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Felipe Portales: “Gane el ‘Apruebo’ o el ‘Rechazo’, finalmente se cambiará de la Constitución actual lo que las dos derechas acepten”

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Felipe Portales, historiador y autor de varios libros acerca de la democracia y las luchas políticas en Chile.

 

¿Felipe, y si empezamos por el comienzo, por aquello que permitiría explicar y comprender este proceso constituyente, cuál sería la genealogía? ¿Y qué le dirías a quienes dicen que la paridad de género en las instituciones, el reconocimiento de una cierta autonomía de los pueblos originarios y la inclusión de los derechos sociales significan un avance innegable en esta nueva Constitución, pues el atraso constitucional de Chile era también una evidencia?    

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F.P. Es imposible comprender el actual “proceso constituyente” chileno sin tener a la vista la historia reciente. Esto es, que la dictadura refundó la sociedad chilena sobre bases neoliberales y autoritarias extremas. Así, destruyó todo el tejido social popular y de sectores medios desarrollado por la incipiente democracia que se constituyó a partir de los 60 con un sufragio universal efectivo (sin cohecho y “acarreo” del inquilinaje); con la Reforma Agraria y la sindicalización campesina que terminaron con el sistema semi-feudal de la hacienda que venía desde la Colonia. De este modo, se concentró el poder económico, social y cultural en pocos grandes grupos económicos; guarnecidos por la dictadura y con la idea de establecer una “democracia” fuertemente tutelada por instituciones políticas difícilmente modificables y por Fuerzas Armadas y Carabineros virtualmente autónomas.

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¿Y con respecto a lo segundo…?

 

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F.P. Considero que todos esos genuinos avances se desdibujaron por el carácter finalmente antidemocrático de las reglas impuestas a la Convención que hicieron primar la voluntad de su minoría sobre el de su mayoría, debido al quórum de los dos tercios. Y, peor aún, al entregarle al bloque consensual de los 30 años (Derecha + Concertación), la concretización legal del nuevo texto en los próximos cuatro años y ¡los quórums para transformar en ese período todo lo que quieran de dicho texto sin necesidad de plebiscitos ratificatorios!, dado que poseen más de los dos tercios de ambas cámaras.

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La derrota de la Dictadura, por las diversas manifestaciones de lucha y de movilización popular a partir de abril 1983, fue una gran oportunidad de cambio institucional, y sin embargo…

 

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F.P. Lo importante a retener es que después, este proceso (de concentración del poder en manos de la oligarquía) pudo ser amenazado por la derrota de Pinochet en el plebiscito de 1988; y la consiguiente segura elección de Aylwin en las elecciones presidenciales de 1989; complementada por la segura mayoría parlamentaria que aprovecharía el diseño acordado para tal efecto por la Constitución original de 1980, pensando en que sería funcional a la continuación (con Congreso Nacional electo) de Pinochet como presidente por ocho años más.

 

Tú apuntas a la responsabilidad de la casta política dirigente de la Concertación en la consolidación del régimen político del binominal y del modelo neoliberal de las “dos derechas” que inaugura los “treinta años”. Y después que la lucha popular debilitara a la dictadura al punto de obligarla a aceptar ir a las urnas en un plebiscito que inicia un nuevo período con la elección de Aylwin.

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F.P El liderazgo de la Concertación inconfesablemente experimentó una profunda derechización a fines de los 80, como lo reconoció crudamente en 1997 el principal ideólogo de la Concertación y ministro de Aylwin, el DC Edgardo Boeninger, en su libro “Democracia en Chile. Lecciones para la Gobernabilidad” (Edit. Andrés Bello). Y para no tener que “desnudar” dicha derechización ante sus bases y el país, antes de obtener la segura elección de Aylwin procedió a regalarle solapadamente la futura mayoría parlamentaria a través de una modificación del sistema de quórums para aprobar en el Congreso la legislación ordinaria. Así pudo desarrollar gobiernos que legitimaban y consolidaban el modelo neoliberal impuesto por la dictadura, justificándose plausiblemente en que no tenía las mayorías parlamentarias necesarias para cumplir con sus compromisos programáticos de profundas reformas de aquel modelo. Es importante añadir que aquel reconocimiento de Boeninger quedó para los pocos lectores de libros de nuestro país y no para la gran masa; por lo que no impidió que el liderazgo concertacionista se siguiera -¡hasta hoy!- presentándose como de “centro-izquierda”…

