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Milei ante Foro Madrid: la izquierda como “encarnación del mal” y la batalla cultural como programa

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Mientras buena parte de la cobertura del encuentro celebrado este jueves en Santiago se concentró en la bilateral entre José Antonio Kast y Javier Milei y la controversia por el Estrecho de Magallanes, dentro de Casa Piedra se desarrolló una reunión de fuerte contenido ideológico. Milei reivindicó el derrocamiento de Salvador Allende, describió a la izquierda como un “cáncer”, llamó a construir una organización internacional de las derechas y presentó la disputa política como una batalla entre “el Bien y el Mal”. Kast cerró la jornada con un tono más presidencial, pero advirtió a su sector que si el Gobierno fracasa “la izquierda podría volver”.

El V Encuentro Regional de Foro Madrid celebrado este jueves en Santiago dejó una imagen política bastante más significativa que la reunión bilateral que unas horas después mantuvieron los presidentes José Antonio Kast y Javier Milei en La Moneda.

Dentro del centro de eventos de San Carlos de Apoquindo se desarrolló durante todo el día una reunión de dirigentes políticos, fundaciones, intelectuales y organizaciones conservadoras procedentes de América Latina, Estados Unidos y Europa cuyo objetivo fue formulado sin demasiados rodeos: construir una articulación internacional capaz de disputar a la izquierda no solamente los gobiernos, sino también la cultura, las universidades, los medios de comunicación y las instituciones.

El presidente argentino Javier Milei fue quien expresó esa idea con mayor crudeza.




Su discurso, que abrió la jornada, fue bastante más allá de la habitual defensa del liberalismo económico. Presentó el conflicto político contemporáneo como una confrontación de carácter prácticamente existencial y llamó explícitamente a organizar una internacional de las derechas.

Chile ocupó un lugar central en esa interpretación.

Milei reivindica el Chile posterior al golpe

“Chile es un lugar emblemático”, comenzó diciendo Milei.

La razón que entregó inmediatamente después provocaría durante el día una fuerte reacción política.

El mandatario argentino sostuvo que después del “derrocamiento del comunista Allende” Chile entró en un período de estabilidad y crecimiento que habría durado más de cuatro décadas.

La formulación no fue accidental.

Milei utilizó la historia reciente chilena para desarrollar una tesis central de su discurso: las ideas económicas de la derecha habrían triunfado en la práctica, pero la derecha perdió posteriormente la llamada “batalla cultural”.

Según el mandatario argentino, mientras el modelo económico chileno producía prosperidad, la izquierda fue ocupando espacios en universidades, medios de comunicación e instituciones hasta convencer a la sociedad de que el sistema debía ser reemplazado.

Desde esa perspectiva interpretó también el estallido social de octubre de 2019.

Milei lo describió como una “ola de violencia izquierdista” y sostuvo que fue consecuencia de años durante los cuales la izquierda habría logrado construir legitimidad cultural para cuestionar el modelo chileno.

Su conclusión fue que las fuerzas conservadoras cometieron el error de abandonar precisamente el terreno de las ideas.

Ahora, sostuvo, eso estaría cambiando.

“Chile ha vuelto a apostar por las ideas de la libertad”, afirmó, vinculando directamente ese giro con la elección de José Antonio Kast.

De la competencia democrática a la batalla entre el Bien y el Mal

Pero el discurso avanzó bastante más lejos.

Milei caracterizó a la izquierda latinoamericana como una estructura internacional organizada desde la época de las guerrillas y posteriormente rearticulada mediante el Foro de São Paulo.

Según su interpretación, esa izquierda abandonó progresivamente la lucha armada para conquistar el poder mediante mecanismos democráticos, pero mantuvo el mismo propósito político.

La acusó de infiltrarse en instituciones, utilizar medios de comunicación, generar desestabilización y recurrir a distintas formas de presión para recuperar el poder.

Frente a ello, propuso una respuesta simétrica.

“Si ellos tuvieron su Internacional Socialista, nosotros tenemos que profundizar nuestros lazos de amistad en nuestra propia red internacional”, afirmó.

Ese pasaje permite entender bastante mejor la función que Milei atribuye a Foro Madrid.

No lo concibe simplemente como un lugar donde políticos ideológicamente próximos intercambian experiencias.

