Opinión política

Los monstruos anunciados por Gramsci ya están presentes en la política chilena

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Ernst Bloch, el gran filósofo del diálogo marxista-cristiano, escribía sobre la opacidad del tiempo presente. En Chile nos encontramos a pocas semanas de unas decisivas elecciones de la segunda vuelta presidencial y, siguiendo al político italiano Antonio Gramsci, han aparecido los viejos monstruos de un mundo que se niega a desaparecer. El  portugués y Premio Nobel de Literatura, José Saramago, en su libro Las intermitencias de la muerte, escribe que ´si la muerte dejara de existir sería un desastre, y habría que volver a invocarla´. El que los partidos se crean inmortales, como es el caso de los radicales y democratacristianos, es una verdadera catástrofe, pues ya viejos, anquilosados y decrépitos sólo pueden retardar el nacimiento del mundo nuevo.

Gramsci escribía: “…recuerda que vas a morir y es la mejor trampa que no tiene más qué perder”. Otro pensador decía que ´la vejez no es otra cosa que una isla rodeada de un océano de recuerdos, y en esta etapa sólo hay glorias pasadas, mientras que el futuro es otro mundo, sea la nada o el paraíso´.

El cambio nunca ha sido lineal y, como el mar, avanza y retrocede, tiene altas y bajas mareas, epopeyas y momentos muy valiosos: hoy nos encontramos en uno de estos últimos.

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La Democracia Cristiana es la gran damnificada en estos tiempos: en las elecciones de Convencionales obtuvo un solo miembro de 155, y en las  elecciones presidenciales de primera vuelta,  del 21 de noviembre, llegó en quinto lugar, con Yasna Provoste. Gracias a la  renovación parcial del senado, al Partido le resta sólo un balón de oxígeno para sobrevivir.

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La Falange Nacional, precursora de la Democracia Cristiana, comenzó como un retoño, derivado de un sector muy pequeño de la iglesia católica, que propugnaba cambios sociales, inspirados en las Encíclicas sociales y de algunos filósofos, entre ellos Jacques Maritain y Emmanuel Mounier, quienes denunciaban, como gran escándalo, el abandono de la iglesia respecto de los pobres y, aún más grave, la colaboración de Pío XII, con el nazismo: el único norte de la iglesia era el combate al comunismo.

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El Partido Conservador, el otro padre de La Falange, por ser esencialmente católico contaba con muchos militantes obreros, y desde que fue expulsado del poder a partir del gobierno de Federico Errázuriz Zañartu, adoptó algunas posiciones de paternalismo social.

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Gustavo Ross Santamaría podría asimilarse a una mezcla entre el especulador Sebastián Piñera y José Antonio Kast: ante el peligro del supuesto triunfo del comunismo, el fascismo y el nazismo constituían un seguro de vida. Rafael Luis Gumucio Vergara recuerda, en sus Memorias, que el candidato Ross tenía la mayoría de los senadores conservadores para aprobar una dictadura, sin tener en cuenta que (“Don Tinto”) Pedro Aguirre Cerda era el líder de la derecha del Partido Radical.

Los jóvenes falangistas eran fanáticos religiosos y, en su mayoría, pertenecían a la aristocracia, con algunos de la clase media; estos grupos integraron varios gobiernos radicales, en que La Falange era el frente católico, mientras que los radicales, el frete laico, (con ciertos come-curas).

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Hasta finales del gobierno de Carlos Ibáñez del Campo (años 50), La Falange pudo obtener una “delantera” de cinco diputados, como la llamaba el periodista Murillo.  Los vientos políticos mundiales favorecían a los partidos demócrata cristianos, que en varios países europeos llegaron al poder, o bien, fueron muy importantes en las democracias parlamentarias en Francia, con el MRP, y  en Italia ocuparon cargos de gobierno.

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A fines del gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez el gobierno norteamericano de John F. Kennedy cambió de política: dejó de apoyar a los dictadores en América Latina e inició una política social, la famosa “Alianza para el Progreso” que,  en Sudamérica, estaba representada por el Partido COPEI, en Venezuela, cuyo líder era Rafael Caldera, y en Chile, por la Democracia Cristiana, liderada por Eduardo Frei Montalva.

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El filósofo cristiano, (judío converso), Maritain, escribía sobre las famosas vanguardias abraánicas, integradas por preclaros cristianos que estarían a la cabeza de la revolución cristiana, (así la llamaba la Revista Mensaje, de los Jesuitas). El mesianismo cristiano pretendía durar 30 años en el poder, (lo prometía “el profeta” Radomiro Tomic, pero sólo estuvo el mandato de seis años y, muy a su pesar, Eduardo Frei Montalva tuvo que entregar  la Piocha presidencial a su ex amigo, Salvador Allende Gossens).

Ni el “vuelo del cóndor”, ni derecha ni izquierda, ni el vanguardismo cristiano,  fueron capaces  de mantener la unidad partidaria y, en consecuencia, enfrentaron  divisiones hacia la izquierda, con los Partidos Mapu y la Izquierda Cristiana. El ala derecha de la Democracia Cristiana que seguía a Frei Montalva, justificó el fascista y criminal golpe de Estado en contra de Salvador Allende, y la consiguiente instauración de la dictadura militar, que se prolongó por 17 años. Eduardo Frei Montalva pagó con vida el haber condenado, aunque tardíamente,  la  dictadura, en su último discurso, en el Teatro Caupolicán, de Santiago.

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En la transición “transaccional” a la democracia, la Democracia Cristiana volvió a tomar el poder por dos gobiernos consecutivos, (Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle). Esta vez el Partido había dejado atrás “las minorías abraánicas y el vuelo del cóndor”, y los antiguos sacristanes se habían convertido de utópicos en pragmáticos, y no se hacían problema alguno en compartir los finos mostos con los ateos socialistas, pues sus filas se habían colmado de cristianos de izquierda y de militantes del Mapu.

La Democracia Cristiana muy aceleradamente se fue vaciando de militantes, (en poco tiempo perdió más de un millón de votos), y Eduardo Frei Ruiz-Tagle, en su segundo intento por llegar al poder, fue derrotado por Sebastián Piñera; la candidata Carolina Goic, al adoptar el camino propio, fracasó en su intento de llegar a La Moneda; Yasna Provoste viene de ocupar el quinto lugar entre siete candidatos, en las elecciones de noviembre último.

El dicho de que “se han visto a muertos cargando adobe”, se aplica con propiedad tanto a democratacristianos  como a radicales, pero de seguro sólo podrán mostrar a sus nietos las fotos, escapularios y mandiles.

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Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

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27/11/2021

 

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Historiador y cronista

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  1. Loa añejos partidos políticos chilenos deben desaparecer y dar espacio a nuevas fórmulas posmodernas. Entre ellos , la DC ,el PR ,el PS y también el PC,etc. La derecha ,que aparenta buena salud ,ya se ha dividido en grupos diversos para mantener su poder real. El avance del facismo-nazismo es algo inesperado y contradictorio ,porque incluso despedaza la «derecha social’ que se ha plegado gustosa a los ismos ultra.

  2. Viejo, estas cayendo en la «trampa» y estas llenos de recuerdos, y algunas Mentirillas:
    Un ejemplo: te refieres a Gramsci como un «politico italiano», tu sabes muy bien la historia de Gramsci, CUENTALA!!

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