Portada Presidenciales 2021

Segunda vuelta: trascendental definición ética

Se ha exagerado enormemente la importancia política de la próxima segunda vuelta presidencial. De partida, parecemos olvidar que el próximo presidente será uno de transición entre el fin de la Constitución del 80 (refrendada por Lagos y todos sus ministros en 2005) y la nueva que se aprobará el próximo año. Y lo mismo valdrá para el Congreso recientemente electo, parte del cual (la mitad del Senado) ¡fue electo en 2017, es decir, antes de la revuelta social de 2019!

 

Disminuirá aún más la importancia política del próximo presidente teniendo en cuenta que –cualquiera que sea electo- no contará con mayoría parlamentaria para obtener nuevas leyes a su gusto en lo que dure su período. Asimismo, se ha exagerado la posibilidad de que el pinochetismo de Kast pueda traducirse en una agudización de la represión ya existente, particularmente en territorios mapuches. Parecemos olvidar también de que las Fuerzas Armadas y Carabineros disponen de total autonomía operativa de acuerdo a la Constitución y a la Ley Orgánica Constitucional de las Fuerzas Armadas y Carabineros impuestas por la dictadura y legitimadas posteriormente por la Concertación.

 

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Autonomía que fue reconocida por varios dirigentes opositores cuando en 2018 se generó un debate a raíz de los montajes de Carabineros en la Operación Huracán y de la profusa corrupción en altos mandos del Ejército y de Carabineros. En sendas entrevistas a CNN Chile, tanto el diputado RD y miembro de la Comisión de Defensa de la Cámara, Jorge Brito; el senador independiente y miembro de la Comisión de Defensa del Senado, Carlos Bianchi; el ex subsecretario general de Gobierno de Lagos y ex DC, Jorge Navarrete Poblete; y el senador y ex ministro PS, José Miguel Insulza; reconocieron claramente dicha autonomía. Especialmente descarnado fue Insulza (recordemos, figura clave como canciller de Frei Ruiz-Tagle en los esfuerzos gubernativos exitosos para impedir la condena de Pinochet en Europa; y luego aquí en Chile como ministro del Interior de Lagos) quien señaló que “desde 1990 las Fuerzas Armadas y Carabineros se mandan solas”.

 

Y autonomía que llevó por un lado a Carabineros a emplear discrecionalmente durante la revuelta de 2019 el bárbaro método que mutiló ocularmente a centenares de personas. Y que, por otro lado, llevó al Ejército a mostrar una gran moderación represiva (¿efecto de la gran cantidad de oficiales condenados en Punta Peuco?…) e incluso a mofarse impunemente del presidente cuando éste enarboló la peregrina idea de que el país estaba en guerra…

 

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Además, algunas voces opositoras han levantado un insólito espantajo respecto de que Kast podría terminar con la Convención Constitucional. ¡Ello sería abiertamente inconstitucional y tendría la misma gravedad de un autogolpe de Estado!, lo que se convertiría en una locura que contaría evidentemente con el rechazo de la derecha económica nacional y extranjera; de las propias Fuerzas Armadas y de la comunidad internacional; para no hablar de la legitimación que ello haría de una verdadera insurrección popular…

 

Por otro lado, se exacerba indebidamente la esperanza de unos, o el temor de otros, con lo que pueda significar una presidencia de Boric. Parecemos olvidar el insólito vuelco experimentado por aquel –y por la mayoría del Frente Amplio- cuando el 15 de noviembre de 2019 se subordinó a la derecha y a la ex Concertación (¡haciéndolo incluso a título personal y provocando el quiebre de su propio partido!) en la suscripción de un acuerdo que, a todo evento, impedía el establecimiento de una asamblea constituyente que pudiese aprobar por mayoría una nueva Constitución, al estipular para toda opción en el plebiscito de 2020 la “aprobación” (dado el revelador silencio de todos sobre la materia, la gran mayoría que votó no pudo tener siquiera conciencia de lo que ello significaba) del antidemocrático quórum de dos tercios. Y teniendo en cuenta que todas las elecciones previas desde 1989 apuntaban a que la derecha tradicional lograría fácilmente el tercio… lo que sorprendentemente no obtuvo en la elección de convencionales (aunque sí, y lejos, en la reciente elección…).

