Es un lugar común el decir que las cuarentenas son inútiles en los países subdesarrollados y altamente desiguales . En el caso chileno, la élite se cree blanca y europea, lo cual le permite, gracias al extraordinario PIB per cápita, tomar medidas, como encerrar a la gente en sus casas, pues nadie moriría de hambre.

La muy cristiana derecha chilena – también peruana – estaba convencida de que los pobres no existían, pues sólo los pueden ver en el trabajo como “hombrecitos y chinas”. Si no fuera, como dice la derecha, por la “generosidad de Michelle Bachelet” Santiago no estaría plagado inmigrantes, muchos de ellos negros, que pululan en las calles del centro y de la periferia. En cuanto a los pobres de Chile, Augusto Pinochet creo su propio apartheid: los blancos con los blancos y ricos con los ricos, y los pobres con los pobres, (al Oriente los primeros y al sudoeste a los segundos).

El panorama de Lima es ligeramente más mezclado que el santiaguino: las históricas calles del Virreinato que envuelven a edificios coloniales, están invadidas por vendedores ambulantes, desde cobrizas a negras, como en la mayoría de los países de América Latina, incluidos aquellos que se creen europeos, (argentinos, uruguayos y chilenos). En todos estos países existe la costumbre de exponer en los andenes, desde calzones amarillos hasta ricos guisos criollos, sin ninguna medida higiénica de precaución.

En Perú el comercio ambulante alcanza el 80% del total de la actividad económica. Según los Organismos Internacionales Perú perderá el 17% de su PIB a causa de la pandemia, por consiguiente, se calcula que el comercio clandestino llegará al 90%. Cabe preguntarse cómo un país puede funcionar con sólo el 10% del comercio legal.

El confinamiento peruano fue mil veces más radical que el chileno, y llegaron a imponer toque de queda a partir de las 15 horas, sin embargo, por muy rigurosos que hayan sido en la exigencia del cumplimiento de las normas, muy pocos ciudadanos las acataron, (entre morir de hambre o por una bala de soldados, ellos prefieren la segunda posibilidad).

Los índices de la pandemia en Perú, si se comparan con los de Chile, son más alarmantes: el país de los Incas ocupa el segundo lugar sud americano en número de contagiados, después de Brasil, con la diferencia de que el gobierno de Vizcarra ha respetado y seguido todas las recomendaciones de la OMS.

El neoliberalismo salvaje ha impuesto en la mayoría de los países de América Latina – incluido Perú – el maldito modelo chileno, instalando el sistema de las AFP y de las clínicas de salud privadas, las ISAPRES. En Perú, donde no tenemos una oposición tan vendida como la chilena, se acaba de aprobar el derecho de los ciudadanos de retirar el 10% de los fondos acaparados por las AFP que, según los interesados corruptos, “pertenecen a los cotizantes”.

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Los ciudadanos ricos del Perú, al igual que los chilenos de esta condición, se tratan en las clínicas privadas, en las cuales la hotelería e infraestructura son muy buenas, sin embargo, hay médicos más calificados y dedicados en la salud pública.

Las ganancias de las clínicas privadas, tanto en Perú como en Chile, son colosales: no hay mejor negocio que obtener altas rentabilidades a costa de la flaqueza y enfermedad humanas. Muchos de los dueños de estas clínicas, más que prestadores de servicios, son aves de carroña, así, para los dueños de estas empresas, el juramento de Hipócrates, es un verdadero chiste, (entre la bolsa y la vida ajena, es mejor la bolsa. No olvidemos que, en Chile, el Hospital Clínico de la Universidad Católica de Santiago contó con médicos que fueron cómplices y encubridores en el asesinato del Presidente Eduardo Frei Montalva. En el caso de Perú, algunas clínicas privadas han acogido a personajes, como el asesino en la Cantuta y Barrios Altos, el dictador Alberto Fujimori y al corrupto y ladrón PPK.)

En Chile, el Presidente Piñera, como representante de los ricos, logró un pacto entre las clínicas privadas y los hospitales públicos, hecho avalado por la urgencia de la pandemia. En Perú la situación es más difícil, pues las aves carroñeras, propietarias de los hospitales y clínicas privadas quieren aprovechar la oportunidad para aumentar sus rentas, desde siempre millonarias, cobrándole sumas exorbitantes al fisco por cada paciente con Covid-19, sabiendo que Estado está desesperado por la carencia de camas clínicas.

Marín Vizcarra, a quien no le ha temblado la mano para cerrar el “prostíbulo”, llamado Congreso, (dominado antes fujimoristas y apristas), hoy, gracias al artículo 50 de la Constitución, aprobada durante el gobierno de Fujimori, mediante el cual autoriza al gobierno en estado de catástrofe, para hacer uso de las camas en clínicas privadas, ha logrado un convenio con estas entidades, para cobrar un precio justo por la atención a los pacientes contagiados con el Coronavirus.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

26/06/2020

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