Crónicas de un país anormal

Los Carabineros “Marmicoc”

Durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, ante la carencia de profesores de Enseñanza Básica, se implementó un programa de formación y capacitación de profesores a la rápida, llamado “Marmicoc”, (marca de ollas a presión muy famosa en esa época).

Cada vez que un gobierno se ve enfrentado a una crisis, en este caso como consecuencia de falta de personal, recurre a “los programas Marmicoc”: cuando un gobierno se demuestra incapaz de mantener el orden público y combatir la delincuencia, no se le ocurre otra salida que aumentar el contingente de carabineros, para tal efecto, los prepara en un curso rápido y los lanza a la calle.

Como en todas las profesiones, hay que distinguir las personas que actúan correctamente de aquellos que delinquen: si hay curas pedófilos, no todos lo son; lo mismo ocurre en carabineros, cuya misión es proteger a la ciudadanía sin distingo de estatus social u económico; no es lo mismo la labor de un carabinero en un barrio, que la de pertenecer, por ejemplo, a las Fuerzas Especiales que hasta ahora, sólo hemos visto persecución, torturas y hasta arremetidas contra adolescentes, incluso niños.

El joven lanzado recientemente a las aguas del Río Mapocho tiene, apenas, 16 años de edad, y el carabinero, hoy en prisión preventiva acusado de homicidio frustrado, es otro joven de 22 años de edad. La oligarquía, dueña del poder, necesita que los jóvenes y los pobres entre ellos, luchen entre sí, y ojalá a muerte. A través de la historia, desde el imperio romano hasta nuestros días, quienes mueren por los intereses de los potentados son, en su mayoría, los pobres, (los yanaconas eran más brutales con los mapuches que los mismos españoles).

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Los carabineros rasos no son el enemigo principal del pueblo, pues ellos son enviados por generales, (algunos de ellos corruptos, que permitieron la “Operación Huracán”, el Paco Gate, el asesinato de Camilo Catrillanca, entre otros delitos), y los usan, igual que a los yanaconas, como brazo ejecutor de los crímenes y demás delitos de lesa humanidad contra los ciudadanos.

Los atropellos de las fuerzas policiales contra los derechos humanos nunca les serán cobrados a los verdaderos autores intelectuales, (en la actualidad, al Presidente Sebastián Piñera, sus ministros del Interior y de Defensa y al cuerpo de generales de carabineros, que no sólo deben responder por los delitos de lesa humanidad como ejecutores directos sino, y especialmente, quienes los planifican o dan las órdenes para su ejecución).

En Chile no existe la democracia, que murió el 11 de septiembre de 1973. Las condiciones mínimas de una democracia se refieren a una independencia y división real de poderes; en nuestro caso, hay un rey que somete al parlamento y trata de domesticar al poder judicial. Basta que la investigación de un fiscal no sea del agrado del gobierno para que comience una campaña en contra de determinado persecutor público, que se ha atrevido a demostrar la verdad del presunto delito, (en este caso, el homicidio frustrado contra un joven, perpetrado por un carabinero).

Respecto a los derechos humanos, el Presidente de la República, que “tiene sus manos con sangre”, no se hace problema en condenar a Venezuela, Cuba, Nicaragua…, y acusar a la oposición de doble estándar. Para la derecha, el general Francisco Franco y Augusto Pinochet, no fueron dictadores, sino jefes de una cruzada contra el marxismo, y claro, para este conglomerado político, “se fueron de parranda”, y las torturas sólo fueron rasguños propinados a comunistas, por cierto, “muy peligrosos”.

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Hoy se habla de reformas a la institución de Carabineros, como si bastara una ley para terminar con una formación de irrespeto de los ciudadanos, que se arrastra, con todo su rigor, desde la dictadura instaurada por Pinochet. (No olvidar que “Comando Conjunto” fue inicialmente formado por carabineros, y que su personal, entre otros delitos de lesa humanidad, degolló a los profesionales Natino, Guerrero y Parada).

Hay que considerar que los gobiernos democráticos luego de la dictadura, cada más obsecuentes y temerosos ante un posible golpe de Estado, dejaron a las fuerzas armadas y carabineros sin ningún control civil, incumpliendo su deber de convertirse en garantes de una Constitución que, además de ilegítima en su origen, no aseguraba el predominio de la fuerza civil sobre la militar, única forma que garantizaría como legítimo el monopolio de las armas, que nunca deben ser utilizados contra la ciudadanía. “Bien maldecía Bolívar al militar que lo hiciera…”

El carabinero Sebastián Zamora recibió apenas un curso de un año para convertirse en miembro de las FFEE de Carabineros. Con muy mal criterio, sus jefes lo enviaron a combatir y reprimir a los manifestantes, en Plaza Dignidad. En ningún otro país, sólo el nuestro, “Tontilandia”, generales profesionales envían a jóvenes a una tarea que exige, varios pasos, entre ellos, muchos años de preparación, y la disuasión y criterio, a fin de respetar la integridad física y la salud de sus conciudadanos. Nadie desea que las nuevas generaciones terminen odiando a los carabineros que, en la mayoría de los casos, pertenece al mismo grupo etario y clase social.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

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12/10/2020

 

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