 

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Y fue un vuelco tan significativo que permitió que “El Mercurio” “le abriese sus puertas” y que junto con la derecha le “perdonasen” actitudes muy radicales como los saludos funerarios al “comandante”; los fervientes apoyos a Maduro; su sonriente exposición con la polera del rostro acribillado de Jaime Guzmán; y su insólito viaje a Paris a entrevistarse con uno de los asesinos del líder gremialista.

 

Además, hemos visto luego de la primera vuelta el evidente afán de Boric de “ocultar” lo más posible al PC y a Daniel Jadue; un frenético afán de “demostrar” que él es mucho más moderado de lo que la derecha y los grandes medios hegemónicos lo están presentando; y una insistente disposición a modificar su programa que ya no tiene nada de “revolucionario”.

 

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A su vez, también puede decirse que no hay tampoco un verdadero miedo de la derecha a un triunfo de Boric. Si ese hubiese sido el caso, ciertamente habría recurrido al expediente de apoyar en primera vuelta a Yasna Provoste, como lo hizo en 1964 incondicionalmente con un candidato como Eduardo Frei que incluso postulaba una “revolución en libertad”; y que señaló, en este sentido, que no estaba dispuesto “a cambiar una coma de su programa ni por un millón de votos”. Lo que ¡llevó a cabo particularmente con la Reforma Agraria! suscitándole los odios de la derecha al PDC y su total renuencia en 1970 a apoyar a Tomic, arriesgándose a que saliese Allende, pese a que lo seguía temiendo completamente.

 

Más todavía cuando Provoste, producto de haber sido ministra de Lagos, proporcionaba la “garantía” de ¡ser una de las suscriptoras de la actual Constitución! Y, además, que siendo ministra de Educación de Bachelet había concelebrado -tomándose sus manos en alto- con los líderes de la derecha cuando en conjunto legitimaron la LOCE (Ley Orgánica Constitucional de Educación) impuesta por Pinochet, aprobando una muy similar LGE (Ley General de Educación).

 

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Nos olvidamos también que en varias elecciones presidenciales o plebiscitos la derecha ha “mostrado” un miedo que efectivamente no ha tenido. Así fue hace poco más de cien años con Arturo Alessandri a quien motejó nada menos que como el “Lenin chileno”… O cuando en 1938 buscó aterrorizar grotescamente con la guerra civil española en contra de la candidatura del Frente Popular, encabezada por el radical de su ala derechista, Pedro Aguirre Cerda. O cuando en 1988 buscó amedrentar a los ya atemorizados “súbditos” de la dictadura con la ridícula idea de que la derrota de Pinochet significaría el “caos”…

 

Pero sí, en la segunda vuelta se plantea un dilema ético de grandes proporciones. Este es de que –independientemente de que no puede lograr una legislación en tal sentido- la candidatura de Kast constituye un total agravio a la mujer chilena y a sus derechos, más aún cuando se ha sabido que su candidato “estrella” (¡y electo diputado!) del más emblemático distrito de la Región Metropolitana, Johannes Kaiser, ha proferido públicamente ¡un repulsivo elogio a quienes violan mujeres!, además de un abierto desprecio del voto femenino. Sería una infinita vergüenza y descalabro nacional que –sabiéndose ello- llegase a ser Presidente.

 

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Por si lo anterior fuese poco, Kast ha demostrado varias veces su apoyo a los criminales de lesa humanidad condenados en Punta Peuco (¡particularmente a Krassnoff Martchenko!), siendo ovacionado las veces que allí ha concurrido. Y Kaiser ha reforzado lo anterior justificando desfachatadamente los horrorosos crímenes cometidos por la dictadura en Pisagua, luego del golpe. De este modo, sería casi seguro que –usando las irrestrictas facultades presidenciales en la materia (que tanto Chile como muchos otros países tienen como resabio monárquico)- procediese a indultarlos. Esto desmontaría el único triunfo a favor de la justicia obtenido por la lucha de años de las agrupaciones y organizaciones de derechos humanos en contra de la sistemática búsqueda de impunidad de los gobiernos concertacionistas (particularmente en contra del proyecto de ley Aylwin de 1993; el proyecto de ley Frei y el acuerdo Figueroa-Otero de 1995; y el proyecto de ley de inmunidad de Lagos de 2003). Si hasta el propio Lagos fue capaz de indultar al asesino que degolló a Tucapel Jiménez; ¡de qué no sería capaz Kast al respecto!…