 

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Y en este proceso de consolidación del neoliberalismo chilensis tú también insistes en algo muy importante en tus análisis: en la destrucción por parte de la Concertación de un sistema de medios alternativos y críticos que se había construido durante la dictadura y que se alimentaba de la actividad crítica de periodistas, intelectuales y de la lucha popular misma… 

 

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F.P. Es evidente … A su vez, la ocultación de este proceso de derechización pudo hacerse más efectivo aún, con esa otra política solapada y silenciosa: la destrucción progresiva del conjunto de los numerosos medios de comunicación escritos de centro-izquierda que la Concertación había podido desarrollar en su lucha contra la dictadura, con el gran apoyo económico externo que recibió de la solidaridad internacional. Esta destrucción se hizo fundamentalmente a través de la discriminación en su contra del avisaje estatal, complementada con el bloqueo (también silencioso) de adicionales ayudas financieras externas; y de la compra de algunos de esos medios por personeros concertacionistas, para luego cerrarlos. Asimismo, esto fue a su vez complementado con la “neutralización” de la televisión pública gubernamental (TVN) convirtiéndola en una entidad en cuyo directorio la derecha obtuviese el poder de veto; y con la privatización del canal de televisión de la Universidad de Chile, canal que en manos de dicha universidad pudo haber desarrollado una línea plural de debate a fondo sobre la dictadura y su modelo neoliberal. Por último, aquello se complementó con la tenaz negativa de los sucesivos gobiernos concertacionistas a devolverle los bienes confiscados al dueño del diario de mayor circulación antes del golpe de 1973: el centroizquierdista “Clarín”; y cuyo dueño (Víctor Pey) se había comprometido a relanzarlo, precisamente en un momento en que las dos grandes cadenas de diarios nacionales de derecha ya tenían el monopolio (“duopolio”) de aquella. Con todo este siniestro proceso, el liderazgo de la Concertación quedó “libre” de críticas públicas que le enrostraran su cada vez más claro conservadurismo.

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Lo que explica el dominio del binomio de prensa Copesa y El Mercurio así como la mercantilización extrema de la TV chilena y la consiguiente diseminación de la ideología neoliberal y de ultraderecha… hasta hoy, y su peso en la campaña actual para “ablandar” a los convencionales de izquierda y populares y levantar a los “amarillos”.

 

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F.P. Cabe insistir que este proceso de derechización se fue expresando crecientemente en los diversos ámbitos de la realidad nacional: Falta de compromiso con la justicia respecto de las violaciones de derechos humanos de la dictadura, que culminó con su vergonzosa defensa de la impunidad internacional y nacional de Pinochet durante el Gobierno de Frei; profundización del proceso de privatizaciones de servicios públicos y de recursos naturales (Lagos, Frei); aumento de la injusticia en la distribución del ingreso, disminuida en sus efectos inicialmente por el buen desempeño económico general del país en los 90; creciente integración solitaria y subordinada de la economía chilena al mercado mundial; consolidación de los sistemas mercantiles en previsión (AFP), salud (Isapres) u educación (LOCE-LGE y universidades privadas con fines de lucro); etc.

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Tus análisis acerca del “proceso de derechización” en el plano constitucional recalcan la responsabilidad de los Gobiernos de la Concertación en la mantención de la Constitución del 80, pese a la demanda popular de convocar a una Asamblea Constituyente para redactar una nueva constitución.

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F.P. Pero sin duda que la culminación de este proceso de derechización se produjo en 2005, cuando la Concertación y la derecha propiamente tal consensuaron lo que se quiso llamar una nueva Constitución, que básicamente era la misma Constitución del 80 con algunas reformas de importancia pero que no alteraban su esencia autoritaria y neoliberal. Incluso, Lagos y todos sus ministros la refrendaron sustituyendo la firma de Pinochet y de los demás miembros de la “Junta de Gobierno”. Y Lagos pronunció un enfervorizado discurso en que resaltó que al fin se había llegado a obtener nuevamente una Constitución democrática para Chile, en la que todos se sentían representados.

