Columnistas Gastronomía y Turismo

La píldora milagrosa del enoturismo en medio del día del vino chileno

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El Profesor Chiflado (“The Nutty profesor”) es un filme de 1996 que narra las desventuras de un científico. Interpretada por Eddie Murphy, nos presenta una metáfora sobre perderse a uno mismo por agradar. La historia va de crear una solución milagrosa a su obesidad que lo hace perder el control de su cuerpo y mente. Aflora su Alter Ego, Duddy Love, guiado por su arrogancia y egocentrismo completamente opuestos al brillante, amable e inseguro profesor. ¿Dónde el Vino y el enoturismo cortan aquí? El enoturismo se presenta como esa fórmula mágica para navegar la crisis de bajas ventas y consumo. El enoturismo es a veces por algunos considerado mas importante que el vino en la confusión. El enoturismo es un complemento del vino, o es otro ser. Eso intenta hablar este texto en el marco de la celebración de vino chileno en el mes de Fiestas Patrias, donde el vino es parte central de la chilenidad celebrada durante todo Septiembre.

La industria varias veces tomó esa pócima en busca del milagro, perdiéndose. Ejemplo de esto, es posible encontrar en columnas de opinión de Marcelo Solá, sommelier y columnista chileno radicado en Argentina, quien critica arduamente la pérdida de sustancia, aromas frutales y uso de madera en vinos por búsqueda de la aprobación de críticos hacia vinos minerales o austeros. Igualmente, critica cómo esta búsqueda de agradar a la crítica le da la espalda a los consumidores de a pie, quienes realmente financian y hacen prosperar el negocio. ¿Y el enoturismo? Aquí tenemos casos como, por ejemplo, pensar en subir el dulzor de vinos dado la recomendación de las visitas, bajar el grado alcohólico según una opinión y tener calicatas abiertas todo el año para la foto con el martillo de sedimentología. Mientras nos regodeamos con el relato común de hacer el vino desde la viña, cada día más abandonadas están esas parras. Las mismas parras que aseguramos tener ahí dando uva hace más de 200 años sin parar, sin base alguna. Las mismas plantas generosas como el profesor se pierden entre tanta historia para entretener al turista.

Sin duda el enoturismo viene a salvar una venta alicaída y reutiliza la infraestructura de las bodegas para recibir visitas, da trabajo local, permite trabajo de hotelería, tours, operadores y un largo etc. El crecimiento explosivo de la experiencia directa de las viñas es fantástico. La última década dejó un crecimiento de 133%, pasando de 94 a 219 ofertas enoturisticas a lo largo de Chile. De éstas, un tercio tienen menos de 5 años, por ende es joven, dinámico y en plena expansión.  La compra es a precio de venta final por lo cual el margen es mayor, pero el gasto también por el personal involucrado. Esta alternativa en auge tiene un ímpetu importante, casi como el señor Love. En su arrogancia, se imaginan al enoturismo sobre el vino como industria con derecho propio, según pregonan algunos en simposios de turismo, experiencia y vino en el Sur.

Si un productor elabora 10.000 botellas al año (esto puede salir de solo una hectárea), debe recibir 480 visitantes al mes, pensando en la compra de 2,5 botellas por turista, con una tasa de conversión de visita a venta del 70%. Como lo vemos es ambicioso, recalcar que los 480 es por mes al año, por ende la temporada baja no debe existir y el cálculo está hecho con los promedios disponibles según estadísticas. Una viña media en Chile tiene 10 a 50 hectáreas, es decir entre doscientas mil y medio millón de botellas (asumo rendimientos bajos de las viñas). Se debe tener en cuenta la temporada baja inevitable del turismo y en concreto lo estacional del viñedo. Sin embargo este turismo puede  derivar en eventos de gran escala como matrimonios. Los matrimonios permiten cobrar por el lugar, vender vinos durante el evento, dar a conocer el lugar y, sobre todo, agregar una entrada de dinero al sistema de negocios por la infraestructura presente usada en el turismo. Un ejemplo de ellos es la Viña Santa Berta en San Nicolás, región de Ñuble, donde su director técnico Pablo Herrera (no el cantante) fue parte de una convención de destinos románticos con su viñedo que además tiene piezas de arte únicas en Chile.




Retomando a Pablo Herrera (no el cantante), ir por el turismo como eje es un animal distinto, tener una producción y visitas son cosas muy diferentes. Primero, la idea sobre exprimida de la experiencia como eje articulador de la oferta deja muchas dudas o problemas. ¿Es parte de la experiencia pasar frío en la bodega? Es necesario tener copas de buena calidad para servir vinos. ¿La comida debe ser típica o internacional? ¿Cómo comunicamos la identidad propia sin volvernos internacionales en el proceso? Realmente el margen dejado en venta directa es fantástico, el pago directo o inmediato es importante, seguro. La inversión de una sala de venta es importante sobre todo pensando en retener o agasajar al visitante. Mi duda es ¿el campo es cómodo? Quizás el turismo debe entrar con cuidado y mesura a un mundo fuertemente rural como los vinos en la zona Sur.

Finalmente, recordar como una y otra vez aparecen soluciones milagrosas, fórmulas mágicas para sortear la crisis. Tenemos visitas para conocer otros modelos, pero ¿cuándo surgirá una oferta real de territorio en el vino? Es normal tener maridajes con platos franceses en estas visitas. Personalmente, me gustaría encontrar mas sopaipillas con pebre que queso Camembert al son del Jazz. Deseo cerrar con el hecho de las estadísticas de Alsacia, un destino poco conocido en el límite de Francia con Alemania, quienes históricamente destacan por su enoturismo y venta directa dado que están en la ruta de verano de los países del norte cuando van al Mediterráneo. Estos viñedos, siendo históricamente de venta directa alta, solo llegan a un 23% (la media en Francia es 10%) de su producción dentro del efecto venta en bodega. Es necesario repensar el enoturismo como una herramienta más y no como la solución. Es importante no perderse en la confusión con declaraciones como “el enoturismo es más importante que el vino”. Si no pensamos esto, llegaremos a los momentos sin salida muy propios de nuestro país con la idea de poner todo el esfuerzo en un tema. Es tan necesario pensar este problema que tenemos seminarios de vinos sin viñateros, con gerentes hablándole a los productores familiares y nos parece algo natural dado los organizadores completamente fuera del mundo del vino en este apéndice nuevo.

Al cierre quiero expresar mi opinión sin rodeos que el enoturismo es un nuevo movimiento nacido del vino que nos permite mostrar otras facetas del mundo rural. Es, sin duda, un nuevo foco para ventas del vino, una bocanada de aire fresco en una industria alicaída. Sin dejar eso de lado, no seamos ese alter ego Love soberbio, arrogante y egocéntrico dejando de lado la tradición agrícola del vino. No seamos necios al olvidar la historia de viñedos y vendimias que celebra este 4 de septiembre desde podar a vendimiar por el auge de las visitas a las bodegas. No olvides la evolución conjunta culinaria de la cazuela o la paila marina a sus cepas criollas. Solo espero como participante del vino en el sur no perdernos en la confusión de la crisis olvidando lo que celebramos este día del vino chileno.

Sebastián Fuentes Germany
Geólogo – Enólogo

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