Lo concibe como una estructura internacional destinada a enfrentar otra estructura internacional.

La formulación culminó hacia el final de su intervención cuando definió el conflicto político global como una batalla entre “el Bien y el Mal”.

En el primero situó la vida, la libertad, la propiedad y los valores de Occidente.

En el segundo ubicó a “la izquierda radical y el terrorismo”.

No dejó demasiado espacio para posiciones intermedias: quien permanezca al margen de esa confrontación, sostuvo, termina favoreciendo al adversario.

“Quitar el cáncer de la izquierda”

Probablemente una de las frases políticamente más significativas de la jornada apareció cuando Milei explicó qué deberían hacer los gobiernos integrantes de esta futura alianza.

Cada país, dijo, debe contribuir a la batalla global “quitando el cáncer de la izquierda de sus propias instituciones”.

La expresión adquiere particular relevancia a la luz de la discusión que se desarrolló durante los días anteriores al Foro Madrid.

Carlos Peña había advertido precisamente que uno de los problemas de la Carta de Madrid consiste en extender la batalla política hacia instituciones, medios de comunicación, universidades y sociedad civil.

Arturo Fontaine, por su parte, había planteado que la participación del Presidente Kast en esta red internacional reforzaba las interrogantes acerca del carácter iliberal de su gobierno.

El discurso pronunciado este jueves por Milei parece confirmar que aquella extensión de la disputa política hacia las instituciones no constituye una interpretación externa de los críticos del Foro.

Forma parte explícita de su estrategia.

Un escenario de “patriotas” y “globalistas”

El resto de la jornada reforzó esa orientación.

El programa oficial incluyó paneles titulados “Bloque de libertad: las victorias de las fuerzas patriotas iberoamericanas”, “Desregulación, soberanía y prosperidad vs. socialismo empobrecedor y globalismo regulatorio”, “El nuevo papel de Estados Unidos en Iberoamérica” y “La defensa de Occidente: una alianza civilizacional”.

Participaron representantes de Vox y Fundación Disenso, Heritage Foundation, Hudson Institute, Fidesz de Hungría y distintas organizaciones conservadoras latinoamericanas.

También hubo una importante presencia chilena.

El ministro de Seguridad, Martín Arrau, participó del panel sobre crimen transnacional y terrorismo. Francisco Orrego, Ricardo Neumann, Benjamín Moreno, Cristián Araya y Juan Antonio Urzúa intervinieron en el panel dedicado al supuesto “punto de inflexión chileno”.

Fernando Claro, director ejecutivo de la Fundación para el Progreso, participó en la discusión económica.

Y el embajador estadounidense Brandon Judd intervino en el panel sobre el nuevo papel de Estados Unidos en Iberoamérica.

La participación de autoridades gubernamentales chilenas y estadounidenses terminó dando al encuentro una dimensión que excedió ampliamente una reunión privada entre partidos afines.

Kast escogió otro lenguaje

La diferencia entre el discurso de Milei y el que José Antonio Kast pronunció al cerrar el encuentro fue notoria.

Y probablemente deliberada.

La Moneda había anticipado que el Presidente no improvisaría y que buscaría mantener un “tono republicano”, después de las críticas que su participación generó incluso dentro de RN y Evópoli.

También hubo un cambio de programa de última hora.

Originalmente Kast debía abrir la reunión. Finalmente esa tarea quedó en manos de Milei y el Presidente chileno pasó a pronunciar el discurso de clausura, cerca de las 18 horas.

Cuando Kast apareció en el escenario fue recibido con aplausos y parte de los asistentes se puso de pie.

Comenzó saludando a Santiago Abascal, líder de Vox y principal impulsor político de Foro Madrid, quien finalmente no pudo viajar a Chile.

Pero después tomó distancia del lenguaje empleado durante la mañana por Milei.

“Los chilenos a mí no me eligieron para derrotar a la izquierda”, afirmó.

Según Kast, lo eligieron para enfrentar el crimen organizado, la pobreza, la corrupción y el desempleo.

La frase resulta especialmente interesante después de escuchar durante toda la jornada una caracterización de la política como batalla internacional contra la izquierda.

El Presidente chileno pareció establecer una diferencia entre ganar una disputa ideológica y gobernar.