 

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Y no obstante la demanda de Asamblea Constituyente reaparecerá con las luchas sociales, de trabajadores, ambientalistas y estudiantiles…

 

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F.P. El movimiento estudiantil-ciudadano de 2011 constituyó la primera grieta seria del sistema heredado de la dictadura y generó incluso una demanda cuestionadora de las principales instituciones económico-sociales del modelo económico y, concretamente, de la necesidad de establecer una Constitución democrática a través de una Asamblea Constituyente. Notablemente esto generó una férrea defensa de la Constitución (la firmada por el mismo Lagos) por parte del propio Lagos y de los principales líderes del PS: Camilo Escalona, José Miguel Insulza y Osvaldo Andrade, que embistieron duramente en contra de la idea de una Asamblea Constituyente. Pero fue tanta la marea que Michelle Bachelet prometió para su segundo gobierno (2014-2018) la realización de un “proceso constituyente” destinado a aprobar democráticamente una nueva Constitución. Llegó incluso a promover la realización de “cabildos” a lo largo de todo Chile, donde miles de personas participaron en debates respecto a los puntos que ellos veían como necesarios para una nueva Constitución. Sin embargo, aquello quedó virtualmente en nada, al generar el gobierno un proyecto de nueva Constitución -sin participación siquiera de los partidos políticos- para ser entregado al final del período de Bachelet a los archivos del Congreso Nacional…

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Pero fue necesario este acontecimiento intempestivo y extraordinario que algunos llamamos la Rebelión popular y ciudadana del 18/O del 2019, fue él el que abrió una brecha en la institucionalidad vigente o “poderes constituidos”.

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F.P. A mi juicio, cuando vino el profundo -pero espontáneo e inorgánico- “estallido” o “revuelta social” de octubre de 2019, y estando el país a la deriva, el “bloque consensual” de los 30 años llegó a un acuerdo para presentarle al país una suerte de gran acuerdo nacional (Acuerdo por la Paz y la Democracia del 15 de noviembre de 2019) para que el pueblo, a través de un plebiscito, resolviera si quería una nueva Constitución y, al mismo tiempo si la quería completamente electa (“Convención Constitucional” o CC) o formada por una mitad electa y otra por miembros del Congreso (“Convención Mixta”). Sin embargo, quedó en la penumbra un punto clave ¡que era común a ambos y que socavaba profundamente su carácter realmente democrático! Este fue que las dos opciones incluían un quórum de dos tercios para aprobar un nuevo texto. Además, las dos derechas lograron integrar a dicho acuerdo a dos movimientos del Frente Amplio (Revolución Democrática y Comunes), entidad que había surgido de los movimientos estudiantiles ciudadanos del 2011 y que se proclamaba “anti-neoliberal”. Además, se incorporó ¡a título personal y provocando un quiebre en su propio partido (Convergencia Social)!, Gabriel Boric, lo que “le abrió las puertas” de El Mercurio y el beneplácito de la derecha, ya que antes había protagonizado diversos episodios de manifestación de adhesión a Fidel Castro y a Maduro y de complacencia con el asesinato de Jaime Guzmán.

 

¿Fue el quórum de 2/3 para la aprobación de los artículos de la Nueva Constitución por redactar esgrimido como una prueba y una actitud abierta y “democrática-racional” de los sectores de izquierda y de oposición a Piñera para atraer a la derecha al proceso constituyente?

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F.P. No olvidemos que el acuerdo sobre el quórum de los dos tercios se efectuó con un claro antecedente previo: El que la derecha propiamente tal desde 1990 había obtenido en todas las elecciones parlamentarias (con o sin sistema electoral binominal) con bastante soltura más de un tercio de los parlamentarios. Es decir, era muy probable que se reprodujese un escenario ideal para la inconfesada derecha concertacionista: Que la “derecha” sola “cargara con la culpa” de mantener en la Convención las bases esenciales del modelo neoliberal en el nuevo texto constitucional, gracias a la aplicación de su muy probable tercio. Por otro lado, los ideólogos del Frente Amplio (particularmente el renombrado académico Fernando Atria) comenzaron a justificar contradictoriamente su imprevista adhesión al quórum de los dos tercios. Primero, sosteniendo sin base alguna, que no importaba dicho quórum porque, lo que no se aprobase por mayoría en la CC, podía dejarse en blanco en el texto constitucional y aprobarse luego por mayoría simple en el Congreso… Una vez que quedó clara para todos su falta de sustentación, comenzaron a formular la propuesta de los “plebiscitos dirimentes” al estilo de la experiencia sudafricana. Esto es, que lo que se aprobase por mayoría en la CC pero no alcanzase los dos tercios, se tuviese que zanjar por plebiscitos universales. Luego que ello fue rechazado por las dos derechas, se sumaron con todo desparpajo a las “tesis” de ambas derechas de que un quórum de dos tercios era finalmente positivo para el país porque garantizaba una Constitución más consensual y más estable…

 

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¿Se inscribe la entrega de los 2/3 para aprobar el articulado de la Constitución en la continuidad del viejo espíritu de los treinta años…el mismo que fue duramente denunciado durante las jornadas del 18/O del 2019 por el pueblo en las calles?

