
Kast instala la “herencia” como eje político para sostener su agenda económica
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José Antonio Kast endureció este sábado su discurso contra la administración anterior encabezada por Gabriel Boric, al calificar como un “desastre” su desempeño en áreas clave como empleo, crecimiento, salud y educación. La intervención, realizada en el consejo general de Renovación Nacional, no solo marca un punto de inflexión en el tono político del Ejecutivo, sino que cumple una función estratégica: consolidar el concepto de “herencia” como marco interpretativo de la situación actual del país.
Más allá de la retórica, el discurso se inserta en un momento específico del ciclo político. A menos de dos meses de iniciado su gobierno, Kast enfrenta el desafío de impulsar una ambiciosa agenda económica en un contexto de bajo crecimiento y alta sensibilidad social. En ese escenario, la caracterización del estado del país heredado adquiere un rol central, tanto para justificar las prioridades del Ejecutivo como para anticipar resistencias.
Un diagnóstico que combina datos y narrativa
El núcleo del mensaje presidencial se sostiene en la idea de que la administración anterior dejó condiciones adversas en variables económicas y sociales fundamentales. Desde un punto de vista técnico, algunas de estas preocupaciones tienen correlato en los indicadores recientes.
Datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) sitúan la tasa de desocupación en torno al 8%, con una evolución relativamente estable en los últimos meses. Si bien no se trata de un nivel históricamente extremo, sí refleja un mercado laboral que no logra recuperar dinamismo pleno tras la desaceleración económica de años previos. En paralelo, el crecimiento económico ha mostrado señales de debilidad: el Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec), elaborado por el Banco Central, ha registrado variaciones acotadas e incluso caídas interanuales recientes, lo que confirma un escenario de expansión limitada.
Sin embargo, el alcance del diagnóstico presidencial excede lo estrictamente técnico. La afirmación de que “no hay ninguna cifra donde puedan decir que lo hicieron bien” responde más a una construcción política que a un balance estadístico integral. En áreas como la inflación —que mostró una tendencia a la baja hacia el final del gobierno anterior— o la inversión pública, existen matices que no se reflejan en una evaluación categórica.
Función política del concepto de “herencia”
En sistemas presidenciales como el chileno, la apelación a la “herencia recibida” es un recurso frecuente en los primeros meses de gestión. Su utilidad radica en tres dimensiones. Primero, permite explicar la persistencia de problemas estructurales sin atribuirlos a decisiones recientes. Segundo, facilita la construcción de legitimidad para reformas que pueden implicar costos políticos o sociales. Tercero, establece un marco de comparación que ordena el debate público en torno a responsabilidades pasadas y expectativas futuras.
En el caso de Kast, esta estrategia se articula directamente con su agenda económica. El Ejecutivo ha impulsado una reforma orientada a incentivar la inversión y el empleo, que incluye medidas como ajustes tributarios y estímulos a la actividad empresarial. Estas iniciativas han sido cuestionadas por sectores de oposición, que advierten sobre su impacto fiscal y su potencial efecto regresivo.
En ese contexto, el énfasis en una situación heredada compleja opera como un argumento de respaldo. Si el punto de partida es descrito como crítico, las medidas correctivas —aunque controvertidas— pueden presentarse como necesarias.
Tensión con la oposición y configuración del debate
El discurso también refleja una escalada en la confrontación política. Las críticas del mandatario a la oposición, a la que acusó de “pontificar” tempranamente, sugieren un intento por deslegitimar cuestionamientos en una fase inicial del gobierno. Esta dinámica es relevante porque condiciona el espacio de negociación legislativa, especialmente en un Congreso fragmentado donde la aprobación de reformas requiere acuerdos amplios.
Desde el punto de vista institucional, Chile mantiene un sistema en el que el Ejecutivo depende significativamente del Legislativo para avanzar en su programa. Reformas tributarias, laborales o de seguridad social implican mayorías que difícilmente pueden construirse sin diálogo transversal. En ese sentido, un aumento del tono confrontacional puede fortalecer la cohesión interna del oficialismo, pero también dificultar la generación de consensos.
Alcance económico y límites del relato
En términos de política pública, el desafío central para el gobierno radica en traducir el diagnóstico en resultados concretos. La evidencia comparada muestra que las narrativas de “herencia” tienden a perder efectividad con el paso del tiempo, a medida que la ciudadanía evalúa la gestión en función de sus propios resultados.
El mercado laboral, el crecimiento y la percepción de seguridad son variables especialmente sensibles. En el caso del empleo, la capacidad de generar puestos de trabajo formales depende tanto de condiciones macroeconómicas como de factores estructurales, incluyendo productividad, inversión y regulación. Del mismo modo, el crecimiento económico está influido por variables externas —como el precio del cobre o las condiciones financieras internacionales— que limitan el margen de acción del gobierno. Ambas variables pueden empeorar en el actual escenario económico interno y global. ¿Seguirá hablando de la «herencia?
Por ello, si bien el diagnóstico presidencial encuentra sustento parcial en los datos, su eficacia política dependerá de la evolución de estos indicadores en los próximos trimestres. Una mejora en empleo o actividad podría validar la estrategia del Ejecutivo; en cambio, una persistencia del estancamiento podría debilitar el argumento de la herencia como explicación predominante.
Implicancias para el ciclo político
El discurso de Kast marca un punto de consolidación de su relato de gobierno. Al instalar una evaluación negativa de la administración anterior como punto de partida, el Ejecutivo define las coordenadas del debate político inmediato. Esta decisión tiene implicancias que van más allá del corto plazo.
Por un lado, refuerza una lógica de alternancia basada en contrastes marcados entre administraciones, lo que puede profundizar la polarización. Por otro, establece expectativas claras sobre el rumbo de la política económica, orientada a la reactivación mediante incentivos al sector privado.
En última instancia, el alcance de este enfoque dependerá de su capacidad para sostenerse frente a la evidencia. En un contexto de alta demanda social y restricciones económicas, la combinación entre narrativa política y resultados tangibles será determinante para la estabilidad y proyección del gobierno.
Simón del Valle