 

Todo esto convierte en imperativo ético el voto en segunda vuelta a favor de Boric, independiente de cualquier otra consideración. Y aunque -como lo hemos visto- factores objetivos y subjetivos lleven a no generarse ilusiones de que su triunfo vaya a traer cambios relevantes en nuestro país. Lo que sí podría tener un gran impacto positivo para el futuro de Chile es que, en la Convención Constitucional, el FA y el “Colectivo Socialista” reviertan su subordinación del 15 de noviembre de 2019. Y que aprovechen democráticamente que la derecha no obtuvo el veto del tercio, para sumarse a la mayoría de convencionales de izquierda en la obtención de una nueva Constitución que siente las bases para sustituir el “modelo chileno”; impuesto por la dictadura, y –posteriormente- legitimado y consolidado por la Concertación.

 

Advertisement

 Por Felipe Portales

 

 

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Historiador y cronista

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  1. Después que Felipe Portales no se queje si lo caracterizamos, científica e inmanentemente, como un intelectual que vota a una de las “dos derechas” (para usar su propio lenguaje).

    Que después tampoco se queje si le enrostramos como culpable, en términos científicos y políticos, de toda la actividad política de Boric durante su gobierno.

    Felipe Portales junto a Ricardos Lagos y Michelle Bachelet, de la mano y juntitos…quién lo diría!!!

  2. Felipe+Portales says:

    Guille: No se puede analizar bien sin precisión. El FA no ha sido parte de la ex Concertación. Así como tampoco lo ha sido el PC que incluso se integró desacertadamente a la Nueva Mayoría. Otra cosa es que la subordinación de la mayoría del FA a las dos derechas el 15 de noviembre haya sido un gran “autogol” que lleva a profundas interrogantes sobre la voluntad efectiva del FA de sustituir el modelo chileno. El test fundamental lo tenemos a la vista: el comportamiento que tenga en la Convención Constitucional. Pero todo ello no quita que un triunfo de Kast sería hoy una hecatombe ética que hay que tratar de evitar con todas nuestras fuerzas por las razones ya dadas.
    No me gusta la compañía en que me pone; pero sin duda que, al hacerlo, me está sobrevalorando de modo gigantesco en cuanto a influencia política (ya quisiera tener alguna); en lo que ciertamente también se equivoca…

    • Cada uno en lo suyo. Solo dejo algunos datos para refutar la tesis de que el PC y el FA no fueron ni sean parte de la Concertación, para demostrar que su respuesta solo intenta “tapar el sol con un dedo”:
      a) Ya en 2011 Giorgio Jackson tenía reuniones políticas a puertas cerradas sin consulta alguna a la base con Bachelet en el contexto de las movilizaciones
      b) Jackson sale electo como diputado con apoyo explícito de la Concertación
      c) Ya en 2011 Izquierda Autónoma (tronco de Convergencia Social) tenía relaciones orgánicas con Fernando Atria (en ese tiempo intelectual orgánico del bacheletismo). Cuando digo orgánicas me refiero al vínculo Atria-Carlos Ruiz Encina (principal ideológo y bajador de línea de ese colectivo político)
      d) Cuando el PC forma la nueva mayoría en 2012, lo forma con toda la concertación (la otra derecha, siguiendo su propia terminología). Y el resultado político es un gobierno más regresivo (más “a derecha”) que todos los previos desde 1990 (se elimina el derecho a hulega)

      e) Tan clara fue la incorporación del PC a la “vieja Concertación” en 2012, que una vez rompieron con la Nueva Mayoría:

      e.1) Han estado ligados orgánicamente (casi como siameses) con el FRVS:
      e.1.1) El segundo al mando en el FRSV es Esteban Valenzuela, quien fue:
      – Secretario general del PPD hasta el anho 2000
      – Al renunciar al PPD en 2007, recala en ChilePrimero, engendro creado por unos de los personajes más oscuros y despreciables de la política chilena, Fernando Flores
      – Después de pasar por ChilePrimero, es parte del equipo de la campanha presidencial de MEO en 2009, que buscaba una “sociedad con mercado”
      – En 2013-4 es jefe de campanha territorial para la campanha de Bachelet y se integra después a la Comisión Asesora Presidencial
      e.1.2.) El primero al mando en el FRSV es Jaime Mulet, quien ocupó altos cargos en la DC, a la cual perteneció entre 1980 y 2007, y jefe de campanha presidencial para la campaña presidencial de Eduardo Frei Ruiz-Tagle de 1997