 

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F.P. Es que, en definitiva, con ello el Frente Amplio (FA) y el Partido Comunista -que pese a no suscribir el Acuerdo del 15 de noviembre adoptó una posición seguidista del FA- desperdiciaron una oportunidad de oro (si es que era auténtico su interés en promover una profunda transformación de la sociedad chilena) para conferirle proyecto, orgánica y liderazgo a la inorgánica y espontánea revuelta social de octubre de 2019; cuestionando desde ya duramente el engaño del quórum de los dos tercios y su propósito de neutralizar la revuelta y salvar el “modelo chileno” con un remedo de Asamblea Constituyente. En cambio, sólo el PC criticó simplemente dicho quórum, pero sin ningún énfasis ni continuidad y terminó sumándose al FA en su integración total al “proceso constituyente” delineado por las dos derechas.

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Y sin embargo, la composición misma de la Convención Constitucional fue resultado de la onda expansiva en las subjetividades ciudadanas del llamado “estallido social”. De todas maneras fue un triunfo popular apabullante, lo que hace más grotesco lo que sucedió después y realza la incapacidad de los convencionales de sacar los debates afuera del recinto y hacerlos realmente ciudadanos e implicar al pueblo organizado y a las y los trabajadores. Claro, el dispositivo mediático actual y la tribuna dada al “amarillismo”, hizo mella en los convencionales de izquierda populares.  

 

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F.P. Pienso que luego de ganar previsiblemente -dado que incluso muchos sectores de derecha la apoyaron- lejos la opción plebiscitaria de elaborar una nueva Constitución (obtuvo casi un 80% de los votos y ganando también lejos la opción de CC); sorprendentemente en la elección de convencionales efectuada en mayo de 2021 (se atrasó todo el proceso por la pandemia) se produjo un pésimo resultado electoral de las dos derechas. De este modo, la derecha tradicional quedó lejos de obtener un tercio; y con el concurso de la derecha concertacionista (y particularmente del Colectivo Socialista, ya que el PDC, PR y PPD apenas eligieron uno o dos convencionales cada uno) apenas lo obtuvieron. Por cierto, igual lo utilizaron para echar abajo muchos de los textos que los sectores efectivamente de centroizquierda mayoritarios (acompañados de la bancada reservada a los pueblos originarios de 17 convencionales) aprobaron por gran mayoría, pero sin alcanzar los dos tercios.

 

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¿Cuál fue el rol del Colectivo Socialista en la Convención Constitucional?  

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F.P. Con todo, el PS -por razones elementales de imagen- se vio obligado a dar su aprobación a textos que reforzaron mucho un conjunto de derechos sociales. Sin embargo, y aquí está lo más grave de todo desde el punto de vista democrático, el PS obligó a la mayoría de la CC -con sus estratégicos votos para obtener los dos tercios- a aprobar una resolución aberrante e inédita a nivel mundial en procesos constituyentes. Esta es, que en caso de ganar el “Apruebo” en el próximo plebiscito ratificatorio del texto (del 4 de septiembre), fuese luego el actual Congreso -¡o sea, de la fenecida Constitución!- el que entre 2022 y 2026 tenga las atribuciones para concretar legislativamente los textos de la nueva Constitución. De partida, en este Congreso la sola derecha tradicional dispone de capacidad de bloqueo en el Senado al tener el 50% (25) de sus 50 miembros. Es decir, NINGUNA ley que implemente la nueva Constitución podrá ser aprobada sin su consentimiento. Además, ambas derechas con sus amplias mayorías tendrán las posibilidades de desnaturalizar lo que quieran de los nuevos textos constitucionales al aprobar las leyes que los implementen. Y lo que es más increíble aún, en los próximos cuatro años las dos derechas podrán cambiar TODO lo que quieran de la nueva Constitución ya que disponen de más de dos tercios de los integrantes de ambas cámaras. Y en el nuevo texto se estipula que con tal quórum no se requieren plebiscitos ratificatorios para efectuar reformas constitucionales.

