
Líbano, el frente olvidado que puede incendiar nuevamente Oriente Medio
Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 55 segundos
Mientras Gaza continúa devastada, Israel intensifica sus ataques sobre Líbano y vuelve a colocar a Beirut bajo amenaza. Las presiones de Donald Trump evitaron por ahora una ofensiva mayor, pero el gobierno de Benjamin Netanyahu mantiene una estrategia militar que acerca peligrosamente a la región a una guerra abierta.
La guerra ya no se limita a Gaza. El gobierno de Benjamin Netanyahu ha convertido también a Líbano en un frente permanente de ataques, bombardeos y amenazas militares, profundizando una crisis regional que amenaza con escapar completamente de control.
Durante las últimas semanas, Israel ha intensificado sus operaciones en el sur libanés bajo el argumento de combatir a Hezbollah. Pero los bombardeos han afectado nuevamente zonas civiles y provocado nuevos desplazamientos masivos de población en un país que arrastra años de colapso económico y destrucción institucional.
El episodio más grave ocurrió cuando Netanyahu amenazó con extender los ataques hacia los suburbios del sur de Beirut, bastión histórico de Hezbollah y una de las zonas más densamente pobladas de la capital libanesa. La posibilidad de una ofensiva de gran escala encendió las alarmas internacionales y obligó incluso a Estados Unidos a intervenir directamente para frenar a Israel.
Donald Trump, principal aliado histórico de Israel, presionó personalmente para impedir una ampliación de los bombardeos sobre Beirut. El gesto dejó en evidencia el creciente temor internacional frente a la estrategia militar impulsada por Israel, cuyo gobierno parece avanzar sin una salida política clara y con una lógica cada vez más expansiva del conflicto.
La situación humanitaria en Líbano es dramática. Más de 3.400 personas han muerto y alrededor de 1,2 millones han debido abandonar sus hogares desde el inicio de esta nueva fase de la guerra. Hospitales, carreteras, viviendas y servicios básicos han quedado destruidos en diversas zonas del país.
Y todo esto ocurre en un Líbano ya devastado por la crisis económica más profunda de su historia moderna. Antes incluso de los bombardeos, gran parte de la población vivía en condiciones de pobreza, inflación descontrolada y precariedad extrema tras el colapso financiero y la explosión del puerto de Beirut en 2020.
Hoy la guerra amenaza con terminar de hundir al país.
Pero detrás de la ofensiva israelí existe también una dimensión política mucho más amplia. Netanyahu enfrenta una fuerte crisis interna en Israel, crecientes críticas internacionales por la devastación en Gaza y cuestionamientos incluso desde sectores occidentales que hasta hace poco respaldaban sin matices las operaciones militares israelíes.
En ese contexto, la expansión del conflicto hacia Líbano aparece también como una forma de prolongar un estado de guerra permanente que fortalece políticamente a los sectores más duros del gobierno israelí.
El problema es que el costo humano lo pagan nuevamente las poblaciones civiles.
Israel justifica sus ataques señalando la presencia militar de Hezbollah en el sur libanés. Sin embargo, organizaciones internacionales y diversos gobiernos han advertido que la intensidad de los bombardeos y las amenazas sobre Beirut pueden desencadenar una catástrofe regional aún mayor.
Hezbollah, además, no es un actor aislado. Es el principal aliado de Irán en la región. Por eso cada ataque israelí sobre Líbano repercute inmediatamente en las tensiones entre Teherán, Washington y Tel Aviv.
De hecho, las negociaciones que Estados Unidos intenta sostener con Irán para estabilizar la región estuvieron a punto de fracasar tras las amenazas israelíes contra Beirut.
Fuentes: Reuters, El País, Le Monde





