Crónicas de un país anormal

La derecha, la viuda de la Concertación

Los entierros públicos, hoy por hoy, están prohibidos a causa de la pandemia, y el camino es directo al crematorio, sin homenajes, ni lamentaciones, ni despedidas.

La derecha se parece a aquellas viudas, (cuyo marido les golpeaba constantemente), y a su muerte descubrieron que el troglodita se hacía imprescindible al reconocerle cualidades que en vida nunca se le reconocieron.

Pasados los años de la muerte, casi imperceptible, de la Concertación que, de tanto transar con la derecha, terminó asimilándose a este conglomerado, y sólo se diferenciaba de ella por los nombres tradicionales de los distintos partidos políticos que conformaban dicha alianza unos liberales otros socialistas.

Los socialistas, cuyo fundador, Marmaduque Grove, en una frase no muy original prometía ´colgar en los postes´ a los burgueses, (consignada en la famosa canción de la Revolución Francesa, cuya letra fue tomada del le vieux cordelier Camille Desmoulins), con el correr del tiempo se fueron acercando a la derecha hasta convertirse en una de sus fracciones del “partido del orden”, (derecha-Concertación), o de ´las dos derechas´, como solía decir el entonces diputado Sergio Aguiló).

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´La ubicación social determina la conciencia´, máxima atribuida a Carlos Marx, es mucho más antigua: baste revisar algunos de los discursos del joven Robespierre, en que decía que los pobres no podían tomar conciencia de la explotación que padecían, pues tenían sobrevivir. El pasar de la izquierda a la derecha es un estado casi “biológico”: cuando se deja de ser “patipelao” y se reemplaza el pachulí por la colonia de marca, y el “bigoteado” por el Errázuriz Panquehue, Reserva, por ejemplo, se les hace muy difícil pensar igual que cuando eran idealistas y luchadores sociales.

Al comienzo, a los radicales se les consideraba masones, por consiguiente, revolucionarios y peligrosos, pero con el correr de los años, los jacobinos radicales devinieron amigos de sus rivales católicos de misa diaria, (sólo quedaba en la Cámara de Diputados uno que otro fanático que enseñaba el Crucifijo cuando salía una frase volteriana de algún jacobino).

Después de prolongadas y arduas conversaciones y, al final, un plebiscito de 1988, la Concertación terminó por convencerse que debía co-gobernar con Augusto Pinochet, pero para este conglomerado no era tan insoportable, pues ya habían tenido algunas experiencias previas, por parte de la Democracia Cristiana y parte del Partido Democracia Radical, en la Confederación por la Democracia, (CODE), para derrocar al Presidente Allende.

Por otra parte, visto que tenían que convivir con los socialistas para congraciarse con sus nuevos compañeros de trabajo, (y luego de haber asesinado a varios de sus directivas, durante la dictadura), a los militares les gustaba recordar que el Partido Socialista chileno fue creado por un militar, (Marmaduque Grove que hacia golpes de estado trasladándose del bosque a la moneda en taxi).

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Patricio Aylwin había logrado imponer, y con bastante éxito, la necesidad de aceptar la Constitución de 1980, de Pinochet, a fin de intentar ganar a la dictadura por medio del voto, por consiguiente, era preciso convencer a las Centrales Obreras de mantener la calma y dejar el gobierno en manos de los políticos, sobre todo, de los más moderados.

Aylwin gobernó con Edgardo Boeninger y Enrique Correa, que se denominó el eje democratacristiano-socialista: se trataba, fundamentalmente, de evitar un nuevo golpe militar, (había ocurrido en Argentina, en Campo de Mayo, durante el gobierno de Raúl Alfonsín), por consiguiente, había que tener contento a Pinochet, sus asesores y las Fuerzas Armadas y del Orden, pues el ex dictador, aún con poder, podría darse el lujo de amenazar si le tocaban a alguno de sus hombres o a su familia, (algunos se atrevieron a destapar las sinvergüenzuras de las privatizaciones, por ejemplo, pero fueron llamados al orden).

La derecha no sólo podía recurrir a las argucias constitucionales impuestas por Jaime Guzmán, y tener mayoría en el Senado por “secretaría”, sino que también contaba con los antiguos adversarios, y en la medida en que los gobiernos de centro-izquierda se relacionara con el poder y siguieran compartiendo vida social con sus antiguos enemigos, (incluidos torturadores), estos ex izquierdistas, con ideales elevados, poco a poco se convertirían en “caballeros”.

Ricardo Lagos había tenido el valor de mostrar su dedo a Pinochet, ante las cámaras de televisión, y se había transformado en un líder natural de la izquierda, (socialdemócrata), es decir, se creían tan moderados como los alemanes federales, o los franceses de la IV República, de   la SFIO.

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El mundo admiraba la transición chilena a la democracia, pues había demostrada ser capaz de aplicar el consenso de Washington y el neoliberalismo de la Escuela austriaca en forma mucho más exitosa que el modelo de los Chicago Boys, de la dictadura de Pinochet.

La diferencia entre la dictadura y la Concertación se centraba en que no era necesario someter y torturar y asesinar a los opositores para que los ciudadanos se sintieran parte integrante de un país que, en pocos años más, “podría tener el PIB de Portugal”.

A nadie debiera extrañarle que, en su ignorancia en muchos temas, especialmente de la historia, el alcalde de Las Condes se haga llamar “socialdemócrata”, pues ha tenido la habilidad de la cual la derecha careció durante la transición: entender que la Concertación hacía mejor el trabajo de sostener un modelo neoliberal, que llevado a cabo por René Cortázar y CIEPLAN, era mil veces más inteligente que el que trataba de imponer el Instituto de Libertad y Desarrollo, de la derecha.

Como suele ocurrir con las viudas, empiezan a encontrar múltiples cualidades al marido, que despreciaron en vida: a sus senadores se les escucha decir que envidian la disciplina de la Concertación y de cómo les gustaría imitarla para mantener al pueblo en paz y armonía, gracias a la promesa del “paraíso perdido”.

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A los democratacristianos del camino propio sólo les resta, como única salida para ellos, el voto por algunos proyectos del gobierno, así apeste por el rechazo popular.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

03/01/2021

 

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Historiador y Cronista

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  1. Gino Vallega says:

    Clodomiro Almeyda nos lo dijo una vez en la reforma de la U en 1967-68 en la facultad de arquitectura en Cerrillos : “todo aquel que asome la cabeza como líder en la izquierda , corre el riesgo de ser cooptado por la derecha”.

  2. Felipe Portales says:

    Y es cosa de ver el largo listado de ex ministros, subsecretarios, superintendentes y parlamentarios concertacionistas que han terminado como directores de AFP, grandes empresas, asociaciones de grandes empresarios, universidades privadas, fundaciones, medios de comunicación, etc. pertenecientes a grandes grupos económicos para comprobar los estrechos lazos generados entre las dos derechas. Esto, además del suculento financiamiento legal e ilegal de sus campañas electorales; de la participación como columnistas en sus medios; de sus servicios de lobby; etc. etc.

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