
Algo no cuadra: cuando el chorreo es hacia arriba
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Los números de las encuestas no le cuadran al gobierno ultraderechista de José Antonio Kast. Ni le cuadra la caja. Ni le cuadra la moral ni lo que se supone es un comportamiento acorde a los rezos que miente día por medio ante el sagrario de La Moneda. Ni le van a cuadrar nunca sus principios contrarios a la gente, sobre todo a la más humilde, porque su composición de ser humano está carcomida con las ideas que han matado por convicción y doctrina, por hambre y por bala en todo el mundo, a millones. Y no le va a cuadrar su torpeza de apariencia genética cuando deba utilizar el único recurso en el que confían sujetos como este cuando venga el reventón: la violencia.
Las soluciones que buscan para enfrentar cuestiones endémicas e insoslayables de un orden en el que la explotación, el abuso, la mentira y la violencia, que son partes consustanciales de su estructura ideológica, no existen en este dominio. Que aumente la cesantía, por decir algo, es un resultado calculado para mantener la disciplina necesaria mediante el temor de quedar sin trabajo.
Con cierto tono de escándalo, los medios de comunicación hablan de las cifras de desempleo como si esa alza fuera algo novedoso y no la medida en números de determinaciones ideológicas que impactan a la gente que vive de un salario. En esas cifras es más lo que se esconde que lo que se deja ver.
Si usted le agrega lo que su vocería dice elegantemente como empleo informal, y que no es otra cosa que lo que se ve en las eternas colas de las ferias, en el comercio ambulante, en las esquinas de las calles, en el pololito eventual y en los miles de aplicaciones de transporte de pasajeros, verá la falsía de eso que ya se dice con tono de drama.
En breve: la gente gana mejor en ese tipo de trabajos que contratados por una miseria
Esa cesantía, tal como la deserción escolar, el abandono de extensas poblaciones sumidas en la delincuencia y la pobreza, entre otras lacras, son inseparables de una concepción de sociedad situada en un cuerpo de ideas que magnifican al poderoso y desprecian al que tuvo la mala suerte digitada desde las alturas, de ser pobre.
El pobre es pobre porque quiere.
Y esa máxima se repite en todos los países que han sido fagocitados por el neoliberalismo, ese mismo que hoy está en una crisis de incalculables proyecciones.
Cuántas veces habremos escuchado que la gran panacea del crecimiento, rezo inseparable de la economía depredadora y criminal que domina en occidente, llegará caída del cielo para resolver todos los problemas que aquejan el día a día y el año a año de la gente empobrecida que financia a la gente enriquecida.
Ese moderno cuento del lobo, el crecimiento económico que será capaz de chorrear riqueza hasta alcanzar a los más pobres, es una de las falsedades más crueles y que han querido instalar como una verdad indesmentible sus autores.
Crecimiento es una medida que nos informa cuánto ganan los ricos y cómo habrán de retirar esa riqueza como ganancias a pesar de que la teoría y los discursos dicen que sería reinversión para generar el chorreo aquel.
Eso no se ha visto jamás.
De la prensa de hoy, esta perla: “Un informe anual de la consultora Allianz, el “Global Wealth Report 2025”, puso a Chile a la cabeza de la región en términos de riqueza financiera neta por habitante, superando ampliamente a países vecinos como México, Brasil y Colombia (biobiochile.cl).
¿Le cuadra a usted algo todo esto? En Chile se chorrea hacia arriba.
Ricardo Candia Cares





