Crónicas de un país anormal Mundo

Los motivos de la indignación popular en Francia

Durante la mayor parte del período del Presidente actual, Emmanuel Macron, en las principales ciudades de Francia los ciudadanos han manifestado su ira debido al deterioro de los principales servicios y a la calidad de vida: los franceses apenas llegan a terminar el mes debido a los bajos sueldos y al alto costo de la vida, (ya han quedado en el recuerdo los exquisitos vinos y quesos franceses, así como la “dieta mediterránea”).

La revolución de los “chalecos amarillos”, y el precio humano de las marchas semanales, en que muchos de los manifestantes han perdido la visión e, incluso, un buen número de policías ha optado por el camino del suicidio a causa del estrés. Ni las marchas de los “chalecos amarillos” han logrado que el gobierno los escuche, como tampoco el Presidente Emmanuel Macron lo ha hecho con sus reformas liberales.

El Primer Ministro, Jean Castex, y el Ministro del Interior, Didier Lallement, han logrado imponer el proyecto de Ley de Seguridad Global en la Asamblea Nacional que, actualmente, con el voto de la derecha tiene mayoría. Este proyecto está concebido, según los ministros del gobierno, para proteger a los policías de la violencia generada en las manifestaciones. Su articulado contiene una serie de artículos liberticidas: en artículo 23, por ejemplo, elimina los beneficios penitenciarios a los ciudadanos que hayan sido condenados por ataque a la policía; el art. 24 condena a un año de prisión y una multa de 40.000 francos a los periodistas y ciudadanos que fotografíen el rostro de policías y gendarmes cuando están en funciones. El art. 24 atenta contra la libertad de Prensa al impedir que los ciudadanos comunes y los periodistas puedan tomar fotos a los policías en el momento en que están ejerciendo violencia en contra de los ciudadanos.

En Francia, la tierra de los derechos del hombre, se están atropellando estos derechos esenciales por parte de una policía racista y atropelladora, (el último caso de brutalidad policial se dio contra el productor musical, Michel Zaclier, que fue golpeado durante cinco horas, al tiempo que le gritaban “negro de mierda”.

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Se supondría que en una democracia la policía tiene el monopolio del uso de la fuerza, pero no puede utilizarlo para atropellar los derechos de los ciudadanos, entre ellos, el de informarse y manifestarse libremente. Esta ley liberticida haría imposible la vigilancia del actuar de la policía por parte de los ciudadanos. Gracias a las fotos y videos, subidos a los medios alternativos de comunicación de masas ha podido conocerse la mayor parte de los abusos perpetrados por la policía y gendarmería.

El gobierno de Macron está dominado por los sindicatos policiales y los jefes de la policía, que exigen una legislación muy severa, so pretexto de proteger su integridad física y psicológica, (según ellos, fotos y videos subidos a las redes sociales han hecho posible que policías y gendarmes sean perseguidos, incluso en sus barrios, y que sus hijos sufran bullying por tener como padres a “Flics” o “Poulets”).

La policía, tanto en Estados Unidos y Francia, como en Chile, y en los demás países del mundo, y de América Latina en particular, no están formados para el uso proporcional de la fuerza, y se encuentran muy lejos de ser policías que tengan instrucción, capacidad y protocolos para el respeto irrestricto a los derechos humanos que, es vez de proteger a la ciudadanía, como es su función, se han convertido en sus propios verdugos. En la mayoría de las encuestas, más del 50% de los ciudadanos entrevistados declaran el miedo a la policía, como también su desconfianza, antipatía y alejamiento con respecto a la sociedad civil.

Como en la novela de Chesterton, El hombre que fue jueves, los policías son delincuentes y los delincuentes, policías. En las marchas en las ciudades francesas, muchos de los carteles se refieren al Gran Hermano, de Orwell, en que todos los ciudadanos son vigilados en cada uno de los detalles de su vida, por medio de pantallas de televisores que les van indicando cómo comportarse en la vida cotidiana. En la sociedad contemporánea los drones y las cámaras fotográficas en cada uno de los postes vigila cada uno de los pasos y conversaciones e, incluso pensamientos. Hace tiempo que murieron las garantías que incluyen las Constituciones, que son sólo líricas frases, completamente inaplicables.

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“El rey de los huevones” es el único que cree que en Chile se cumple la igualdad ante la ley, la libertad de expresión, la libertad de petición, la libertad de manifestarse, de desplazarse, y otras, “máximas” que fueron redactadas por los más feroces esclavistas, tanto en la revolución norteamericana como francesa.

El viernes, 4 de diciembre, falleció a causa del Covid-19 el ex Presidente de Francia, Valéry Giscard D´Estaing, quien pertenecía al Partido de derecha, la UDF, y fue el primero en llevar a la práctica la llamada “cohabitación” con el Partido RPR, de Jacques Chirac y quien, como Primer Ministro, se entendía bastante mal con el Presidente, siendo reemplazado por Raymond Barre.

Giscard D´Estaing, con 48 años, fue uno de los más jóvenes de los Presidentes de Francia, (sólo lo aventaja el actual Presidente, Emmanuel Macron). Este Presidente impulsó políticas progresistas respecto de la mujer, entre ellas, el aborto, el divorcio, el reembolso del pago de la píldora contraceptiva, así como la rebaja a los 18 años de edad para el derecho a voto para todos los ciudadanos y ciudadanas. Al final de su mandato la revista Charlie Hebdo dio a conocer el regalo de los diamantes de Bokassa, hecho que enturbió sus últimos días en el gobierno, perdiendo en la reelección frente a François Mitterrand, quien comenzó gobernando con la izquierda y terminó cohabitando con la derecha.

Actualmente la ira popular, que despertó después de varios meses de calma debido a la pandemia, ha irrumpido con ímpetu, así sepamos por la historia de Francia que se hace muy difícil que las rebeliones populares logren derrocar a los tiranos.

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Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

06/12/2020

 

 

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Historiador y Cronista

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