Pero “la izquierda podría volver”

Esa moderación tuvo, sin embargo, un límite.

Kast advirtió a los asistentes que el éxito electoral de las nuevas derechas no garantiza su permanencia en el poder.

“Si no hacemos las cosas como corresponde, nos van a pasar la cuenta, y la izquierda podría volver”, señaló.

Su mensaje estuvo dirigido fundamentalmente a su propio sector.

La derecha, sostuvo, puede fracasar si entiende el poder como un objetivo en sí mismo, si se acomoda en los cargos o si pierde de vista las razones por las cuales fue elegida.

“No llegamos aquí para tener más poder”, dijo.

Kast presentó además a Chile como un país que habría recuperado confianza internacional y sostuvo que puede volver a convertirse en líder regional.

La diferencia con Milei fue fundamentalmente de lenguaje y énfasis.

Mientras el argentino describió una guerra cultural global entre campos antagónicos, Kast centró su intervención en demostrar que la derecha puede gobernar con resultados.

Uno habló de conquistar instituciones.

El otro, de evitar que el fracaso del Gobierno permita el retorno de la izquierda.

Pero ambos discursos convergieron en una misma constatación: el triunfo electoral es solamente una etapa de una disputa política mucho más prolongada.

Una reunión bastante más importante que una bilateral

Mientras esto ocurría en San Carlos de Apoquindo, buena parte de la atención pública se desplazó hacia La Moneda.

Allí Kast y Milei sostuvieron durante aproximadamente 35 minutos una reunión bilateral en la que abordaron el Estrecho de Magallanes, seguridad, energía, minería, cooperación antártica y la solicitud chilena de extradición de Galvarino Apablaza.

Son asuntos relevantes para las relaciones entre Chile y Argentina.

Pero reducir la jornada a esa bilateral significa perder probablemente su dimensión política más importante.

Foro Madrid reunió durante todo un día a dirigentes políticos, ministros, diplomáticos, parlamentarios y centros de pensamiento de más de veinte países alrededor de una tesis común: la derecha debe organizarse internacionalmente para disputar a la izquierda gobiernos, instituciones y hegemonía cultural.

Milei lo dijo sin eufemismos.

El desafío, sostuvo, es organizar una red internacional propia y combatir una batalla que considera global.

La retórica utilizada —“cáncer”, “Bien y Mal”, instituciones “colonizadas”, enemigos internos y externos— se encuentra bastante lejos de la competencia entre adversarios legítimos que caracteriza idealmente a una democracia liberal.

Precisamente esa era la advertencia que Carlos Peña había formulado antes de comenzar el encuentro.

Ahora ya no es necesario deducirla solamente de la Carta de Madrid.

Fue pronunciada desde el escenario de Santiago.

La respuesta en otro Santiago

Mientras Kast pronunciaba su discurso en San Carlos de Apoquindo, en el centro de Santiago se desarrollaba “Democracia Siempre”, convocado por los partidos de oposición como respuesta política al Foro Madrid.

Más de 150 dirigentes, intelectuales y representantes sociales participaron en el encuentro del Hotel Fundador.

Durante la jornada hubo además manifestaciones estudiantiles contra Foro Madrid que terminaron con intervención de Carabineros.

Pero la reacción más inmediata estuvo provocada por las palabras de Milei sobre Salvador Allende.

Maya Fernández, nieta del expresidente, calificó sus declaraciones como graves y sostuvo que reivindicar el golpe de Estado normaliza la ruptura democrática y desconoce sus consecuencias.

Otros parlamentarios opositores acusaron al mandatario argentino de faltar el respeto a la historia chilena y reclamaron una respuesta del Gobierno.

El contraste terminó siendo casi perfecto.

En un extremo de Santiago, Foro Madrid hablaba de una batalla civilizacional para derrotar internacionalmente a la izquierda.

En otro, la oposición respondía bajo la consigna “Democracia Siempre”.

Y en medio estaba José Antonio Kast.

No habló como Milei.

Pero tampoco estaba allí simplemente como observador.

Cerró el encuentro como Presidente de Chile y como uno de los dirigentes que durante años contribuyó a construir la red política que este jueves, desde Santiago, declaró abiertamente que quiere convertirse en una fuerza internacional organizada.

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