 

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¿Qué perspectivas se ven entonces? mucha negociación política al interior de la nueva “sala de máquinas” (*) que las organizaciones partidarias institucionalizadas no esclarecerán, cuyos motivos de conflicto y de interés popular tendrán que ser explicados…

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F.P. A mi juicio, el maquiavélico plan diseñado el 15 de noviembre de 2019 por las dos derechas -y que contó con la sorprendente subordinación del Frente Amplio y del Partido Comunista- ha obtenido pleno éxito. Sea que gane el “Apruebo” o el “Rechazo” en el futuro plebiscito, finalmente se cambiará de la Constitución actual lo que las dos derechas acepten, con lo que puede darse por descontado que los rasgos esenciales del “modelo chileno” que consolidaron y “perfeccionaron” en 30 años seguirán vigentes en el futuro previsible.

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Entrevista de Felipe Portales por Leopoldo Lavín

 

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Nota: (*) Es menester agregar que Roberto Gargarella, el constitucionalista argentino, bastante escuchado por la crema constitucionalista progre chilena sostiene que el problema en una constitución es la “organización del poder”, y utiliza la metáfora de la “sala de máquinas” para hablar de cómo el poder se reparte entre los actores institucionales (Gobierno, cámaras legislativas, contraloría, tribunales constitucionales, cortes supremas) (lo que llamamos el poder constituido), al mismo tiempo que plantea que democratizar el poder del Estado es fomentar el debate, la discusión y la participación de la ciudadanía para incidir en la fabricación de leyes, cosa que el dispositivo mediático no facilita. En Chile, observamos, por tradición elitista, que la casta política busca siempre capturar todo debate para así poder decidir en círculos restringidos y en los hechos menoscabar la democracia; es lo que estamos viendo … y esto en connivencia con los sectores constitucionalistas gobiernistas dentro de la CC….

 

 

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  1. Serafín Rodríguez says:

    Es decir, a la larga dará lo mismo como uno vote excepto darse el gustito de votar por una u otra opción. Tal vez lo mejor sería tomárselo con humor y dibujar un gran pájaro francés en la papeleta. O escribir el famoso Pico pa’l que lee! para verle la cara que pone el vocal de mesa que anuncie los votos, pero esto sería feo. Después de todo estará cumpliendo con su deber ciudadano. Habrá que buscar algo más creativo. Acepto sugerencias!

  2. Margarita Labarca Goddard says:

    Este artículo de Felipe Portales es un lúcido y bien informado análisis de la situación actual y pasada de la política chilena y del fenómeno constitucional en particular. Coincido con todo.
    Sin embargo quisiera hacer una acotación: hasta hace poco, todas las constituciones chilenas habían sido elaboradas por los gobiernos o por grupos de personas mandatadas por éstos. Lo mismo ha ocurrido en la mayoría de los países.
    Pero durante las últimas décadas se ha afirmado y desarrollado en la teoría del Derecho, el convencimiento de que el único constituyente es el pueblo, el constituyente originario que tiene facultades para elaborar o modificar una Constitución, en forma directa o mediante constituyentes elegidos especialmente con ese propósito.
    Los Congresos o Parlamentos no tienen facultades constitucionales y por lo tanto no pueden elaborar ni modificar las constituciones aprobadas por el constituyente originario, o sea por el pueblo. Estos son principios elementales de derecho, aceptados universalmente en la actualidad.

    • Serafín Rodríguez says:

      Cierto, pero hasta por ahí nomás pues si los parlametarios son representantes del pueblo pueden actuar en su nombre. Otra cosa es qe se los cuestione como tales y ahí se entra al rollo de la legitimidad de la democracia representativa, algo que da para varios volúmenes. En todo caso, lo que está claro es que lo que realmene importa son los poderes reales que ejercen control político-social y económico en la sociedad, nos guste o no nos guste, Por supuesto, siempre apoyados por los fierros.

