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COVID-19: ministros condenados por la ciencia y la realidad

Para alguien que ha seguido con atención los disparatados vaivenes, alejados de la realidad y de la ciencia epidemiológica, con los cuales el actual gobierno y sus dos consecutivos ministros de salud han tratado de controlar el curso inexorable y fatal de la epidemia por COVID-19 en el país, la entrevista de la sobria y acuciosa periodista Sra. Yasna Lewin al Dr. Jaime Mañalich de hace algunos días atrás en La Red, devela parcialmente una vez más algunas de las razones que han resultado en esta lamentable catástrofe sanitaria y demográfica. Frente a las sagaces y enfocadas preguntas de la periodista, para que el ex ministro de una explicación técnica y racional de las causas del descontrol de la epidemia y de su alta mortalidad, el ex ministro recurre a contenidos científicos errados, se desdice de pasadas declaraciones respecto del curso de la epidemia y lo que es más grave usa de manera distorsionada e irrelevante el ejemplo de otros países, para tratar de explicar aspectos de la adversa situación chilena. Esta triste actuación del Dr. Mañalich se condice plenamente con sus actuaciones previas como ministro, en la cuales también demostrara en sus pronunciamientos su incultura respecto de epidemiología y de salud pública, su volubilidad irrazonable y dañina respecto de la evolución de la epidemia y sus aparentes intentos por alterar mañosamente las cifras reales de enfermedad y de mortalidad por COVID-19, para probablemente demostrar de manera pueril pero letal el supuesto éxito de su gestión.

El desmentido diario que las cifras de enfermedad y de muerte por COVID-19 daban a la malhadada gestión del ex ministro, fueron las causas de su defenestración y por eso el argumento insostenible de que, “yo creo, Yasna, que usted me tiene mala por alguna razón”, es tragicómico y carente de seriedad para eludir su responsabilidad por esta desventura sanitaria, que fuera concebida e incubada durante su mandato. Las confusas respuestas del Dr. Mañalich en la entrevista, en vez de redimirlo de sus claras responsabilidades, lo hunden más en el pantano de su aparente incompetencia y de sus falacias, por las cuales la población chilena continúa pagando con miles de enfermos y de muertos evitables, estos últimos alcanzando aproximadamente ahora la cifra de cien diarios o más. Si bien es cierto que el ex ministro fuera absuelto de su responsabilidad política en la Cámara por un exiguo número de votos, el curso maligno de la epidemia a más de un año de su gestión, es una proyección amplificada en el tiempo y en el espacio del mortal fracaso de ella, fracaso que además como lo señalara la periodista, ha sido condenado por la mayoría de los profesionales de salud con experiencia en estos temas, y también por el contenido de algunos artículos científicos de alta calidad publicados recientemente.

Por ejemplo, un artículo en la revista Science por Mena et al., (27 de abril, 2021) señala que cuando el ex ministro aseguraba en marzo-abril del año pasado que el número de casos de COVID-19 era mínimo y que la diseminación viral estaba controlada, esta cifra era por lo menos 10 veces mayor que la informada por él. Además, que contrariamente a sus repetidas declaraciones respecto del control de la epidemia, en esos mismos meses (marzo-abril), el virus ya se diseminaba masivamente en la mayoría de las comunas de Santiago, especialmente en aquellas con poblaciones más vulnerables a la infección y a su fatal desenlace, diseminación que culminara con la cresta de infecciones y de muertes de mayo, junio y julio, 2020. El articulo textualmente dice que hubo “… un fracaso temprano del sistema de salud para informar a la población de la real magnitud de la amenaza sanitaria …”. En otro artículo publicado por Gozzi et al., en Nature Communications (23 de abril 2021) se señala que las cuarentenas parciales y dinámicas tan propiciadas por el ex ministro solamente enlentecieron la diseminación de la infección sin controlarla y que solo las cuarentenas totales fueron capaces de bajar drásticamente la propagación de esta en la RM. Estos estudios además confirman el exceso de mortalidad producido por la epidemia en esa época, hecho negado repetidamente por el Sr. ex ministro, incluso después de su revelación por la periodista, Sra. Alejandra Matus y sus colaboradores.

