
Majamama
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Casi nada sabía del significado de majamama, aunque lo sospechaba. Leí la palabreja en una novela del escritor Nicomedes Guzmán y no le di importancia. Hay vocablos que creemos conocer, aunque las olvidamos. Escuchaba o leí la expresión y la asociaba a un guiso donde se agrega de todo. Zapallo, perejil, papa, choclo, poroto verde, cilantro, pollo y un cuanto hay. Quizá, la palabra comentada es pariente de la cazuela a la chilena y de ahí, su creciente interés en la gastronomía criolla. Hace unos días, el presidente de Chile, invitó a almorzar al palacio de Gobierno a 70 ex compañeros de universidad. Les ofreció una comida insípida, de dudosa procedencia, pudiendo haber recurrido a nuestra rica tradición culinaria. Al principio se ideó almorzar en una de las tantas cocinerías de la Vega Central. Donde doña Chelita Padilla, por ejemplo, oriunda de Requínoa, que ofrece empanadas caldúas y mote con huesillo. La idea apuntaba a encantar a los borregos que votan por la oligarquía, aunque al final se desestimó. Nada de darse gustos de populistas, aunque a vece conviene.
Claro. Como usted es una persona culta y perspicaz, sobre todo en esta época, donde día a día nos quieren pasar gato por liebre, escrito en inglés, conoce el significado de majamama. Busco en los diccionarios y ellos me dan claridad a mis sospechas. Entonces, ¿estamos de acuerdo en su significado? Negar que vivimos en una constante majamama, sería un despropósito, negarse a la obscena realidad de nuestro tiempo, aunque usted y yo, nos declaremos agnósticos y un largo etcétera. En medio de este guirigay, es aconsejable mirarse al espejo y observar si somos o no cómplices de la zafacoca en que se vive. Hasta comer se ha convertid en un intríngulis.
Apenas asumido el actual gobierno, dirigidos por los empleados de la oligarquía, muchos de ellos antiguos devotos de la dictadura, se advirtió su anhelo de servir a sus amos. Es decir, a los dueños de la riqueza, que aparecían por estas tierras, llegados desde Europa y enseguida, desde Asia. Ahora, situados en los altos peldaños de la escala social criolla, a nadie debe sorprender o poner en duda, su espíritu trepador. Se blanquearon, después de viajar a España a comprar título de nobleza. Había, e ignoro si aún existen, marqueses y condes a destajo.
En una antigua crónica publicada en El Clarín, refería la historia de un cuadro al óleo que hay en una iglesia protestante, creo que en Osorno. En la obra, homenaje a la inmigración alemana a Chile, figuraban al principio, campesinos descalzos, quienes, con sus instrumentos de labranza, regresaban al hogar, después de cumplir con su faena. De pronto, desaparecía el cuadro y al cabo de un mes retornaba, donde ahora los campesinos tienen zapatos. Adiós a los patipelados de una época de hambre y miseria solapada. Adiós a los vendedores ambulantes de los siglos pasados, que nadie perseguía y ofrecían sus productos en canastos de mimbre o bandejas de madera, que se las colgaban al cuello. Se les llamaba “falte”, pues proveían lo que faltaba en el hogar.
No se borran las tradiciones de una plumada. Ahora, nuestra niñez y juventud tiene celular e ignoran qué son las canicas, el emboque y el trompo. Apenas si conocen los volantines. Bajo nuestros pies, continúa erosionándose el piso, mientras la majamama y las polillas, nos mantienen en vilo. ¿Y hasta cuándo durará la majamama? Diez días dispone el gobierno, es decir hasta el 24 de abril, para aclarar el almuerzo de los 70 en la Moneda. ¿Qué se comió? ¿Hubo brindis de por medio? Bueno, como esta historia recién se empieza a conocer, sean otros los encargados de valorarla. Sí, se sabe, que nadie quedó con hambre.
Walter Garib





