Política Global

Ceuta y Melilla en la geopolítica alauí

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Las imágenes de miles de ciudadanos marroquíes alcanzando la playa El Tarajal en Ceuta estremecen la conciencia. Según cifras, fueron 50 mil quienes emprendieron la travesía, de ellos, 67 perdieron la vida. Según fuentes, muchos fueron trasladados y escoltados en camiones por la gendarmería marroquí y llevados a la frontera.

No busque una respuesta fácil a lo acontecido. Tampoco se adhiera a teorías de la conspiración. Tras el drama humano se atisban los intereses geopolíticos de Mohamed VI de Marruecos, y no es la primera ocasión que utiliza personas para lograr objetivos estratégicos, adhiriéndose a la política iniciada por su padre, Hasán II, impulsor de la llamada marcha verde del 6 de noviembre de 1975.

En esa ocasión, su objetivo fue la ocupación militar del Sahara Occidental, reclamando su propiedad. Su hijo, en 2022 utilizó las mismas artes. En esa ocasión fue más lejos. Consolidó la ocupación militar del territorio del Sahara Occidental e hizo que la resolución de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para llevar a cabo un referendo de autodeterminación del pueblo saharaui quedase en papel mojado. Todo mediante el asesinato del pueblo saharaui y torcer la mano a España, a lo cual debemos sumar la retirada de Mauritania de la zona en 1979.

Los hechos que explican la actual crisis se pueden datar en 2021, fecha en la cual Brahim Gali, máximo dirigente del Frente Polisario, llegó a España para recibir atención médica. Su presencia levantó las iras de Mohamed VI. En protesta, orquestó el paso de más de 2 mil migrantes provenientes del Sahel y afincados en las cercanías de la frontera con Ceuta y Melilla. Sus guardias fronterizas hicieron la vista gorda. El “asalto” a las vallas conllevó una crisis en el gobierno de coalición y un cambio de posición del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) respecto al Frente Polisario. La ministra de Exteriores, Arancha González Laya, quien autorizó la estancia de Gali, fue destituida. En su lugar quedó un hombre para negociar con Rabat y Mohamed VI, el nuevo ministro José Manuel Albares. En su condición, se apresuró en dar las gracias al gobierno de Marruecos por recibir a los migrantes expulsados en caliente. En esa ocasión perdieron la vida 27 personas.




A los pocos meses, Rabat obtiene frutos de la acción emprendida. El PSOE reconocerá el Sahara Occidental como parte del territorio marroquí. No alentará el referendo de autodeterminación y el establecimiento de la República Árabe Saharaui Democrática. Dicho lo cual, Mohamed VI sacó conclusiones: bastaba azuzar el miedo de futuras avalanchas de migraciones incontroladas para chantajear al gobierno de Pedro Sánchez y conseguir resultados.

Para España, su decisión abrió una crisis con un aliado estratégico: Argelia. Enfrentada históricamente a Marruecos, congeló relaciones y disminuyó los intercambios comerciales, fundamentalmente el suministro de gas. Y no por casualidad, en la provincia de Tinduf se asienta el mayor campo de refugiados saharauis y parte de la dirección del Frente Polisario.

El PSOE privilegió sus vínculos con la monarquía alauí. Hoy vemos sus consecuencias. El 27 de julio de 2026 asistimos a la mayor invasión de fronteras en tiempo de paz. El chantaje se repite, pero con un Marruecos más fuerte y poderosos aliados: Estados Unidos e Israel. Ambos países buscan debilitar al gobierno de Pedro Sánchez, tanto en el escenario internacional como en lo interno. Las causas son obvias: i) denuncia del genocidio en Palestina, y ii) la negativa a facilitar la utilización de las bases de la OTAN en España para la guerra contra Irán. En este contexto, Marruecos está en posición de fuerza y puede subir la apuesta. Recordemos que ha sido incorporado a la Junta de Paz de Gaza y en los Acuerdos de Abraham.

Así, la llegada de 50 mil personas, la casi totalidad ciudadanos marroquíes, no es un problema migratorio, que también, sino una propuesta geopolítica en la agenda de negociaciones con España; poner sobre la mesa el futuro de Ceuta y Melilla como territorios a descolonizar. Poco tiene que ver la visita del presidente Pedro Sánchez a la capital de Argelia, el 20 de julio, a fin de reanudar lazos de amistad, y las relaciones comerciales en esta maniobra de Mohamed VI. No por casualidad se produce el día del 27 aniversario de su llegada al trono. El resultado lo conocemos. Han regresado 48 mil 500 marroquíes de forma voluntaria.

Sin embargo, tertulianos, reporteros e influencers, descontextualizando los hechos, se pronuncian por hablar de crisis migratoria y humanitaria. En su haber, imágenes sobrecogedoras. El llanto de la desesperación. Madres, niños, jóvenes pidiendo comida, agua. ¡No nos quieren! ¡Nos tratan como delincuentes! En el otro extremo, se recalca: la población española tiene miedo. Se confinan. El ejército interviene. La extrema derecha azuza la bandera de una invasión musulmana, un Estado fallido, un gobierno corrupto. Vox y el PP confluyen. Y en Europa encuentran aliados. Todo con tal de hacer caer el gobierno. Declaraciones de Donald Trump, argumentando que lo sucedido en la frontera de Ceuta y Melilla es el futuro que espera a Estados Unidos si gobernasen los demócratas. Y el embajador de Israel en la ONU, Danny Danon, declara:

“Quizás antes que siga dándonos lecciones, sea hora de que explique al mundo por qué aún mantiene enclaves coloniales en África”. Toda una declaración de intenciones. La tormenta perfecta. Será motivo para dar la final del Mundial de 2030 a Marruecos. Sólo faltaba.

 

Marcos Roitman Rosenmann



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Marcos Roitman Rosenmann

Profesor titular de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid y profesor e investigador invitado en la Universidad Nacional Autónoma de México así como docente en diferentes centros de América Latina. Columnista del periódico La Jornada de México y Clarín digital de Chile

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