El ex ministro podría argüir que en esa época se carecía del conocimiento necesario para tomar las medidas adecuadas para controlar la epidemia, sin embargo, esto para su desgracia y la del país, es desmentido por una revisión de la prensa de esa época, que revela múltiples fuentes nacionales indicando por ejemplo que las cuarentenas totales eran el procedimiento más adecuado para enfrentar efectivamente la diseminación viral. En este medio (marzo 25 y 8 de abril, 2020), en dos columnas junto a mi colega Romilio Espejo T. (Premio Nacional de Ciencias Aplicadas) indicábamos, basados solamente en la microbiología cuantitativa del virus, que el ex ministro estaba subestimando grosera y peligrosamente el número real de infecciones y la diseminación rápida y masiva del virus en la población. Sin dudas el abandono contumaz y mortífero de la ciencia por el ex ministro en la conducción de la epidemia, fue responsable de la explosión de los contagios y de las muertes en mayo-julio del 2020 y que afortunadamente terminaran con su separación del ministerio. Con esta deletérea historia para la población chilena uno habría esperado del reemplazante del Dr. Mañalich, el Dr. Paris, un acercamiento a la ciencia y a sus contenidos para gobernar la epidemia, sin embargo, esto tampoco ha sucedido.

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Si bien es cierto el lenguaje truculento y vacuamente presumido del ex ministro ha sido reemplazado por el lenguaje aparentemente más llevadero del nuevo ministro, este con sus “leves mejorías”, sus “situaciones complejas”, sus “preocupantes fragilidades” y otros vagos términos, revela también una importante distancia de la ciencia epidemiológica, con la cual el curso de una epidemia debiera manejarse, atendiendo entre otros al número concreto de infectados y de muertos y sus tendencias en el espacio y el tiempo. El alejamiento de la ciencia y de la realidad se traduce en este caso también, por los extemporáneos permisos de verano, el levantamiento ilógico de cordones sanitarios, los ilimitados permisos de trabajo en cuarentenas, la apertura de centros comerciales, casinos y gimnasios y por último por el pasmoso pase de movilidad. Este último, opuesto por una mayoría de sociedades científicas por su renuncia a entender la epidemiologia del virus y la ciencia de vacunas, puede al igual que las funestas “cuarentenas parciales y dinámicas” de antaño, ayudar a la diseminación viral en la población, aumentando las infecciones y las muertes. Esta última medida revela también un insustancial fetichismo respecto de la capacidad de las vacunas como única arma epidemiológica para combatir la diseminación viral, fetichismo que socava el desarrollo pleno y universal de los efectivos métodos de diagnóstico y de aislamientos de nuevas infecciones y de la pesquisa y aislamiento de sus contactos (TTA).

En este contexto es esperable entonces que la mortalidad por COVID-19 en Chile, corregida por el tamaño de la población este alrededor de las mortalidades de los países en los cuales la prensa diariamente nos informa que la epidemia se ha manejado de mala forma como Brasil, EE.UU. y Perú. Recientemente el Dr. Paris ha confirmado todo esto, con la enfadada afirmación de que “Propongan cosas positivas y no basen todo en criticar”, que rechaza el rol de la crítica y de la discusión en el progreso de la ciencia y de la medicina, explicando también en parte el fracaso de su gestión a la Mañalich, fracaso cuyo precio continúa pagando la desprotegida población chilena con excesivo y evitable dolor y muerte. Como Galileo dijera hace cuatrocientos años atrás, el libro de la naturaleza está escrito en el lenguaje de la ciencia matemática, las epidemias y las enfermedades son fenómenos naturales y deben por lo tanto también ser gestionadas a través de las ciencias cuantitativas; práctica que ha sido de manera importante responsable del progreso de la medicina en los últimos cuatrocientos años. Respecto de la repetida prescindencia de la mejor ciencia en los tenebrosos cometidos epidemiológicos de los Drs. Mañalich y Paris podríamos decir con Albert Einstein que son una locura, ya que este bien dijo “Es una locura repetir el mismo método o comportamiento una y otra vez y esperar obtener resultados diferentes.” Locura, que al parecer necesita de manera urgente de una camisa de fuerza, para evitar que la población chilena continúe costeando sus delirantes desvaríos, con la disminución de la integridad biológica de sus vidas, de su bienestar y de su felicidad.

 

Por Felipe Cabello C.

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médico, profesor de Microbiología e Inmunología; miembro de la Academia de Ciencias, Chile; miembro de la Academia de Microbiología, EE.UU.

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  1. Gino Vallega says:

    Porqué la prensa insiste en mostrar al represor e ignorante Mañalich ?Lo echaron por “malo” e insisten en mostrarlo como si estuviera actual?
    Loa Alwyn ,los Lagos , Frei , ya fueron , adiós no más!

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