  3. Germán F. Westphal says:

    Tal como escribí en otro comentario en este medio, “la Constitución escrita o “de papel” poco o nada importa. Se la puede invocar para defender las instituciones que establece e incluso para violarla y eventualmente destruirlas! Lo que de verdad cuenta es la constitución real y efectiva que determinan los diversos factores de poder que operan y rigen en la sociedad. Por cierto, esto no quiere decir que no sirva para nada pues le da forma al aparato del Estado y estipula los derechos de los ciudadanos, todo lo cual se implementa en la medida de lo posible, según permitan los mencionados factores de poder.”

    A continuación la reacción de FelipePortales en relación a mi última frase: “una Constitución puede ser o no un buen punto de referencia que hay países del mundo que ni siquiera tienen Constitución. Y que en el caso chileno ha habido cambios totales de régimen político sin que siquiera haya habido el cambio de una coma de la Constitución, como fue la sustitución del presidencialismo por el parlamentarismo extremo en 1891, simplemente “reinterpretando” la Constitución de 1833. Y también -más allá del carácter antidemocrático de la Constitución de 1925- fue un hecho que dicha Constitución fue sistemáticamente violada desde el poder; a través de decretos, leyes o prácticas inconstitucionales que fueron aceptadas por la generalidad de los actores políticos: decretos de insistencia; Ley de Seguridad Interior del Estado, Ley de Zonas de Emergencia, Ley de Defensa de la Democracia; decretos o leyes impidiendo la sindicalización campesina; etc. A tal punto que el historiador conservador Bernardino Bravo Lira escribió que “la configuración extraconstitucional de la institucionalidad es uno de los rasgos dominantes del medio siglo que transcurre entre 1924 y 1973 (…) Prácticas y procedimientos extraconstitucionales prosperaron a lo largo de todo el período 1932-73, a menudo con resultados muy constructivos y admitidos, sin mayor dificultad” (“Régimen de gobierno y partidos políticos en Chile 1924-1973”; Edit. Jurídica de Chile, 1978; pp. 49-50).”

    Incluyo ambos comentarios porque vienen muy al caso de la decisión en última instancia espuria del 4 de septiembre próximo pues todo terminará cocinándose en el actual Congreso Nacional electo en virtud de la Constitución del binomio Lagos-Pinochet.

  4. Margarita Labarca Goddard says:

    VUELVO con alguna bibliografía en que he basado mi comentario:
    Sánchez Viamonte, Carlos, El poder constituyente, Buenos Aires, Bibliográfica Argentina, 1957.
    Vega García, Pedro de, La reforma constitucional y la problemática del poder constituyente, Madrid, Tecnos, 1985.
    Díaz Ricci, Sergio, Teoría de la reforma constitucional, Buenos Aires, Universidad Complutense-Ediar-UNAM, 2004.
    Stern, Klaus, El derecho del Estado de la República Federal Alemana, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1997..
    Heller, Hermann, Teoría del Estado, México, Fondo de Cultura Económica, 1971.
    Mortati, Constantin, “Appunti sul problema della fonte del potere Costituente”, Raccolta di scritti, Milán, Giuffrè, 1972.
    Canossa Usera, Raúl, Interpretación constitucional y fórmula política, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1988.
    Carpizo, Jorge, La Constitución mexicana de 1917, 7a. ed., México, UNAM, 1979.
    Burgoa, Ignacio, Derecho constitucional mexicano, 8a. ed., México, Porrúa, 1991.
    Zagrebelsky, Gustavo, “La Constitución y sus normas”, Teoría de la Constitución. Ensayos escogidos, México, Porrúa-UNAM, 2000.

  5. Portales hablando de lo que no sabe. Los que nos movilizamos masivamente en 2011 y 2019 sabemos que la demanda nunca fue AC. Déjense de apropiarse de lo que no han participado ni generado. Ambos procesos no fueron ciudadanistas, dejen de hacerle el juego a las dos derechas. Realmente, una verguenza

    • Serafín Rodríguez says:

      Aunque así hubiera sido, estimado Martín, el hecho es que en el plebiscito nacional del 20 de abril del año 2020 concurrieron a votar 7 millones 569 mil 82 ciudadanos. Esto es lo que dio base al proceso constitucional en curso, el tema del artículo del Felipe Portales.

      • No hubo ningún plebiscito en abril de 2020. El plebiscito fue en octubre de 2020, luego la elección a la CC en mayo de 2021. En ambas ocasiones primó lo antidemocrático, ya que la mayoría se abstuvo o anuló. Fuimos 51% del total pasible de votar en octubre de 2020, fuimos 61% del total pasible de votar en mayo de 2021.

