
Hausman y la economía chilena
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Me dio mucho gusto ver la entrevista que hizo Daniel Matamala en su prestigioso programa “ Lo que importa”, al economista Ricardo Hausmann, quien fuera mi profesor de microeconomía, en el Centro de Estudios del Desarrollo, en Venezuela, allá por los años 80, cuando cursé el magister en planificación de política científica y tecnológica y luego el doctorado en “Ciencias del desarrollo económico”.
Brillante economista, ha recorrido varios cargos en los organismos mundiales y hoy está radicado en la Universidad de Harvard, dirigiendo un programa sobre estrategias de complejización económica, es decir del cambio tecnológico y su incorporación a la estrategia de desarrollo de los países.
Este programa, que Matamala tituló “Un país demasiado simple”, viene a reflejar cuáles son los problemas reales del estancamiento de nuestra economía. Lo más triste del caso está en que los postulados del gobierno actual ignoran totalmente las fórmulas recomendadas para densificar las economías que se encuentran a medio camino, sin dar con la receta de salida de la trampa pasiva y RESIGNADA de su arsenal ideológico y técnico.
Las capacidades científicas son muy bajas si nos comparamos con un país que hace no mucho era similar al nuestro, como Corea del Sur. El desarrollo industrial nuestro, fuera del minero, es prácticamente inexistente, para qué hablar de nuestra capacidad competitiva industrial. Tenemos 14 veces menos investigadores per cápita por cada 100 mil habitantes que Corea del Sur y eso se traduce que patentamos regresivamente a como lo hacen esos países de desarrollo reciente.
Somos, en definitiva, una economía primaria, de pico y pala en minería y de peras, uvas y manzanas en el agro.
Los ensayos de desarrollo tecnológico corrientes arriba en el sector minero, que eran muy prometedores y beneficiosos para las empresas nacionales mineras (incluso se estaba en capacidad de exportar tecnología de herramientas mecatrónicas inventadas y desarrolladas en Chile, fueron neutralizadas en los gobiernos de Piñera 1 y 2), como fueron los desarrollos tecnológicos del IM2 y de la tecnologías de Biolixiviación.
Los desarrollos en nanotecnología del cobre, desarrolladas en la Universidad de Chile, ha sido ignorada en su potencialidad de desarrollo a nivel mundial, que pudo alcanzarse si Chile hubiese tenido la voluntad de respaldarla. Esta tecnología abarca industrialización en salud, servicios de transportes, textiles, química y pinturas, muebles de hogar y centros de salud, etc.
Pero los dejamos vegetar, poseyendo el Know how y todas las ventajas comparativas como para llegar a constituir grandes empresas exportadoras.
Pero, escogemos es FACILISMO de “ dejar hacer y dejar pasar”.
Según Hausmann, ese inmovilismo invariante y simplón es el que nos mantiene atascados.
Nuestras empresas son captadoras de renta de un mercado excesivamente oligopólico, sin incorporar valor agregado y sin ningún logro en incorporación de investigación y desarrollo internamente.
Lo poco que luce Chile en materia de investigación y desarrollo proviene de las universidades publicas en un 80% y las privadas en un 20%. El otro aportante en IyD son las más grandes empresas estatales Codelco y Enap.
La enajenación del Estado en las estrategias del desarrollo, impulsada por la corriente neoliberal, dominante desde hace 50 años, ha restado la importante contribución del sector público en esa fórmula exitosa universalmente, cuál es la simbiosis entre sector público y privado para las estrategias de largo y mediano plazo. Como tampoco se consideró las alianzas virtuosas para el desarrollo entre el sector conocimiento y el sector productivo.
Eso es lo que viene marcando la causalidad mayor de nuestra falta de “crecimiento” , que en realidad es carencias de estrategias modernas de desarrollo, atingentes a la era del conocimiento y la creatividad competitiva.
La estrategia NEOLIBERAL, seguida por casi toda América Latina, ha constituido la fórmula equivocada y antagónica al desarrollo. Esto lo expliqué hace casi 30 años en mi libro “La América Seducida; América Latina un desarrollo ilusorio”. En ese libro contrastaba las estrategias de los países asiáticos con las de América Latina. No podía menos que concluir que la nuestra había sido la equivocada y la asiática fue la visionaria, como lo demuestran todas las cifras de competitividad país.
Hausmann, que por segunda vez lo invitan los empresarios a intervenir en sus encuentros, insiste nuevamente en reiterar su diagnóstico crudamente realista sobre el caso chileno.
La vez anterior, hace como 10 años, les espetó que los chilenos, a pesar de ser un país esencialmente minero, de “política minera” no tenían mucha idea.
Eso le valió la furia de quienes dirigían el encuentro, por lo que pasó más de una década que no lo volvieron a invitar.
Ahora, cuando al gran empresariado se lo comen las dudas y la sospecha de que esta restauración del chicaguismo, que intenta el presidente Kast y su ministro de Hacienda, no tiene mucho asidero, buscan consejos de expertos internacionales que le instruyan con su expertise, aunque se lo expresen en lenguaje demasiado rudo, para los hipersensibles oídos de una casta acostumbrada al halago.
Ojalá tengan oídos para escuchar, pues no hay peor sordo que el que no quiere oír.
Hugo Latorre Fuenzalida