      e.2) Fernando Carmona, Jefe programático de la campanha presidencial de Jadue:
      – Fue el principal inspirador de la contrarreforma laboral del segundo gobierno de Bachelet, que en sus consecuencias fue más regresiva para nosotros los trabajadores, siendo que, entre otras cosas, eliminó en la práctica el derecho a huelga:
      “Tras una trayectoria asociada principalmente a ser el asesor económico de la CUT mientras era controlada por el PC y se discutía la reforma laboral de Bachelet a partir de su rol en la CUT de Bárbara Figueroa (PC), quien recientemente perdió la reelección tras 8 años en el cargo.
      Estudió en el Instituto Nacional, y tras la UdeC, su trayectoria es completa en el mundo sindical: su tesis de posgrado en la UdeC la hizo sobre sueldo mínimo en 2012, se la envió a Figueroa y ella lo invitó a la CUT.
      En 2015 fue la voz técnica de la multisindical en las tratativas por la reforma laboral de Bachelet -en cuya inclusión en el programa incidió la CUT-, y luego fue invitado a participar en una Comisión Asesora Presidencial”
      (Perfil: Fernando Carmona, el economista PC autor del controvertido programa de Jadue, 18 de junio, ex-ante.cl)

      – Fue asesor programático de la campanha presidencial de Guillier en la última elección donde ganó Pinhera:
      “Después fue convocado al programa de Guillier…”
      (Perfil: Fernando Carmona, el economista PC autor del controvertido programa de Jadue, 18 de junio, ex-ante.cl)

      – Hasta octubre de 2019 era funcionario técnico-político del gobierno de Pinhera para aumentar la explotación de los trabajadores (de ahí que el PC hereda la misma lógica política de la “vieja Concertación”, no tener problemas en “co-gobernar con la derecha” y ser parte del “duopolio”:

      “En Piñera, fue invitado a una comisión sobre calidad del trabajo, de la cual se marginó tras el 18-O por las denuncias de violaciones a DD.HH”
      (Perfil: Fernando Carmona, el economista PC autor del controvertido programa de Jadue, 18 de junio, ex-ante.cl)

      f) Cuando el FA fue formado los análisis más lúcidos ya establecieron que se trataba una reorganización de la vieja concertación:
      El Frente Amplio y el reacomodo del bloque en el poder (Zarricueta, Punto Final, 3 de abril 2017)

  3. Felipe+Portales says:

    Guille: Sin duda que como usted bien plantea existieron muchos “vasos comunicantes” entre el FA y el PC con la Concertación. Pero ello no quita que han tenido una identidad histórica distinta. Incluso yo podría aportarle más antecedentes, en esa dirección, como diversos “entendimientos subterráneos específicos” que se dieron entre el PC y la Concertación desde 1990. Más aún, es un hecho que la oposición del PC a los gobiernos de la Concertación podríamos calificarla políticamente de “débil”. Y más débil aún fue la oposición del FA (o de sus grupos previos) a la Nueva Mayoría, como usted muy bien lo ilustra con diversos hechos. No creo, sí, que tenga mucho sentido que se pueda concluir como usted lo hace que la Nueva Mayoría fue incluso “más derechista” que los gobiernos de la Concertación. Creo que en la línea gruesa continuó con la misma tendencia subordinada a los grandes grupos económicos que tuvo la dirigencia concertacionista. Por ello es que todos hablamos de los “30 años” (los gobiernos de Piñera siguieron también, básicamente dicha orientación), como de un gran proceso único de legitimación y consolidación del “modelo chileno” impuesto por la dictadura.
    Y esto es un fenómeno muy corriente en la historia. Basta ver como en el período 1920-50, la izquierda y el centro chileno, más allá de sus identidades políticas -y sobre todo ideológicas- muy diferentes; tuvieron muchas coincidencias (¡y subordinaciones de la izquierda al centro!) gobernando incluso juntos en diversas ocasiones.

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