        Si va responder a un comentario cierto con un error histórico, le rcomiendo que mejor no lo haga.

        • Serafín Rodríguez says:

          Sí, me equivoqué de mes por no poner atención a lo que escribía. Tal vez por senil pero no por idiota. En cuanto al resto de lo que afirma, Martín, muy ilustrativo! Gracias!

  6. Germán F. Westphal says:

    Nadie discute la teoría relativa al poder soberano del pueblo, Margarita! Otra cosa es la práctica. En la bibliografía consultada no veo el clásico ¿Qué es una Constitución? del socialista Fernando Lasalle, quien hace la distinción entre la constitución real y la constitución escrita o “de papel” como la llama. Está disponible en línea y aunque es una conferencia que dictó hace 170 años es una lectura obligada para entender lo que está ocurriendo con el proceso constitucional “a la chilena”.

  7. Margarita Labarca Goddard says:

    La teoría del pueblo como constituyente originario se ha desarrollado y afianzado desde fines del Siglo XX. Es que los pueblos más primitivos que vivían en grupos tuvieron que crear ciertas normas mínimas para poder vivir en comunidad. Cuando los pueblos aumentaron y las comunidades fueron más grandes, continuaron ellos mismos dándose sus normas ¿Quién lo lo iba a hacer? Pero cuando aparecieron los reyes, emperadores y zares, ellos se proclamaron
    representantes de Dios en la tierra y le arrebataron al pueblo sus facultades constituyentes. Pero ahora, gracias al desarrollo de la cultura y del Derecho, se ha entendido que el constituyente originario es el pueblo. Actualmente se suele medir al pueblo por medio del padrón de votantes, lo que parece bastante lógico. Pero también muchos autores sostienen que se pueden aplicar presunciones en algunos casos. Ahí podría entrar el caso de Chile, en que las grandes manifestaciones de octubre del 19 exigían nuevas normas constitucionales, puesto que la Constitución de Pinochet no garantiza los derechos del pueblo. Que en la práctica nunca se hayan aplicado estos principios en Chile, no significa que ellos no sean válidos, por lo que se deben aplicar ahora.

    • Serafín Rodríguez says:

      Y así hará el pueblo soberano de Chile el 4 de septiembre próximo cuando decida si aprueba o rechaza la propuesta de Constitución de la Convención Constitucional electa por el mismo pueblo para redactarla. Cuál es el problema, Sra. Margarita?

  8. Renato+Alvarado+Vidal says:

    Discrepo con don Martín, uno de los hechos llamativos de la rebelión popular de octubre fue la rapidez con que se pasó de las demandas básicas por pensiones, salud, vivienda y educación a otras de un nivel más alto y que englobaba las anteriores, como fue la demanda por dignidad; y dando muestras de que nuestro pueblo posee una madurez mucho mayor de la que la burguesía siempre le atribuye, en las manifestaciones apareció precozmente una demanda claramente política: el cambio constitucional por medio de una Asamblea Constituyente soberana.
    Para no seguir meramente intercambiando opiniones sugiero revisar las abundantes fotos de las manifestaciones y ver lo que aparece en las pancartas.

    • Las demandas de 2011 fueron universidad gratuita y acceso universal, no AC. Las primeras denotaban un conflicto de clases, lo segundo denota un ciudadanismo que supone que “toda la nación debe reunirse a discutir” (no por nada Bachelet, Atria y la actual ultraderechista Javiera Parada votaron por la concerta “marcando AC” en 2013).

      Las demandas de octubre 2019 fueron fin a los 30 años y fin a la AFP. Denotan un avance en relación con el 2011 porque cuestionaban el régimen de los últimos 30 años y su base capitalista fundamental. Cuestionaban el capitalismo en general y no solo fase neoliberal, porque la utilización de salario no pagado como fondo de acumulación es constitutivo en el desarrollo del capitalismo (esto por fuera del sobretrabajo clásico) -ver explicaciones Engels sobre el desarrollo del capitalismo alemán entre 1865 y 1895, ver el funcionamiento de la Caja del Seguro Obrero en los 1930s bajo Alessandri-. En 2019 fue la concerta, el PC y el FA quienes usaron la bandera de AC, para que el país se “sentar a conversar”. Hoy, Artés y Miranda buscan de nuevo “sentarse a conversar” porque van por una AC y votan apruebo sin ilusiones, llendo junto a los progres del FA y el gobierno incluido.

