras, por que su cara, además de tener tics, esta muy pálida, como un muerte viviente caminando, al igual que el sistema neoliberal que nos dejó Pinochet y Jaime Guzmán.

 

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Por Emilio Vidanski

 

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