      Que octubre 2019 iba contra una AC lo demuestra no solo los dos objetivos fundamentales que cito, sino la expansión masiva a nivel nacional de las asambleas territoriales, mucho más cercanas a la democracia proletaria que cualquier parlamento burgués radical o revolucionario (al nivel que mcuhas se sacaron de encima los cabildos que impulsó el Gobierno desde arriba, muchas reunían a la clase obrera inmigrante bajo un discurso de clase). Miranda, de la mano de Artés hoy, está detrás de lo que planteó en 2013: una AC popular, la que se opuso programáticamente a la AC de los claudistas de ese momento (y que determinó un quiebre y delimitación progresiva en ese momento) -recordemos que muchos caludistas se fueron a la concerta justo después.
      En la historia la AC siempre ha servido como relegitimación del régimen patronal burgués. Desde Cuba en los 1930s hasta la Bolivia de 2008, solo ha llevado a derrotas. Es tiempo de dejar la conversa con los progres-ciudadanos y llevar el debate al terreno de clase (como escribió Plekhanov en los 1880s-1890s: solo se discute con la clase -incluso al nivel más conflictivo posible-, a los patrones se les hace la guerra, con ellos no se discute).
      Camarada, le falta menos Habermas y más Marx.

      Abrazo

  9. Margarita Labarca Goddard says:

    Las personas de izquierda auténtica, los revolucionarios, deben ir por delante del pueblo. No es que los revolucionarios sean sabios y el pueblo ignorante e inepto. Lo que ocurre, sobre todo en Chile, es que no hay prensa independiente ni menos de oposición, y que muchos de quienes fueron revolucionarios en los años 50, 60 y 70, abandonaron ahora sus convicciones y se pasaron al lado del enemigo de clase.
    Pero los que todavía conservamos nuestras convicciones de izquierda, tenemos la obligación de explicarle al pueblo todo lo que sepamos y podamos. Así se han hecho las revoluciones en el mundo. En Chile, el presidente Salvador Allende empezó su trabajo de concientización popular en los años 40 y 50. Hacía giras por todo el país y cuando encontraba a un pequeño grupo de personas, se detenía y les hablaba y les explicaba, entre otras cosas, todo lo relativo al cobre. Y el pueblo, en pequeños grupos, siempre lo escuchaba con respeto.
    Pues eso es lo que hay que hacer ahora y siempre, para ir acabando con el descrédito y la desesperanza.
    Las personas de izquierda auténtica, los revolucionarios, deben ir por delante del pueblo. No es que los revolucionarios sean sabios y el pueblo ignorante e inepto. Lo que ocurre, sobre todo en Chile, es que no hay prensa independiente ni menos de oposición, y que muchos de quienes fueron revolucionarios en los años 50, 60 y 70, abandonaron ahora sus convicciones y se pasaron al lado del enemigo de clase.
    Pero los que todavía conservamos nuestras convicciones de izquierda, tenemos la obligación de explicarle al pueblo todo lo que sepamos y podamos. Así se han hecho las revoluciones en el mundo. En Chile, el presidente Salvador Allende empezó su trabajo de concientización popular en los años 40 y 50. Hacía giras por todo el país y cuando encontraba a un pequeño grupo de personas, se detenía y les hablaba les explicaba, entre otras cosas, todo lo relativo al cobre. Y el pueblo, en pequeños grupos, siempre lo escuchaba con respeto.
    Pues eso es lo que hay que hacer ahora y siempre, para ir acabando con el descrédito y la desesperanza. ¿Nos vamos a demorar mucho? Sí, pero eso no es lo que importa.

  10. Juan Cordova says:

    Seamos serios, esto no es chacota.
    El Pueblo Chileno necesita una Constitucion Por y Para, el Pueblo .
    La Derecha, tiene el derecho de patalear, gritar, tirarse al suelo y soltar un llanto histerico; por supuesto, tienen que defender sus intereses. A este carro ya viejo y decrépito se suben aquellos que han usufructado de las migajas entregadas, no, mas bien regadas por los poderosos, como son los DC, los PPD y los PS.
    Estos elementos sufren del Sindrome de Doña Florinda ( vease el diccionario de Chispirito y el Chavo del 8)

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